domingo, 10 de enero de 2021

917. DE LA NUEVA NORMALIDAD 61


DE LOS OLVIDOS

 

Esta mañana, con la blancura de la nieve y la luminosidad del día, he salido de casa para caminar, con mucho cuidado, sin pensar en la pandemia, hasta la mitad de la Gran Vía de Majadahonda y, arropado por las muchas personas que disfrutaban como yo la belleza fugaz de la calle vestida de nieve, acaso porque no es posible controlar las ruedas que mueven los pensamientos, mirando a todas partes, he tratado de dar forma a las ideas, efímeras como la nieve limpia, que han distraído mi paseo.

Pienso en Filomena, la jovencita griega o romana que olvidada siglos y desconocida santa que, desde ahora será recordada, ¿un milagro quizá?, por haber regalado su nombre a una grande y  preciosa nevada.

Y en Anás, Caifás. Herodes y Pilatos, olvidados cientos de años salvo para unos pocos judíos y luego conocidos y mitificados por algo que, muy probablemente, por no ser importante en su día, hicieron y también olvidaron.

En el otro extremo, pienso: ¿alguien recuerda, aunque sea solo el nombre, a los sabios Procio, Arquitas o Eratóstenes?; ¿a los deliciosos Alceo, Ampsias y Aristónimo?; ¿a los fieros Marco Vipsano, Ptolomeo o Belisario?; ¿a los músicos Victoria, Morales y Guerrero?, ¿a Villena, Pinar o Bernal, esas muy cultas mujeres?

Y, continúo: ¿alguno de mis lectores puede decir algo, si sabe su nombre, de la abuela materna de su abuela materna, de esa mujer, desconocida, a la que cada uno de nosotros debe la vida?

Y pienso en ellos y también en nosotros, en tanto trabajo, tanto esfuerzo, tanto amor y desamor vividos, tantas alegrías y tantas tristezas tenidas, tantos éxitos alcanzados, tanto de todo olvidado y, tanto que, es seguro, no se ha perdido.

Termino para decir que lo he visto del todo claro en mi paseo por la Gran Vía, nevada y preciosa, esta mañana:  aunque todo se pierde en el tiempo, como Filomena la santa, hay en nosotros, mucho de valor que, con la vida, lo llevamos dentro, y que ese mucho está hecho con esa muy poderosa argamasa que son los olvidos.   

 



 

 

viernes, 8 de enero de 2021

916. DE LA NUEVA NORMALIDAD 60

 


ENTRE NAVIDAD Y EPIFANÍA

 

Todo llega y todo pasa, bien lo sabemos, pero cuando por unos días se ha detenido la tormenta de desgracias y, entre Navidad y Epifanía, el cielo se ha llenado de luz y en nuestros corazones hemos vislumbrado la paz y gozado el sabor de la alegría, cuesta mucho admitir que todo ha sido, o lo parece, flor de pocos días.

Y, envuelto en el calor de mi casa, hoy miro por la ventana, para ver la nieve que cuaja y, ¡es un milagro!, cubre de blanco los pensamientos, grises y negros que, desde que se fueron los Magos de Oriente, han regresado para embargarme el alma.

La enfermedad y la muerte, la pobreza y la ignorancia, la envidia, la ira, el desprecio, el desamor y la venganza, por todas partes dolores y desgracias quedan ocultos bajo la nieve limpia y blanca. Sonrío y lloro luego, porque sé, todas mis lágrimas.

Mañana lloverá y, poco a poco, desaparecerá la nieve y, con ella, la alegría de todo lo bueno que hemos tenido entre Navidad y Epifanía, y que la nieve que nos han dejado los Reyes Magos ha prolongado por unos días.

Y, porque se que el Niño Dios, a pesar de todo, desde que nació no se ha ido, con el corazón abierto le pido que pronto nos traiga de nuevo, amor, y sabiduría, bienestar y templanza, paciencia, perdón y sabiduría, fe, paz, trabajo y gran alegría.

 


 

domingo, 3 de enero de 2021

915. DE LA NUEVA NORMALIDAD 59

 


Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar:
 

Porque siempre he creído en vuestra bondad y porque una tarde de mayo, delante de vuestro relicario, prometí mantener siempre la fe en vuestra sabiduría y magnanimidad, os escribo esta carta lleno ilusión para pediros tres grandes regalos que, por su valor e importancia, casi no me atrevo a escribir.

No, vosotros lo sabéis, no es algo que se pueda comprar con dinero; tampoco es amor, que ya lo tengo; ni, porque soy viejo, salud para vivir más tiempo.

Son tres cosas las que os pido, son para mis hijos y mis nietos, para mis hermanos, sus hijos y sus nietos; también para mis amigos, para sus hijos y sus nietos; son: primero, agradecimiento a Dios por haber nacido, segundo, confianza absoluta en que existe un futuro  mejor y, tercero, mucha fuerza  para trabajar cuanto haga falta, sin desmayo, cada uno en su camino.

Ya sé Rey Melchor, ya sé Rey Gaspar, ya sé Rey Baltasar, que es mucho lo que pido, pero porque sois reyes y magos, estoy seguro, el martes por la noche, en mis sueños, os escucharé decir, como cuando era niño, José Luisito, Amén.