martes, 26 de mayo de 2026

1232. COSAS DE VIEJO: DE LA SABIDURÍA POPULAR

Mi mujer, Cristina, tenía un habito que no me gustaba nada y que, no se si por fortuna, nunca en los muchos años de matrimonio, pese a intentarlo miles de veces, no conseguí modificar: en lugar de analizar los problemas o valorar a las personas a partir de hechos y usando la racionalidad, apoyaba sus convicciones o sostenía sus puntos de vista en axiomas más propios de eso que llamamos la sabiduría popular que en criterios acordes con una buena educación y una razonable formación académica.

Así, por ejemplo, no dudaba en aplicar el piensa mal y acertarás; te están vendiendo la burra, no te enteras de nada, eres más tonto que Picio; al Santo se le adora por la peana; si la envidia fuera tiña, ¡cuántos tiñosos habría! y la que usaba para terminar cuando ya no tenía otra: líbrame, Señor de los tontos, que de los listos ya me ocupo yo.

Y ahora, a la vejez, al ver lo que está pasando en el mundo, y especialmente cuando aparecen ante mis ojos las andanzas de personajes que, como el señor Rodríguez Zapatero  que tanto mal han hecho a nuestra sociedad, por primera vez en la vida estoy lleno de dudas: quizá Cristina tenía razón, puede ser que la experiencia y la memoria colectiva del pueblo llano haya creado un pozo de saber que, porque no viene envuelto en formas académicas, nosotros, los que sabemos, ¡ignorantes de la realidad!, despreciamos.

Porque, ahora, tarde, lo reconozco:  es evidente, lo hemos visto a posteriori, el Señor Rodríguez era, es, tonto, tonto del todo, pero en lugar de pedir al Señor que nos cuidara de él, lo hemos tratado como si no lo fuera, y así nos va.

Claro que, con mis muchos años es muy difícil cambiar y sabiendo que soy un ingenuo, más tonto que Picio, no lo puedo evitar, es mejor pensar bien que acertar, eso sí, teniendo al lado a una Cristina que no te deje, ni ante ti mismo, quedar, por bobo,  entre mal y fatal.

miércoles, 20 de mayo de 2026

1231. COSAS DE VIEJO: DEL TIEMPO DE DESCUENTO


Cuando tienes años es normal tener goteras y sufrir achaques que, cada vez con más frecuencia, te hacen unas veces guardar cama y otras, ¡son peores!, pasar algunos días en el hospital.

Y, cómo a todo te acostumbras, poco a poco, aceptas que tu cuerpo se ha gastado y, aunque ignoras la fecha, estás llegando al final.

Y no, no puedo decir, como lo hacía mi padre en su vejez, que tenía un alma joven, como de cuarenta, encerrada en un cuerpo de ochenta; mi alma es vieja, está gastada y tiene, al igual que mi cuerpo, más de ochenta.

No soy de mirar el pasado, ¡solo es pasado!, no me producen alegría mis aciertos olvidados ni tristeza los muchos errores cometidos, al final, cuando lo ves todo reunido, te das cuenta de que la vida es una mezcla de hechos que te han llevado, sin saberlo, inexorablemente, por donde el destino decidía, independientemente de lo que tu pudieras pretender.

Y, ahora, ya en tiempo de descuento, ¡qué tarde!, viene el mayor descubrimiento: la libertad, el mayor bien de la vida, ¡ese que tanto has cuidado!, es, ha sido, una ilusión; lo que has hecho, cada paso que has dado estaba escrito sin remisión.

Y, ahora, peor aún, en este tiempo de descuento, también me asalta otra, la más terrible de las dudas: todo, todo lo hecho ha tenido efecto, ¡nunca sabré cual ni cuánto!, pero lo no hecho, lo que dejé de hacer, eso que quedó abandonado, de haberlo hecho, ¿hubiera cambiado algo?, y ese algo, ¿hubiera sido peor, lo mismo, o, es imposible saberlo, mejor?