DE
LAS UCRONÍAS
En
la intranquila soledad que nos regala el anunciado y virulento retorno de la
pandemia, viviendo en la incertidumbre los grandes cambios que llegan, mis
pensamientos fluyen como un torrente, en una mezcla de sorpresa, temor y esperanza, para, con mi asombro, incitarme a
buscar certezas y, apoyándome en ellas, borrar
mis miedos y abandonar la tentación de esconderme entre mis sueños.
Y,
en una esquina de mi mente, al final de una ramita del gran árbol que envuelve
mis tinieblas, para animarme, se encienden unas pequeñas luces extrañas; son las
ucronías que brillan, esas historias de lo que pudo suceder y que, por la voluntad humana o el devenir del destino,
se quedaron en nada.
Y,
al escribir esto, mi rostro se llena con una sonrisa: aunque lo intentemos con todas nuestra fuerzas, aunque pongamos
nuestra vida en ello, es imposible reescribir la Historia, a lo más que podemos
llegar es a imaginar y escribir una
nueva ucronía: ni Robert Silverberg pudo salvar la caída de
Roma, ni Harry Turtledove hacer de Inglaterra
tierra de España, ni, pensando en el ahora, nuestros socialistas borrar a Franco, ni
nosotros retroceder lustros en el tiempo para recuperar lo que pudo ser un gran
amor.
La
Historia es lo que ha sido y estoy convencido de que, aunque los cambios de época,
como con razón me recuerda ese hombre excepcional que es mi amigo don Santiago
Gil Casares, suelen estar trufados de grandes desastres y terribles desgracias,
esos dolores solo son el anuncio del difícil parto (a veces desesperadamente largo),
del nacimiento de una otra etapa de progreso y bienestar para los hombres y
para la sociedad.
Claro
que, lo escribo con el sueño de no estar creando mi propia ucronía, vienen
tiempos difíciles, y eso es así porque en los momentos cumbres de la gran
historia y en las pequeñas historias de los hombres comunes, siempre hay, al menos, dos bandos, normalmente de hombres decididos, muy decididos, y del todo enfrentados que tratan de imponer y arrastrar a la sociedad,
para imponer, cada uno la suya, muy diferentes visiones del futuro, de las que,
al final una será realidad y la otra ucronía.
Y
sí, viene un tiempo que el que, como siempre, los hombres, dormidos en el
bienestar que da un largo tiempo de paz, para evitar ser arrastrados a la
muerte y su existencia borrada del recuerdo colectivo, tienen que despertar y luchar,
luchar no solo con las palabras, sino con todas las armas, para no desaparecer.
Pues
bien, en el mundo de hoy, en la España de hoy, un soñador, decidido y muy osado
grupo de hombres está tratando de reescribir la Historia y hacer realidad, usando
todos los medios, lo que hace ochenta años se convirtió en ucronía. Y, pienso
que, porque en los genes de los hombres está escrito el instinto de supervivencia,
(¡dejarse matar quita la oportunidad de vivir a la propia descendencia!), al
final, al final, con gran pesar, el “bando” al que pertenezco, antes de
desaparecer, habrá de luchar y ganar.
Nota:
Para
quienes gusten disfrutar la lectura de ucronías, decir que a mi me ha interesado
mucho la lectura de Roma eterna de Robert Silverberg; Britania conquistada de Harry Turtledove;
Danza de tinieblas de Eduardo Vaquerizo;
El hombre en el castillo - Philip K. Dick; Lo que el tiempo se llevó Ward Moore
y Ucronía. La utopía en la historia de Charles Renouvier.