lunes, 24 de noviembre de 2025

1216. COSAS DE VIEJO: DEL ABORTO PROVOCADO


De entre las muchas noticias que, con motivo del 50 aniversario de la muerte del anterior Jefe del Estado y a subida al trono del Reino de España de don Juan Carlos, han aparecido en los medios de comunicación, hay una, al parecer un ¡gran éxito! de la democracia, que me ha espantado: la despenalización primero, luego el apoyo, más tarde la normalización y ahora la banalización, del aborto provocado de millones de niños antes de nacer.

Espantado ante la idea de que la entronización del aborto provocado sea considerada como un gran avance, un gran progreso de la sociedad española he indagado sobre  la magnitud del hecho, y sí, las cifran reflejan todo un éxito para quienes lo celebran y un inmensa vergüenza para quienes lo hemos consentido: el año pasado, 2024, de los 428.206 niños que fueron concebidos en España, nacieron 322.034, el resto, casi la cuarta parte, 106.172  fueron asesinados y murieron, ¡indefensos! antes de nacer; y, por si estos no son “muchos”, en este siglo, entre el año 2000 y 2024, los niños asesinados han sido 2.419.045, muchísimos más.

Y, acaso debería escribir muchas páginas sobre el horror que, para los niños muertos, para sus madres y para toda la sociedad es el aborto provocado y la necesidad de ¡hacer lo que haya que hacer!, para impedirlo, pero hoy no puedo hacerlo, estoy tan horrorizado que solo puedo esconderme y, avergonzado de mi mismo, rezar.

 


Nota: la imagen que ilustra esta entrada está tomada de la vanguardia, en Internet

domingo, 16 de noviembre de 2025

1215. COSAS DE VIEJO: DE LA FE, EL AMOR, LA GENEROSIDAD Y LA ALEGRÍA

 

Ayer, 15 de noviembre de 2025, a las seis y media de la tarde, en Madrid, en la Capilla del Santísimo de la Parroquia de San Francisco de Borja, Leticia e Ignacio celebraron su matrimonio;  y lo hicieron ante las miradas, atentísimas, de sus familias, mexicana y española, y de sus amigos más queridos.

Y, con profunda emoción, escribo  estas líneas porque la ceremonia en apariencia normal:  engalanados los novios, afectuosos los tres sacerdotes, la liturgia tradicional, la muy sugerente  homilía, el intercambio de anillos, las arras y la bendición final; fue, además, la demostración, maravillosa, de cómo el poder de la Fe, la fuerza del Amor y la generosidad del alma superan los obstáculos más difíciles y regalan  a quienes los vencen mares inmensos de alegría y felicidad.

Ignacio, un médico eminente, ahora con 85 años, tuvo un matrimonio feliz que le ha dejado  buenas hijas y varios nietos, en ningún momento desde que murió su mujer hasta que hace un año apareció Leticia, paso por su mente la idea de tener un nuevo amor. Ah, Ignacio es español y vive en Majadahonda una ciudad de la Comunidad Madrid, en el centro de España.

Leticia, también es médico, ¡y muy buena!, tuvo también un matrimonio feliz que le ha dejado hijos y una preciosa nieta, tampoco, en ningún momento, desde que murió su marido, hasta hace un año, cuando apareció Ignacio, pasó por su mente tener un nuevo amor. Ah, Leticia es mexicana y vive en Reynosa una ciudad fronteriza del estado de Tamaulinas al noreste de México.

Más tarde, cuando en la recepción he visto a Leticia y a Ignacio recorrer incansables una tras otra todas las mesas para saludar y agradecer a los invitados su presencia en la celebración, al igual que antes, en la Capilla del Santísimo, mi alma se ha llenado de emoción: ¡es casi osadía el  valor de esta mujer!

Ella, con la vida hecha y un futuro tranquilo, acomodada en la hacendosa rutina que regala un pasado de esfuerzo y buen hacer, de pronto, ¡sorprendida!, sintió el principio de un nuevo amor, y porque tiene confianza, Fe, lo dejó crecer, ¡y ya no era un sueño!, era su mayor anhelo, y se arriesgó, ¡es tan generosa!, lo arriesgó todo. E Ignacio muy pronto sintió lo mismo, y, ¡es misterioso!,  olvidada  la vejez de su cuerpo, entregó a Leticia su alma rejuvenecida, ¡cuánta alegría!

Sí, me digo emocionado, ahora, parece normal, ¡tan sencillo!, ver pasear entre las mesas, bajo la mirada feliz de sus familias, a Ignacio y a Leticia… Pero no, llegar a esto ha sido un milagro, un inmenso e infrecuente regalo que el Cielo ha otorgado, como premio a su Fe, a su  Amor y a su generosidad  a Leticia e Ignacio.

Dios guarde a Leticia y a Ignacio, con sus preciosas familias, en México y en España, por muy largo tiempo en la alegría feliz del amor que hoy, en la Capilla del Santísimo, el Señor ha bendecido.



sábado, 8 de noviembre de 2025

1215. COSAS DE VIEJO: DE LA VERDAD Y DE LA MENTIRA

Cuando éramos niños, a mediados del siglo XX, nuestros padres y maestros antes de enseñarnos Los Diez Mandamientos se aseguraban de que hubiéramos aprendido otro previo: decir la verdad y no mentir.

