miércoles, 20 de mayo de 2026

1231. COSAS DE VIEJO: DEL TIEMPO DE DESCUENTO


Cuando tienes años es normal tener goteras y sufrir achaques que, cada vez con más frecuencia, te hacen unas veces guardar cama y otras, ¡son peores!, pasar algunos días en el hospital.

Y, cómo a todo te acostumbras, poco a poco, aceptas que tu cuerpo se ha gastado y, aunque ignoras la fecha, estás llegando al final.

Y no, no puedo decir, como lo hacía mi padre en su vejez, que tenía un alma joven, como de cuarenta, encerrada en un cuerpo de ochenta; mi alma es vieja, está gastada y tiene, al igual que mi cuerpo, más de ochenta.

No soy de mirar el pasado, ¡solo es pasado!, no me producen alegría mis aciertos olvidados ni tristeza los muchos errores cometidos, al final, cuando lo ves todo reunido, te das cuenta de que la vida es una mezcla de hechos que te han llevado, sin saberlo, inexorablemente, por donde el destino decidía, independientemente de lo que tu pudieras pretender.

Y, ahora, ya en tiempo de descuento, ¡qué tarde!, viene el mayor descubrimiento: la libertad, el mayor bien de la vida, ¡ese que tanto has cuidado!, es, ha sido, una ilusión; lo que has hecho, cada paso que has dado estaba escrito sin remisión.

Y, ahora, peor aún, en este tiempo de descuento, también me asalta otra, la más terrible de las dudas: todo, todo lo hecho ha tenido efecto, ¡nunca sabré cual ni cuánto!, pero lo no hecho, lo que dejé de hacer, eso que quedó abandonado, de haberlo hecho, ¿hubiera cambiado algo?, y ese algo, ¿hubiera sido peor, lo mismo, o, es imposible saberlo, mejor?

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