miércoles, 10 de junio de 2026

1234. COSAS DE VIEJO: DE LA VISITA DEL PAPA LEÓN XIV A ESPAÑA

Aunque en temas de religión, como en tantos otros importantes, los números no siempre reflejan la realidad, se puede afirmar que, en el mundo, ¡cambiante y convulso!, actualmente viven aproximadamente 2.400 millones de cristianos, un tercio de la población mundial, que, de ellos, 1.400 millones son católicos y que de estos al menos un tercio, 500 millones son nietos del Imperio y hablan español.

Y, en estos días, el Sumo Pontífice, Su Santidad el Papa León XIV, Representante de Jesucristo en la tierra, cabeza de la Iglesia Católica y, por ello, “jefe” de los católicos del mundo, ha visitado, está visitando España.

La visita del Papa León XIV a España está siendo, ¡estamos en su cuarto día! un acontecimiento de primera magnitud por múltiples razones y a mí, como español católico, malo, heterodoxo y  del todo indigno de mis mayores, pero profundamente católico, me está obligando a reflexionar sobre algunas emociones que sumadas a las mil dudas que acompañan mí mente de viejo no dejan de cruzarse mi pensamiento.

Por ello, y sabiendo que cuanto pienso y escribo está lejos de ser riguroso, es desarticulado, confuso y, muy probablemente alejado de la auténtica realidad, he reunido en esta entrada algunas de las emociones que, al menos en estos momentos, me parecen importantes.

Así, decir que estoy absolutamente orgulloso como católico por tener un Papa con una visión clara de lo que es, ¡lo que debería ser!, el contenido de la Fe y la forma de vivir de un miembro, de todos los miembros, de la Iglesia Católica, y que, además, aun sabiendo que “muchas cosas” de las que el cree, las proclama, exige y defiende con firmeza, aunque a nosotros, a los bautizados, y a la mayoría de los hombres nos disgustan y hacemos de ellas ningún caso en nuestras vidas.

También estoy sumamente orgulloso por la organización, ¡impecable!, de la visita del Papa, está siendo una muestra del poder de la Iglesia, ¡que no ejerce!, y  de la capacidad de los católicos y de la sociedad española en general para hacer cosas grandes y hacerlas muy, muy bien.

Además, me ha llenado de alegría la presencia, en estos tiempos muchas veces escondida, de la fe católica en la sociedad española, que no ha dudado en acudir a los actos y salir a las calles para afirmar la solidez de sus creencias.

Y, esto es especialmente relevante, la disposición de los católicos españoles a recordar la esencia de generosa justicia, de caridad sin duda, que implica reconocer como natural de igualdad de los hombres y la dignidad de todas las personas humanas propia de nuestra tradición desde hace siglos; y ello a pesar de conocer y reconocer las dificultades para admitir y aceptar a los diferentes.

Ahora bien, en medio de la nube de alegría que me embarga, no puedo olvidar la presencia del Mal, la tentación permanente, impulsada por Satanás y padecida por nosotros, de excluir y, si fuera posible, exterminar, a quienes no aceptan nuestra manera de ver y entender la vida

Y, consecuencia de lo anterior, lo que más me inquieta, lo que más me preocupa, es la renuncia, ¡disimulada y muy callada!, de nuestra sociedad a la premisa fundamental del catolicismo español, esa que implica, al menos, la aspiración o el sueño amar al enemigo, devolver bien por mal y estar dispuestos al sacrificio hasta dar la vida sin dudarlo cuando, como tantas veces en el pasado, ¡los santos y los mártires hispanos son infinitos!, sea preciso en defensa de la Fe y la Caridad.

Sí, la visita del Papa León XIV ha sido para mí un aldabonazo que, acaso, es posible que, con la ayuda de la Iglesia y, sin duda, de Dios, puede hacer mejores a los católicos de todo el mundo, ¡a mí también!, y, como pedimos en todas nuestras oraciones, a todos los hombres de buena, ¡y de mala!, voluntad.

Dios nos ha regalado la visita del Papa y Él nos ha recordado la bondad y la necesidad de obedecer a Jesucristo, ahora solo nos queda hacer un poco de caso a lo que nos han dicho y recuperar con ello una parte esencial, nuestro catolicismo, del alma hispana.  

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