De entre las muchas
noticias que, con motivo del 50 aniversario de la muerte del anterior Jefe del
Estado y a subida al trono del Reino de España de don Juan Carlos, han
aparecido en los medios de comunicación, hay una, al parecer un ¡gran éxito! de
la democracia, que me ha espantado: la despenalización primero, luego el apoyo,
más tarde la normalización y ahora la banalización, del aborto provocado de
millones de niños antes de nacer.
Espantado ante
la idea de que la entronización del aborto provocado sea considerada como un
gran avance, un gran progreso de la sociedad española he indagado sobre la magnitud del hecho, y sí, las cifran reflejan
todo un éxito para quienes lo celebran y un inmensa vergüenza para quienes lo
hemos consentido: el año pasado, 2024, de los 428.206 niños que fueron
concebidos en España, nacieron 322.034, el resto, casi la cuarta parte, 106.172
fueron asesinados y murieron, ¡indefensos!
antes de nacer; y, por si estos no son “muchos”, en este siglo, entre el año
2000 y 2024, los niños asesinados han sido 2.419.045, muchísimos más.
Y, acaso debería
escribir muchas páginas sobre el horror que, para los niños muertos, para sus
madres y para toda la sociedad es el aborto provocado y la necesidad de ¡hacer
lo que haya que hacer!, para impedirlo, pero hoy no puedo hacerlo, estoy tan horrorizado
que solo puedo esconderme y, avergonzado de mi mismo, rezar.
Nota: la
imagen que ilustra esta entrada está tomada de la vanguardia, en Internet

