martes, 11 de marzo de 2008

145. ELECCIONES EN ESPAÑA

El Partido Socialista que lidera hoy el Sr. Rodríguez Zapatero ha ganado las elecciones celebradas en España el domingo 9 de marzo de 2008.

Pese a que el Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero ha sido, en mi opinión, el peor de los últimos treinta años, los españoles hemos decidido que es preferible la continuidad de su titular que cambiar este por otra opción.

Tengo la esperanza de que los errores de los años pasados sirvan al nuevo Ejecutivo para avanzar hacia el futuro haciendo las cosas algo mejor.

Espero que los españoles podamos olvidarnos del Gobierno y de los avatares de la política y podamos dedicar nuestra atención solo a vivir y progresar, cada uno en lo suyo, sin sustos y con tranquilidad, que no haya motivos para alegrarnos, lamentar, o siquiera comentar, los aciertos o desaciertos del Gobierno de España.

En todo caso, si el nuevo Gobierno lo hace bien, dentro de cuatro años podrá continuar y si lo hace mal siempre lo podremos cambiar.

De todos modos, creo que no importa demasiado quien gobierne en Madrid. España es un país viejo y bastante sabio que habiendo tenido muchos buenos y menos buenos gobernantes, al final, entre unos y otros las cosas en general se hacen y resultan bien.
Como saben bien cuantos me conocen, por haber visto mucho, creo poco en el poder de los gobiernos y tampoco espero de ellos gran cosa.

lunes, 10 de marzo de 2008

144. MUERTE CIVIL

La Muerte Civil ha sido, desde la Antigua Grecia hasta avanzado el siglo XIX en un gran número de países del mundo occidental, el castigo, por delitos muy graves, consistente en considerar a una persona como si estuviera muerta e efectos legales.

Desde que, en el primer curso de la carrera de Derecho, este castigo me parecio terrible ya que la sanción era extremadamente dura por cuanto el muerto civil perdía, en la práctica, además de la capacidad jurídica y la protección legal, todo el respeto social, la vida familiar e incluso, la posibilidad de ganarse la vida.

Al muerto civil, para supervivir, solamente le quedaba la posibilidad del destierro. Marchar lejos y rehacer su vida en un lugar al que no pudiera llegar la noticia de su condena.

En España, contra lo que ocurre en no pocos lugares de América, pocas personas han oído hablar de este castigo y, menos todavía, han pensado alguna vez en la posibilidad su aplicarlo, de un modo u otro, nuevamente en este siglo.

Sin embargo, días atrás, cuando tuve noticia de la sentencia del Tribunal Constitucional que absolvía y dejaba sin sanción, por tecnicismos legales, a dos conocidos hombres de negocios, que han estafado millones de euros a personas que habían depositado en ellos su confianza, recordé la existencia de la Muerte Civil.

Tengo claro que si un tribunal absuelve, la persona absuelta está y legalmente, nada se puede, ni se debe decir ni hacer.

Sin embargo, si cada uno de los ciudadanos que saben de las malas artes de estos personajes les negaran la palabra, nunca tomasen su dinero, no les recibiesen en sus casas y les considerasen nada, si se les dejara solos del todo, acaso habrían obtenido el castigo correcto a su felonía y, es seguro que difícilmente alguien tuviera interés alguno en seguir el mal ejemplo.

Lamentablemente estamos en un mundo de locos y los dos financieros, al igual que otros antes y los que vendrán luego, seguirán siendo personas respetadas, admiradas por muchos y envidiadas por no pocos.

La riqueza, adquirida de cualquier modo, en este mundo real, es aceptada por todos. Sigue siendo verdad, como cuando lo escribió en sus versos, áspero siempre y brutal mil veces, Quevedo, que poderoso caballero es don dinero.

sábado, 1 de marzo de 2008

143. EL GRAN FRAUDE ELÉCTRICO SERÁ PENADO

Leer los periódicos produce sorpresas y hoy he tenido una tan extraordinaria que no puedo evitar incluirla en este blog.

El sábado 1 de marzo publica La Prensa, el excelente diario de Managua, un interesante artículo en el que se explica que en un próximo futuro la “ley aplicará sanciones administrativas cuando el robo de energía sea cometido por consumidores de entre 500 y 999 kilovatios, y habrá castigos penales, como la cárcel, cuando el robo sea efectuado por consumidores de un mil o más kilovatios”.

