miércoles, 28 de diciembre de 2022

1021. ¡HAY GRANDES MILAGROS!


Hoy, una vez más, la vida me ha regalado una de esas grandes sorpresas que te obligan a creer en los milagros.

Hace unos minutos, de muy buena fuente, he sabido que el presidente del gobierno del Reino de España, el doctor Sánchez, contra lo que durante años ha sido su costumbre, ha cambiado, ha vuelto al camino del decoro y ha dicho una verdad; y de ello existe una prueba de valor incontestable, es el acta  levantada por el Ministro de Justicia, que dice así: “Yo, el Ministro, en calidad de Notario Mayor del Reino, juro sobre la Biblia y en este acta doy fe,  de que el muy honorable doctor Sánchez, mi jefe en el gobierno,  en  el día de ayer, a las 23:59 horas, prometió a su esposa que hoy, día 28 de diciembre, a las 7:25 horas, desayunaría con ella, zumo de naranja, café con leche, una tostada de pan con  tomate y un vaso de agua; y, aunque no del todo porque no ha probado el zumo, para asombro de doña Begoña, ¡lo ha cumplido!.

¡Y aún hay gente, mala gente, que no cree en los milagros!


Nota: la fotografía del doctor Sánchez que ilustra esta entrada esta tomada de Wikipedia



domingo, 25 de diciembre de 2022

1020. EN LA CENA DE NOCHEBUENA

Palabras pronunciadas en la cena de Nochebuena de 2022

 

Queridos hermanos, hijos, nietos, familia toda:

 

Luego de dos años muy difíciles, estamos hoy aquí para celebrar, con la Nochebuena, nació Jesús, nuestra gran fiesta familiar .

Por ello, y sin otro mérito, y no es mío, que el de haber nacido el primero de los hermanos, desde el amor que siento hacia todos los miembros de la familia y hacia la familia como un todo, pronuncio estas palabras para, primero, en nombre de toda la familia, con inmensa alegría, dar la bienvenida a las cinco nietas y seis nietos, que, nacidos después de la pandemia, hoy, por primera vez,  han podido asistir a la cena de Nochebuena.

Y, ahora, con no poca tristeza y también con amor y alegría, traigo aquí el recuerdo de nuestros padres,  José Luis y María Esperanza, y de nuestros hermanos, Cristina,  José Antonio,  Juan Manuel y José Agustín, que están, queriéndonos mucho y cuidándonos siempre, en el cielo.

Queridos hermanos, hijos, nietos, este día, Nochebuena es, desde hace dos mil años, un día de inmensa alegría, un día feliz en la historia de la humanidad y, lo he pensado mucho, fuente de felicidad.

Todos queremos ser felices, ¿verdad?

Dios puso en los hombres el ansia de felicidad, y todo lo que hacemos, todo, consciente o inconscientemente, es para conseguir la felicidad.

Y, porque por obra de nuestros padres y el ejemplo que ellos nos dieron, en nuestra familia, aunque hay que cuidarlos, están asentados los grandes valores que son la fe, la libertad, el trabajo, apoyar a los demás, la tolerancia y el amor, creo lo tenemos todo para avanzar un paso más, y luchar para conseguir, todos y cada uno, ese bien tan ansiado que es la felicidad.

Y, ahora, cuando ya he vivido muchos años, lo sé bien, quero deciros que la felicidad no es un objetivo, ni es un final, la felicidad es, como Nochebuena y Navidad, aunque no es fácil y hay que esforzarse, la forma perfecta de estar en el camino de la vida hasta que este llega a su final;  es, mientras vivimos, tener fe, mantener la libertad, fijarnos metas, trabajar, aceptar la realidad, el éxito es fugaz, amar,  y hacer el bien para tu familia y para los demás.

Por ello os deseo a todos, una muy feliz Nochebuena y una muy feliz Navidad y, por favor, con el corazón abierto, luchad para que, con amor, trabajo, tolerancia y libertad, en nuestra familia, en paz, reine siempre la felicidad.

 


 

martes, 20 de diciembre de 2022

viernes, 25 de noviembre de 2022

1019. DE NIÑOS Y ADULTOS PREPOTENTES, CAPRICHOSOS Y MALCRIADOS


Una regla imprescindible, hasta los niños lo saben, para poder jugar y, también, para poder convivir, es que existan reglas respetadas por todos los jugadores o, también, por todos los que conviven.

Y, cuando se rompen las reglas, hasta los niños lo saben, el juego se hace imposible y, también, la convivencia.

