viernes, 24 de julio de 2026

1237. COSAS DE VIEJO: DE LOS INCENDIOS Y EL SENTIDO COMÚN

La oleada de grandes incendios que está arrasando España, además de preocupación por el inmenso peligro que suponen para vidas y haciendas, ha llenado mis oídos y mis pensamientos con las campanadas rápidas y continuadas que, en mi niñez y primera juventud, desde lo alto de la Iglesia del Rosario,  convocaban a todo el mundo, con urgencia, para apagar los incendios que, ¡inexorablemente!, todos los veranos se producían en las tierras resecas de los pueblos de nuestra entonces pobre de solemnidad España.  Y, ¡qué cosas!, sin otra ayuda, ¡no existía!, que el esfuerzo de las gentes del lugar, los incendios, dejando siempre alguna desgracia, se apagaban.

Pero, cuando vuelvo al presente, a pensar en que ahora, en estos momentos, la terrible intensidad y extensión del fuego está siendo de muy difícil solución y acarreará pérdidas económicas brutales, ¡esperemos que no haya muertos!, no puedo evitar sentir sublevado el ánimo pensando en que una parte muy importante de lo que nos está pasando es fruto de la pérdida de eso que se llamaba sentido común en nuestra sociedad.

Con los incendios está pasando más o menos lo mismo que lo que pasó hace bien poco con la Dana en Valencia: todos, ¡sí, todos!, sabemos que hay que hacer presas, no construir en torrenteras, limpiar los ríos y los campos, hacer cortafuegos, etc. Y todos sabemos que, aunque quienes saben lo dicen a gritos, ¡sobre todo los ingenieros y las gentes del campo!, los políticos no hacen nada, incluso, ¡escuchando a ecologistas fanáticos y peligrosos!, ¡ah el cambio climático!, toman medidas para asegurar que cuando llega el agua o el fuego, las desgracias sean mayores.

Y me pregunto, ¿no deberían ser estos incendios una llamada efectiva a los políticos para que retornen al sentido común, se dejen de tonterías y hagan lo que todos sabemos que hay que hacer para evitar o, al menos, atenuar tantas desgracias?