Del texto citado se desprende que robar energía en cantidades menores a los 500 Kilovatios no tiene sanción.

Por otra parte, alguien me ha comentado aunque no se si será cierto, que la compañía eléctrica no puede cortar la corriente a quienes no pagan el recibo de la luz.

Para hacernos una idea de lo que se puede hacer con 499 Kilovatios pondré el ejemplo de mi casa:

Tenemos lavadora, secadora, lavaplatos, aspiradora, escoba eléctrica, campana de humos, batidora, microondas, vitrocerámica, un par de computadoras, secadores para el cabello, televisión, varios aparatos de radio siempre en marcha, timbre en la puerta, televisión, DVD, vídeo, mini - cadena, unas cuantas lámparas, varios ventiladores, un aparato de aire acondicionado que solo se usa en verano y, posiblemente, alguna otra cosa.

Todos esos aparatos se usan y aunque mi mujer y yo apagamos las luces cuando no hacen falta, mi hija pequeña sabe poco de cerrar alguna vez el interruptor. El consumo total está entre 225 y 250 Kilovatios según los meses.

Debo de haber entendido muy mal la noticia de La Prensa. Es sorprendente que, en Nicaragua, se esté decidiendo ahora que en el futuro siga siendo casi lícito sustraer y consumir, sin pago alguno, más del doble de la energía eléctrica que consumimos en mi casa cada mes.

Cosas veredes Sancho.

jueves, 28 de febrero de 2008

142. DAÑOS COLATERALES: SE ACABÓ LA MAMADERA

Acostumbrado a la terrible práctica del franquismo español que exigía, en la práctica que no en la teoría, para estar en política, tener previamente un razonable medio de vida, me sorprendió en extremo escuchar repetidamente, en las calles de Lima los días posteriores al golpe de estado que sacó de su puesto al Presidente Belaunde, la frase “se acabó la mamadera”, dirigida a personas que hasta horas antes habían disfrutado de las compensaciones propias del desempeño de cargos públicos.

Hasta entonces nunca había pensado, inocente de mí, que en la política era viable obtener beneficios mayores que los posibles en el simple ejercicio de la actividad profesional. Más aún, pensaba que desempeñar puestos públicos era, para quien los ocupaba, un claro sacrificio económico.

Hoy, sin embargo, cuando veo llegar las elecciones y observo el enorme esfuerzo de los candidatos y de las personas que a ellos están próximas, pienso en los tremendos daños colaterales que la victoria de unos supone para los otros.

Para no pocas personas, sin demasiado oficio por otra parte, que su partido gane o pierda las elecciones supone acceder o perder la mamadera.

En estos días de cálido invierno español, pienso no ya en el medio centenar de políticos que, sea cualquiera el resultado de las elecciones de marzo, van a seguir cobrando un sueldo o van a retornar a la vida privada con mayores percepciones que las honestamente posibles en la vida pública, sino en los miles de colaboradores, adjuntos, consejeros, ayudantes, ayudantes de ayudantes, e incluso diputados, que se van a quedar en la calle y que tienen por todo oficio, a más del título de bachiller o licenciado, el saber estar a la sombra de un político con poder.

Los arquitectos e ingenieros capaces, los médicos con prestigio y los miembros por oposición de los grandes cuerpos de la administración pública, profesionales todos, al igual que los empresarios, si pierden las elecciones, salvo poder político, una vez pasado el berrinche, además de tiempo, familia y dinero, van a ganar vida personal y tranquilidad.

Pero los otros, los que sin oficio ni beneficio viven al amparo del poder y cuya comida depende del resultado electoral, si pierden, además del disgusto se quedan en la calle y, lo que es peor, sin posibilidad de conseguir, por que valen, un trabajo que les permita compensar el “se acabó la mamadera”.

Los ciudadanos cuando depositan su voto y eligen a sus candidatos, al mismo tiempo deciden, como daño colateral para muchos, a que personas que se le acabó la mamadera.

martes, 26 de febrero de 2008

141. EMPRESARIOS II: DUEÑOS, AMOS Y VALIDOS DE NUESTRO TIEMPO

El Diccionario de la Lengua Española, en la primera acepción de la palabra Dueño, dice que este es el “Hombre que tiene dominio o señorío sobre alguien o algo” . Siempre me ha llamado la atención que la Real Academia tenga que conservar todavía el “señorío sobre alguien...”, ya que es muestra de la existencia, todavía, en nuestro mundo global, de esclavos.