Sin embargo, hay niños prepotentes, caprichosos y malcriados que, saltándose las normas, insultan y,  con notable alborozo, ganan a otros niños en el juego y después, cuando esos otros niños les hacen a ellos exactamente lo mismo, se enfadan mucho, lloran, se hacen las víctimas y piden auxilio a los mayores para que castiguen a quienes los han insultado y ganado.

Y   hay adultos prepotentes, malcriados y caprichosos que, saltándose las normas, insultan y,  con notable alborozo, ganan a otros niños en el juego y después, si esos otros niños les hacen a ellos exactamente lo mismo, se enfadan mucho, lloran, se hacen las víctimas y piden auxilio a quien pueden para que castiguen a quienes los han insultado e intentado ganar

Indudablemente, para que los niños puedan jugar y los adultos convivir, es imprescindible que quienes quieren jugar, o necesitan convivir, aunque sean muy listos y guapos, respeten las reglas del juego y de la convivencia.

Claro que, en estos tiempos, en España, y en todas partes, hay bastantes niños, y adultos también, prepotentes, caprichosos y malcriados, que, muy listos y guapos, pretenden, aunque esto sea imposible, que los demás, niños o adultos, cuando son insultados aguanten, agachen la cabeza, dejen el campo libre y se marchen a llorar con sus mamás o sus papás.  

Por ello, y porque los insultos, como todas las violencias, pueden crecer en espiral, y que de las palabras se pase a las manos y de las manos a los palos, mejor sería que unos y otros respeten las normas y se dejen de insultar.






Nota: Las dos imágenes que ilustran esta entrada están tomadas de Internet




sábado, 12 de noviembre de 2022

1018. ¡SÉSAMO, ABRETE!

¡Sésamo ábrete!, es otro cuento para mis nietos


Muy cerca de la casa de Olivia, tiene ocho años, se termina el pueblo y empieza el monte. A ella le gusta mucho el monte, es un sitio muy grande dónde no hay casas, ni calles, ni coches, no hay gente, solo tierra, piedras sueltas, matojos, tomillo y romero, arbustos, bastantes jaras, ¡qué bien huelen las jaras!, algunas encinas, dos tilos, un enebro y un montículo grande que tiene arriba y en una de las laderas  rocas grandes y jaras, y en la otra, en la que baja al arroyo, solo pueden entrar las cabras porque hay muchas zarzas y pedruscos grises, hierbajos y crecen las cañas largas; además,  por todo el campo  hay  pequeños senderos, todos casi iguales, que, dando vueltas,  subiendo y bajando,  van de un lado para otro y, realmente, al arroyo, al montículo o a ninguna parte.

En el campo no hay gente, solo algunos pájaros, a veces se ven conejos, en verano hay lagartos,  en primavera pastan rebaños de ovejas, ¡son preciosas!,   y un día, Olivia vio dos vacas, le dieron bastante miedo, pero, aunque iban solas, ya se marchaban.

Y, en el monte, en el monte de al lado de su casa, hay también algo muy especial, lo que más le gusta a Olivia, es una piedra muy grande que está sola, rodeada de matojos justo donde empieza a subir el montículo; es por lo menos el doble de alta que ella y es ancha, toda redonda y rugosa, menos por la parte de delante, que es lisa y tiene muchas rayas que forman unos dibujos preciosos y muy extraños que Olivia nunca se cansa de mirar y tocar.

Hoy el día es soleado, el aire está muy limpio y los colores del otoño son preciosos, Olivia camina, paseando, hablando de todo, con el abuelo mientras su hermano Mateo, tiene cuatro años y es pequeño, corretea alrededor, alejándose de cuando en cuando para explorar,  coger  palos lisos y piedras bonitas,  y volver para mostrar sus hallazgos al abuelo.  

Y, poco a poco, distraídos, los tres han llegado al pie del montículo y se han detenido frente a la piedra lisa que tanto le gusta a Olivia.

-Mira abuelo, que piedra tan bonita, y tiene unos dibujos preciosos -, está diciendo Olivia, cuando Mateo aparece, con un palo en cada mano,  en lo más alto de la roca, es imposible saber cómo ha subido, grita y hace mil gestos para reclamar la atención del abuelo y de su hermana.

En un visto y no visto, Mateo está de nuevo abajo, explicando al abuelo lo bien que sabe subir y bajar de las piedras, lo valiente que es y el poder de la espada, el palo largo que agita en la mano derecha y el del puñal, el palo corto que blande en la izquierda.

