Pienso que no hay que apoyar, ¡en nada!,
al impresentable matón barriobajero que ocupa, elegido por sus compatriotas, la
presidencia de los Estados Unidos, en la guerra que, sin que se sepa por qué ni
para qué, ha emprendido contra Irán.
Sin embargo, ¡no
lo puedo remediar!, porque deseo con toda mi alma la desaparición de los
teócratas, ¡asesinos sin piedad!, que gobiernan Irán, no deja de alegrarme la
posibilidad de que el energúmeno americano los pueda destrozar.
Y, claro, dice
el Diccionario de la Lengua Española que cinismo es desvergüenza en el mentir o
en la defensa y practica de acciones o doctrinas vituperables, por ello, hoy, ¡casi
me avergüenzo!, me siento, soy, un cínico: ¡que mejor noticia que tus grandes
enemigos luchen entre ellos sin parar.
¡Por una vez, aunque no en los modos y por
muy distintas razones, estoy de acuerdo con el narciso doctor que nos gobierna
en su No a la guerra!
1 comentario:
Entiendo que el conflicto con Irán te suponga un dilema moral, pero yo no lo calificaría de "cinismo".
La geopolítica conlleva muchas contradicciones pero debe guiarse por la realidad y no por los deseos. El régimen teocrático de Irán, además de ser un régimen criminal para su pueblo, es un peligro y una amenaza para el orden internacional y, especialmente, para el estado de Israel que pretende destruir a cualquier precio.
El verdadero cinismo sí lo veo en el "no a la guerra" de nuestro presidente ya que solo está promovido por sus propios intereses. Un saludo.
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