Y, en la entrada de la palabra Amo, las primeras acepciones son: Cabeza o señor de la casa o familia - dueño o poseedor de algo - hombre que tiene uno o más criados, respecto de ellos - Persona que tiene predominio o ascendiente decisivo sobre otra u otras.

Creo que en el significado de ambas palabras está latente el concepto de propiedad como derecho absoluto, es decir el titular puede disponer de su cosa y hacer con ella lo que considere conveniente, sin que nadie pueda impedir el libre ejercicio del derecho ya que los demás están obligados a respetarlo.

En consecuencia con lo anterior, el dueño o amo de una empresa puede disponer de su empresa y hacer con ella lo que le venga en gana.

Por otro lado, es frecuente que en las empresas que tienen por dueño a una persona y esta persona ejerce de amo, aparezca la figura, extremadamente interesante, del Valido que, al igual que en el gobierno de la res pública de las españas en los siglos XVII y XVIII, ejerce, sin otro título que la confianza, entonces del rey y ahora del amo, la autoridad más absoluta sobre los súbditos del reino o sobre los empleados de la empresa.

Para ser valido el único requisito es contar con la confianza del rey o del amo, cuando el valido lo es manda y manda todo, pero éll es nada, no tiene título y carece de poder propio.

En la historia hay grandes y muy eficientes validos, el Conde Duque de Olivares lo fue de Felipe III, que acompañan a desastres ilustres como el Príncipe de la Paz, valido de Carlos IV.

En la historia de las empresas con amo, aunque sus nombres sean menos conocidos, también hay validos extraordinarios, razonables y también grandes desastres.

Para el rey o para el amo puede ser bueno tener valido, conservan la autoridad, el éxito es siempre suyo y los fracasos corresponden al valido. Además, cuando el valido ha cumplido su ciclo se le achacan todos los erroes, se le cargan todas las culpas, se le retira el afecto, se le aleja del todo y se da a otro la real confianza.

El valido hace y deshace mientras lo es. Si es listo, sabe que su tiempo es incierto y nunca largo, y sabe también que de lo bueno que haga jamás obtendrá mérito. Por ello, lo normal es que trate y a veces logre, compensarse con dinero, favores a terceros o negocios personales que protejan su mañana.

También hay validos que son un algo tontos, trabajan mucho, hacen lo mejor, reciben poco y al final, les queda nada.

Por ello, cuando encuentro una empresa que tiene amo y valido me dan escalofríos y, para el bien de todos, les pido a ambos, que piensan que aunque les guste a cada uno su papel, en la gestión del Siglo XXI caben las figuras del empresario y del directivo, pero no son útiles, para nadie, las de amo y de valido.

El empresario capaz no necesita en esta época tener valido, es mucho mejor que trabaje como lo que es o, si no quiere o no puede ejercer su papel, delegue la gestión de forma clara y profesional.

Cuando me consulta algún directivo que, muchas veces sin pretenderlo, ha llegado a ser valido, siempre le digo lo mismo: Sal ya de esa empresa, antes de que el amo te cargue las culpas de todo, te despida y, para colmo, por la rabieta que enganche, para cobrar lo que sea tuyo tengas que ir a un juicio.

Por supuesto, un profesional capaz jamás debe aceptar ser valido, el mundo esta lleno de empresas en las que para tener éxito solo se requiere tener talento y trabajar duro.

Para vivir y vivir bien, no hace falta ser del rey o del amo, su valido.


lunes, 25 de febrero de 2008

140. EMPRESARIOS I. ADMIRACIÓN Y RESPETO.

Nadie me inspira mayor respeto que los hombres hechos a sí mismos que han sido capaces, con su esfuerzo, su imaginación y su capacidad de liderazgo, crear exitosas empresas que contribuyen, con su existencia, al bienestar, de la sociedad.

Me alegra el alma ver la progresión de sus empresas, disfruto sus éxitos y me siento orgulloso de conocer a algunos de estos empresarios, capitanes de empresa, que son ejemplo indiscutible del valor de las personas y manifestación feliz de la capacidad creativa de la especie humana.

El mérito de estas personas es inmenso y criticar su éxito es, en mi opinión, una locura que solo se puede entender, y nunca disculpar, desde la envidia que contamina y diluye otras valiosas las virtudes de la sociedad.