Olivia, molesta porque ha perdido la atención del abuelo, tirando varias veces del brazo de este, consigue recuperarla y pregunta muy seria; ¿la puerta de la cueva de Alí Babá se llamaba “Sésamo”?

El abuelo lo piensa un momento y responde: -ahora que lo dices Olivia, es posible, la puerta era muy grande, era un portalón, así que es posible que el portalón se llamara “Sésamo” -.

-Entonces, abuelo, “Sésamo” era como Alexa, si decías “Sésamo ábrete”, la puerta se abría, y si decías “Sésamo ciérrate, se cerraba”; igual que Alexa, cuando dices “Alexa enciende la tele”, la tele se enciende, si dices “Alexa apaga la tele”, Alexa la apaga…

-Tienes razón Olivia, “Sésamo” era como Alexa, pero en tiempos de Alí Babá no existía Alexa, no había ordenadores ni teléfonos móviles, los antiguos tenían otros sistemas, pero como no los escribían la gente los olvidaba y, luego, cuando querían volver a usarlos ya no sabían; por eso es tan importante saber leer y escribir muy bien nietecita -.

-Pues yo se leer y escribir abuelo, pero Mateo no sabe -.

-Yo sí sé, se me sé muchas letras -, protesta airado Mateo.

-Vamos, nietos, vamos a dar un paseo -.

-Espera abuelo, espera un momento -, dice Olivia, muy seria, poniéndose muy derecha, frente a la piedra lisa, mirándola muy fijo, exclama:-¡Sésamo ábrete!, ¡Sésamo, ábrete! -, y nada, como si no hubiera dicho nada.

Apenas han caminado veinte pasos, Mateo se suelta de la mano del abuelo y, corriendo, regresa a la piedra, se pone enfrente y, muy serio, grita: -¡Sésamo ábrete!

Y, suena un ruido infernal, parecido pero distinto y peor del que hace al moverse una maquinaria grande, pesada, vieja y desengrasada, asusta un poco a Mateo, un poco más a Olivia,  y da un susto de muerte al abuelo.

-¡Sésamo se está abriendo abuelo, mira abuelo, Sésamo se está abriendo -, dice, gritando, Mateo!

Ante la mirada asombrada de los nietos y más asombrada todavía, del abuelo, una gran puerta, un portalón bien grande, termina de abrirse en la pared de piedra y, para colmo, se hace un estremecedor silencio.

Es la entrada de una cueva, oscura y negra, muy oscura y muy negra, -¿entramos abuelo? -, pregunta dudando Mateo.

-No Mateo, se puede cerrar mientras estamos dentro -, responde firme el abuelo.

-¿Y qué hacemos, abuelo? -, susurra Olivia.

-Marcharnos corriendo, puede salir cualquier cosa mala de ahí dentro -, responde el abuelo que ya está más que muerto de miedo.

Y, al unísono, los tres, el abuelo y los nietos, dan la vuelta y salen corriendo.

Enseguida, resuena otra vez el ruido infernal, es tan fuerte que, no lo pueden evitar, los tres mientras siguen corriendo, vuelven sus cabezas y ven que la puerta, Sésamo, se está cerrando. Se detienen y siguen mirando hasta que la puerta se cierra del todo y se hace el silencio.

El abuelo lo piensa dos veces y, con los nietos de la mano, regresa hasta la piedra lisa, miran y remiran la piedra, no hay ninguna puerta.

El abuelo necesita comprobarlo: -¡Sésamo ábrete! -, dice, y nada, -¡Sésamo ábrete!, repite, y nada.

Olivia, animada lo intenta: ¡Sésamo ábrete! -, y tampoco nada.

-Prueba tu Mateo dice Olivia intrigada -.

Y, Mateo, aunque tiene algo de miedo, muy seguro, se pone firme, mira a la piedra, se prepara para oír el ruido infernal y, gritando, manda: -¡Sésamo ábrete! -.

Y nada, nada de nada; la piedra sigue en su sitio, como si nunca hubiera pasado nada. Otros dos intentos y tampoco pasa nada.

Ahora, Olivia de la mano del abuelo y Mateo correteando alrededor en busca de tesoros,  retoman su paseo para volver a casa.

