jueves, 7 de febrero de 2019

791. BELLIDO DOLFOS, TODO UN HEROE Y UN GRAN FELÓN



Los españoles que estudiamos el bachillerato en los años 50 del siglo pasado, al igual que nuestros predecesores durante siglos, sabemos que Bellido Dolfos fue un caballero leonés que, allá en el siglo XI, fiel a Doña Urraca, Señora de la Ciudad de Zamora, salió de la ciudad, cercada por  Sancho II de Castilla, engañó al rey castellano y lo mató a traición… 

Como es evidente, para los habitantes de la ciudad sitiada y para las gentes de lo que entonces  era León, Bellido Dolfos fue el héroe que salvó Zamora y, para los castellanos que vieron morir a su rey, un asesino felón.

Cuando uno es mayor y ha dedicado muchas horas a  estudiar la historia de España y de las Españas, tiene muy claro que somos lo que somos porque nuestro pueblo está lleno de héroes que han dado su vida por conseguir logros inigualables y también porque hemos tenido, y tenemos, en nuestra historia y a nuestro lado, grandes felones….

¿Hace falta que recuerde a Don Álvaro de Luna o a los tres héroes castellanos Padilla, Bravo y Maldonado?

¿Hace falta que recuerde a los héroes para unos y felones para otros, que dividieron en veinte partes el Imperio español?

¿Hace falta que recuerde a Indalecio Prieto, a Largo Caballero o al doctor Negrín?

Por supuesto, el domingo 10 de febrero de 2019, estaré en la Plaza de Colón de Madrid, para gritar con todas mis fuerzas que el doctor que nos gobierna es un felón.


….desde las filas gubernamentales  y separatistas se dirá que quienes estemos en la manifestación somos malvados, “fascistas”, “franquistas”,  y otros istas…pero ya se sabe, la calumnia y la mentira es el arma predilecta de la felonía y de  los felones….


sábado, 2 de febrero de 2019

790. PASADO MAÑANA, EL 4 DE FEBRERO ES MI CUMPLEAÑOS, CUMPLO 75 AÑOS



75 años son muchos años y, sin duda, he dejado muy atrás los años plenos de la madurez, la fuerza de la juventud, la etapa extraña de la adolescencia y la feliz niñez, por tanto, aunque me cuesta admitirlo, he alcanzado eso que, sin eufemismos, se llama la vejez.

Es verdad que en estos tiempos se vive mucho, que es normal que las personas vivan ochenta años, noventa, e incluso más; pero también es normal que a lo largo del camino otras muchas personas, muy queridas, nos van dejando con menos años de los que mis coetáneos y yo hemos cumplido; por ello debo dar gracias a Dios por la larga vida que de Él he recibido.

Sin embargo, este mes de enero, bastante más que en años anteriores, acaso porque mi salud tiene goteras, y especialmente  desde el día 18 de enero, cuando mi mujer hubiera cumplido 70, no dejo de pensar y repensar, como si fuera un adolescente o cómo si no lo tuviera muy claro, en el sentido de la vida.

Y no me refiero a la presencia de los hijos y los nietos, al calor del cariño de las hijas y las nietas, al amor de la familia grande que, al ser mayor lo ves muy claro, es el sosten de lo que hemos sido, somos y seremos hasta que muramos.

Tampoco tiene relación con lo que hice o no hice en el pasado, porque es irremediable y ya no importa; carece de sentido alegrarse por lo gozado o conseguido o llorar por lo sufrido o no alcanzado, es pasado y el tiempo todo lo ha consumido.

Ni, para terminar, me refiero al día a día, lleno o vacío de pequeñas alegrías, sustos, preocupaciones, cansancios, satisfacciones de padre u orgullo de abuelo.

Los hijos son mayores y tienen sus propias familias, cada día añoro más a mi mujer y vivo solo, con una perra vieja, sorda y ciega, que apenas puede con su alma…¿qué pinto yo aquí y ahora en esta vida?

Más tarde, cada vez que lo pienso, me respondo siempre: nada, aquí no haces nada de nada y, lo que es peor, a poco que te descuides, dar mucha lata…salvo que te portes  bien y seas, de un modo u otro,  útil…

Espero y deseo que, si la vida me da  tiempo, disfrutando cada día, dentro de este o del próximo año, para decir cosas, para contribuir en algo, para ayudar a alguien, publicaré El poder de la experiencia, la nueva novela que en este enero ya he comenzado.