Por ello, y porque en una siguiente entrada tengo que aportar un difícil consejo a amigos que lo demandan, escribo esta entrada con mucho cuidado, con absoluto respeto y afirmando, lo que pienso.

jueves, 21 de febrero de 2008

139. EMPRESA Y POLÍTICA. HAY QUIEN HACE O PIENSA TONTERIAS

De tiempo en tiempo, algún empresarios mediano y o directivo de empresa importante solicita mi opinión sobre la bondad y oportunidad de su participación en la vida política.

La respuesta es compleja y siempre comprometida, lo que esperan de mi suele ser argumentos para hacer lo que ellos saben muy bien que no deben hacer y, por ello, cada vez que tengo que responder pienso, por enésima vez, en el planteamiento general y analizo cada situación concreta, luego doy, también por enésima vez, la misma respuesta:

Tener opinión y participar en la vida política es un derecho inalienable de los ciudadanos, por tanto, todo empresario y todo directivo tiene derecho a intervenir en política, es un derecho que nadie puede conculcar.

Sin embargo, existe también el derecho, este no escrito pero muy claro para la ciudadanía, de querer ser dirigidos por personas que no hacen tonterías, lo que implica la obligación que tiene quien dirige, de ajustar sus comportamientos a las exigencias de lo que significa el sentido común de la sociedad.

Dicho de otra manera, el empresario y el directivo en su caso, tiene, como primera obligación, exigible desde cualquier perspectiva de responsabilidad social, el generar resultados, hacer crecer la empresa y, sobre todo, conseguir y fidelizar clientes que aseguren la proyección de la empresa hacia el futuro. Por otro lado, además, forma parte de la función directiva, crear y mantener equipos humanos integrados en la organización y fuertemente motivados.

El empresario y el directivo pueden tener opinión política, pero el sentido común dice que si además de tener opinión, participan en la vida pública, como miembros activos de partidos que gobiernan o ejercen de oposición, están en su derecho, pero están haciendo una tontería que no puede permitirse ninguna empresa que pretenda progresar en el largo plazo.

Si el empresario o directivo “se dedica” a la política mientras ejerce su función en la empresa, en primer lugar desatiende su trabajo, no dedica a la empresa toda su energía, a veces descarga en otros responsabilidades que no les competen y, en cualquier caso, con su comportamiento, dice a gritos que, para él la empresa no es lo más importante...salvo que se aproveche la política para conseguir contratos, perseguir a la competencia, ganar más dinero, etc, cosa que antes o después siempre paga la empresa y, como es natural, el empresario o el directivo que, por bobo, se metió en el lío.

El empresario o el directivo debe tener siempre buenas relaciones con las administraciones locales, regionales y estatales de todos los territorios en que opera la empresa y en todos aquellos otros en los que aspire a estar presente. Y eso es, salvo un milagro, absolutamente imposible si se ejercen puestos, o se ocupan posiciones, de poder político.

Los clientes, cuando compran no piensan en política, y si se les da la oportunidad de pensar en ella, suele ser para que duden sobre la oportunidad de la compra o de la no compra.

Los empleados en la empresa no suelen pensar, mientras trabajan, en la política, pero la política, como la religión, es mejor que no exista si se quiere mantener un buen nivel de relación con todos los miembros de un equipo.
Si mi jefe es, además de mi jefe, uno de los líderes del partido político al que yo, en todo mi derecho, más detesto, me parece que es poco probable que quiera contribuir a que él consiga demasiados éxitos.

Los competidores, mientras el directivo o e el empresario esté en posición de poder político van a vigilar para que no les perjudique, y, cuando el político pierda el poder, es fácil que sus competidores empresariales se encuentre con oportunidades en las que probablemente ni siquiera habían, por tan buenas, pensado

Entiendo muy bien que, desde la política, para salvaguardar la independencia y la honorabilidad de los políticos, cuando estos llegan a puestos de especial responsabilidad, existan las incompatibilidades.

Mi opinión es que desde la empresa sería, también de sentido común, establecer, dentro de los limitaciones que marca la Ley, incompatibilidades para sus directivos y contratar con todos los templos del lugar, toneladas de oraciones para que el empresario cumpla con su obligación y nunca piense en tonterías.

En resumen, creo que el empresario o el directivo que quiera “jugar activamente a la política” debe dejar a su empresa tranquila y dedicar todo su esfuerzo a ser político.