Y, de pronto, el abuelo, en su cama, se despierta sobresaltado e inquieto, mira el reloj, son las tres y diez de la madrugada, quizá cenó demasiado anoche,  y quizá porque antes dormirse recordó que cuando él tenía cuatro años, en el monte, delante de una gran piedra, su padre le explico que un hombre, si trabaja bien y se esfuerza mucho, pude conseguir cualquier cosa, -¿hasta que se abra la puerta de la cueva de Alí Babá, papá? -, sí, pero es muy difícil, primero hay que trabajar mucho para encontrar la cueva, no se sabe dónde está,  y luego, delante de la puerta que no se ve, recordar, tener valor y decir “Sésamo ábrete”, que son las dos palabras mágicas -.

Y, con una inmensa sonrisa en los labios, el abuelo, pensando de nuevo en sus nietos,  se da cuenta de que esa noche ha vuelto a ser niño y ha tenido un precioso sueño.

Nota: la imagen que ilustra este cuento está adaptada de otra, de Nueva España, tomada de Internet.



miércoles, 26 de octubre de 2022

1017. EN EL ESPEJO


Y, otro cuento para mis nietas


 

Lo han hablado muchas veces y nunca han llegado a ninguna conclusión; aunque las madres dicen que los espejos no tienen nada dentro, reflejan lo que tienen delante, sirven para hacer las habitaciones más grandes y, también,  para mirarse, ellas, Mariana, Olivia, Coti y Curris, saben que todo es verdad, pero tienen algunas dudas de que eso sea toda la verdad.  

Y tienen dudas porque en casa del abuelo, en una pared del cuarto de jugar hay un espejo que llega del suelo al techo y las cuatro han visto más de una vez, al entrar y encender la luz, moverse algo en el espejo, algo que estaba en el borde que se ve desde la puerta; pero sin hacer ningún ruido, como si fuera una sombra, y antes de verse reflejadas, ha desparecido.   

Además, el abuelo alguna vez ha comentado, hablando con las madres, que a él nunca, desde que era pequeño, le han gustado los espejos, que guardan dentro demasiados secretos y que, si en su casa hay muchos es porque a la abuela le encantaba tenerlos; ella decía que eran el lugar donde mejor se mantienen los recuerdos, y que, cuando quería ver a su yayo, solo tenía que asomarse al espejo del comedor, ese tan grande que estaba, cuando era niña, en casa de sus abuelos.

-A lo mejor, si miramos bien, podemos ver a la abuela en el espejo -, dice Olivia con alguna añoranza.

-Yo no me acuerdo de la abuela -, añade Mariana; -

-Yo me acuerdo un poco -, es como está en las fotografías que tienen las madres y abuelo -, exclama Coti, que tiene muy buena memoria

-Yo sí me acuerdo mucho de ella, me subía en brazos, me daba mimos y muchos besos -, presume Curris, que es mayor y sus recuerdos llegan más lejos.

-¿Y si nos sentamos las cuatro delante del espejo y miramos muy bien para ver si la abuela está dentro?; -, entre afirma y pregunta afirma Coti muy decidida.

Dicho y hecho, ahora las cuatro, en silencio, muy juntas, para tener menos miedo, miran atentas al espejo; y,  enfrente, están ellas, las cuatro, dentro del espejo. 

-¿Os habéis fijado que en el espejo se nos ve, pero no se oye lo que hablamos? -, pregunta, inquieta, Mariana.

-¡Cómo va a hablar el espejo, en los espejos solo se ve -, responde Olivia!

-Es que a lo mejor el espejo habla al mismo tiempo que nosotras y por eso no lo escuchamos -, puntualiza Coti, que ya lo había pensado.

-Pues no sé, pero parece que sí, que dentro del espejo, ahora mismo estamos hablando -, es como si fuera una ventana, cuando está cerrada dentro no se oye nada, aunque fuera estén gritando -, reflexiona Curris, inquieta por lo que ha dicho Coti.

-¡Me gustaría tanto entrar en el espejo! , exclama Coti

-Y a mí también me gustaría -, se suma Mariana

-A mí me da mucho miedo, mira que si entramos y luego no podemos salir -, dice Olivia, dudando.

-No se puede entrar en los espejos, no tienen puerta, afirma, muy seria Curris

Una sombra primero, luego el contorno de una figura y al final, la imagen completa de una señora aparece frente a ellas en el espejo. Es guapa, parece una madre,  y las mira con arrobo.

Las cuatro vuelven la cabeza y detrás de ellas no hay nadie, ¡qué raro!, vuelven a mirar al espejo, y dentro, mirando al frente, sonriendo, está la señora que parece una madre.