Es evidente, que esto lo hacían porque el niño, el adulto, que no miente está protegido de sí mismo; por la cuenta que le tiene evita caer en otros  pecados o delitos, sabe que, porque no puede mentir, tendría que pagar por ellos.

Y claro, aunque la norma general era clara, había algunos matices que eran difíciles de explicar,  más difíciles de entender y casi imposible aplicar: el primero era ser educado, saber cerrar la boca y  callar; jamás decir cosas como yo soy muy sincero y, a continuación soltar cualquier verdad que pudiera molestar,  siempre había cosas que no se debían decir  a determinadas  personas o, en ciertos casos, ¡eran secretos!,  a nadie;  por ejemplo, a  la tía Juanita que era más fea que Picio o, a nadie, que el negocio familiar comenzó con un lupanar regido por la muy alegre alcahueta que fue nuestra dulce abuela. El segundo matiz, ¡quizá el peor!, era eso de las mentiras piadosas, pero este, aunque frecuente en la sociedad, no lo explico porque en mi familia estaban rigurosamente prohibidas y nunca he sabido usarlas,

Y claro, porque las gentes de mi generación lo aprendimos bien, tratamos de enseñar lo mismo a nuestros hijos y podemos decir que, hasta hace pocos años, ya en el Siglo XXI, una de las características de nuestra sociedad fue el dominio de la verdad sobre la mentira, la verdad era un bien  natural y la mentira un mal.

Sin embargo, en el momento actual, en todas partes, pero aquí y ahora con mayor intensidad “la gente”, y especialmente “los políticos”, todos sabemos, ellos también, que no dicen la verdad, que mienten, y que mienten tanto que  es imposible saber si alguna vez  dicen algo que sea  verdad.

Lógicamente, detrás de la mentira vienen todos los delitos y, ¡es asombroso!, a quienes cometen los más graves no les importa, acaso porque se creen a salvo, ¡son inmunes!, a la Justicia de Dios, ¡no existe!, y ¡ellos son la Justicia!,  de los hombres.

Pero, cuando toda la sociedad está contagiada por la mentira y no es posible conocer la verdad, la convivencia es imposible, para vivir todos necesitamos certezas, al menos algunas: confiar en tus padres o en tu mujer, saber que tus hijos son tuyos, que en casa  no te vas a quedar sin agua o sin luz, que vas a tener trabajo el próximo mes, que el contrato que firmaste se va a cumplir…

Sin embargo, porque soy optimista, me digo: lo que ahora sucede no es nuevo, ha pasado muchas veces en la historia y encontraremos una solución, porque, a fin de cuentas, después de la tempestad siempre vuelve la calma.

Y, para terminar, pienso que, mientras las cosas no mejoren, nosotros podemos hacer lo mismo que hacía mi abuela: para explicar que Juanita era  fea a rabiar, decía: Juanita no es muy agraciada; y si era el caso, no olvidaba añadir pero es encantadora.

sábado, 1 de noviembre de 2025

1214. COSAS DE VIEJO: DE LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS


Los ecos de  la ruidosa  fiesta pagana, ¡tan  extraña!,  en la que parece bueno hacer mofa de la muerte y de los muertos, celebrada ayer, me han hecho despertar hoy con el corazón henchido de  sentimientos encontrados de horror, nostalgia y amor.

Horror por el absurdo que es enseñar a los niños que la muerte es un juego, que no merece respeto y que en nada se relaciona con el  final sus propias vidas.

Nostalgia, porque hoy no de uno en uno, como todos los días, sino todos juntos, de golpe, me han visitado mis padres y mis abuelos, mi mujer, mis maestros y mis amigos, que están muertos, los añoro sí, pero también los siento conmigo.

Amor, sobre todo amor, porque siento en el corazón amor, ese vínculo, único y misterioso, que, conmigo en el camino, une a mis hijos y a mis nietos con mis padres y mis abuelos.  

Y, de pronto me lleno de extrañeza: cuando me enseñaron que existía también me dijeron  que, por ser un dogma, era imposible entender la Comunión de los Santos, pero hoy, ahora, pasados los años, aquello no puedo  comprenderlo, no necesito explicación alguna: no, no hace falta saber del Purgatorio o creer en el Cielo para saber que todos, todos los hombres estamos unidos en comunión, hayamos sido y seamos o no santos.

El corazón, y también la razón, me dicen que es cierto  lo que siento, que mis padres y mis abuelos, mi mujer, mis maestros y mis amigos, no están muertos, siguen conmigo, solo hay que  creer, abrir los ojos y afinar los oídos del alma para verlos vivos y escuchar sus palabras, ¡ellos nos hablan! 

Sí, hoy, día de Todos los Santos con el corazón,  lleno de amor, doy gracias al Cielo y  grito en silencio: ¡muchas gracias papá, muchas gracias mamá, muchas gracias Cristina, muchas gracias amigos, por estar hoy todos conmigo!