-Si queréis entrar en el espejo, hoy, niñas, podéis hacerlo, y descubriréis el secreto del espejo -.

No lo piensan, se ponen de pie, dan un paso y, ¡ya!, están dentro del espejo.

Es como estar fuera, pero están dentro. Olivia mira hacia atrás, siente un escalofrío, la habitación de jugar está vacía y ellas, las cuatro, están dentro del espejo, pero solas, la señora ha desaparecido.

Es como si estuvieran fuera, en la habitación de jugar y, enfrente de ellas hay otro espejo, el mismo espejo, en el que se ven reflejadas, junto a la imagen de la señora que las invita a cruzar y entrar otra vez en siguiente espejo.

Dudan, no entienden nada, tienen miedo, un miedo que es cada vez mayor, intentan retroceder, salir del espejo, no pueden, están paralizadas.

Se mueven dentro del espejo y tratan de salir por la puerta de la habitación que está dentro del espejo, pero no, cuando llegan a donde no se veía en el cuarto de jugar, ahora la habitación  se acaba y no hay nada…dan vueltas y vueltas y nada, están en un sitio que es exactamente  lo que se veía desde fuera en el espejo.

-¡No tengáis miedo, cruzad, niñas, cruzad el espejo y conoceréis el gran secreto de los espejos! -.

-¡No tengáis miedo, cruzad, niñas, cruzad el espejo y conoceréis el gran secreto! -, repite una y otra vez la señora, muy amable y siempre sonriendo…

-Bueno, os dejo solas, pensad qué hacéis y, dentro de un rato vuelvo -.

Lloran, no pueden pensar, están muertas de miedo. Y si resulta que no pueden salir del espejo…

Curris mira hacia atrás, han aparecido las madres, se las ve a través del espejo, -pues aquí no están, ¿dónde se han metido las niñas?, escucha decir a una antes de que salgan las tres de la habitación de jugar.

-No nos pueden ver, ¿y ahora qué hacemos?, pregunta Olivia llorosa.

-Pensar, tenemos que pensar -, responde Mariana, que apenas puede hacerlo

-Si no hacemos algo no pasará nada -, exclama Coti, que tiene las ideas muy claras.

-Podemos preguntar a la señora, seguro que es buena, sonríe y tiene cara de madre -, sugiere Curris, que es mayor y piensa muy bien.

Lo dudan mucho, gimotean, se arrepienten, ¡nunca, nunca, volverán a entrar en un espejo!

En el espejo que tienen enfrente, en el que están ellas reflejadas, aparece la señora: -niñas, si queréis volver a casa, el viaje es hasta el final del espejo, son muchos espejos, pero,  al final, muy al final, está el principio, la puerta por la que habéis entrado en el espejo; ¿estáis preparadas?

En su desesperanza, porque no se les ocurre otra cosa, las cuatro al mismo tiempo, cruzan el espejo: otra vez aparece el cuarto de jugar, y, salvo ellas y  la señora, que les hace señas para que crucen también este espejo, está vacío.

Han intentado retroceder y es imposible volver al anterior espejo

Uno, otro, otro más, y delante, siempre ellas solas en  el cuarto de jugar,  la señora que hacía señas ha desaparecido…-¡cada vez están más lejos!.

De repente, frente a ellas la imagen ha cambiado, es muy parecido, algo ha cambiado y no es el mismo cuarto de jugar, hay dos niñas, una es como Curris y otra, un poco más pequeña,  se parece a Coti, que están hablando, una acaricia una muñeca grande y la otra sube y baja, delante de ella, una jirafa amarilla. 

-Hermana, ¿por qué no se puede entrar en el espejo?, si entramos, ¿en lugar de dos seríamos cuatro y jugaríamos mejor? -, pregunta la más pequeña.

-Ya sabes que no se puede entrar en los espejos…te lo he dicho mil veces, los espejos son para verse, pero son como una pared y no hay nada dentro -, contesta, como cansada de repetirlo, la mayor.

Y, mientras las cuatro miran jugar a las niñas por la puerta aparece la señora, ahora parece una madre de verdad,  que dice: -vamos niñas, daros prisa, es la hora del baño y va a llegar papá -.  

Cuando ven salir a las niñas detrás de su mamá y el cuarto de jugar queda vacío, las cuatro, a pesar de todos sus miedos, cruzan cinco veces el espejo; y la sexta,  ven a las mismas niñas, seguro que, aunque más pequeñas,  son las mismas; y ven que en el cuarto no es de jugar, hay una cuna y sentada en ella en ella una bebé, lo saben porque tiene pendientes y su ropa es rosa, y a su lado la otra, la que es como Curris pero más pequeña; entra en la habitación la señora, ahora es más joven que antes, se inclina, mira a la bebé, sonríe, da a la otra un beso en la cabeza y sale de la habitación.

-¡Es la abuela!, ¡es como en las fotografías de cuando mamá era bebé! -, exclama Olivia, que ha mirado muchas veces todos los álbumes de su casa y los de casa del abuelo.

-¡Y las niñas son las madres! -, grita Coti, emocionada.

-¡Tu madre es como tú,  Curris! -, lo ha descubierto Mariana.

-¡Eso ya lo sabía, el abuelo dice que soy como mi madre y parezco la abuela reencarnada! -.

Sin pensarlo saltan dentro del espejo, entran, y arrastradas vuelven a saltar muchas veces, hasta que se paran,  frente a ellas todo es oscuridad, no hay nada.

Miran detrás de ellas, tampoco hay nada, están encerradas en un lugar muy oscuro, se abrazan y lloran, lloran como desesperadas.

-¿Qué hacemos, Curris? -, pregunta Olivia angustiada.

-Pensar, pensar, ¿se te ocurre algo, Mariana?

-Estoy pensando, pero todavía no se me ha ocurrido nada -, dice Mariana.

-¡Agárrate bien a mí Olivia! ¡Coti y Mariana tienen muchas ideas y van a salvarnos! -, exclama Curris.

-La señora dijo que al final del espejo está la salida …-, murmura Coti

-Y si seguimos cruzando espejos… -, añade Mariana.

-¡Salimos! -, confirma, segura, Coti.

-Pues vamos!, ¿a qué esperamos?

Las cuatro, agarradas muy fuerte, de las manos, caminan hacia delante, avanzando en la oscuridad, dan pasos y más pasos, es como un pasillo que no acaba. El miedo se apodera de ellas, corren y corren, hasta jadean…

De pronto, sin saber cómo, están en la habitación, está recién pintada y, frente a ellas, una es una madre, está muy gorda, parece muy contenta de estar embarazada, y habla animadamente con un señor vestido con un traje gris.

-Me gusta, es estupendo para la habitación de la niña -, está explicando la madre, marido, has tenido una buena idea comprándolo-.

-Es un buen espejo, está nuevo y ha sido una oportunidad -, contesta el señor del traje gris.

-¿Está bien sujeto a la pared? -, pregunta la madre un poco preocupada

-Firme como una roca señora mía, en la vida se va a caer -.

¡Es el abuelo!, es la abuela -, grita Olivia

¡Es la abuela, es el abuelo! -, confirma Mariana

¡Son los abuelos! -, reconfirma Coti

¡Pues claro que son los abuelos!, ¡es el día que colocaron el espejo! -, concluye Curris.

 Los abuelos salen, agarrados de la mano, y la habitación se queda vacía.

Y, ¿ahora que hacemos?, pregunta Olivia

-No pasa nada, avanzamos un poco y ya estamos en el cuarto de juegos -, asegura Mariana.

Agarradas de las manos, como lo hicieron antes, se lanzan al espejo y, ¡qué cosas!, ya están, después de mucho susto, en el cuarto de juegos.

Respiran profundo, se ríen mucho, y sin decirlo en alto, aunque han visto a la abuela cuando era joven y a las madres cuando eran niñas, se prometen las cuatro que, aunque se pueden descubrir muchos secretos, obedecerán al abuelo y nunca más volverán a entrar en un espejo. 

Y, colorín colorado, este cuanto se ha acabado.


lunes, 24 de octubre de 2022

1016. DE LAS NUEVAS LEYES QUE VIENEN

 

Diego GL, mi buen amigo y condiscípulo desde siempre, dotado de una profunda sabiduría, ante las nuevas leyes que vienen, se plantea, nos plantea, una muy sencilla pregunta:

Si la princesa Sofía se declara hombre, ¿será ella el próximo “rey” de España? 

Y, porque, como aprendimos hace muchos años, toda situación es susceptible de empeorar, no me atrevo a pensar en una respuesta.

 

Notas:


·         La Infanta Sofía es la segunda hija del Rey Felipe VI de España.

·         La imagen está tomada de Diario de Sevilla, en Internet.