jueves, 17 de junio de 2021

957. DE LA NUEVA NORMALIDAD 101

  

LO QUE YO, LO QUE NOSOTROS HARÍAMOS ES

 

 

 

El sentido común, el mío también, es un bien escaso, tan escaso que cuando

lo encuentro me produce mucha alegría y profunda admiración.

 

Esta mañana, en una reunión de amigos, todos septuagenarios, uno de ellos harto desde hace mucho tiempo de la mediocridad que tanto abunda en nuestra sociedad y, también en la política, ha puesto sobre la mesa una idea sencilla, tan sencilla y de sentido común, que me ha dejado sorprendido primero, paralizado después y, luego de unos minutos, del todo convencido de que es una de las mejores que he escuchado de los últimos años.

 

Basta ya de criticar a los otros, aunque sea con razón; basta ya de insultar, aunque los otros lo tengan merecido; basta ya de perder el tiempo, aunque sea entretenido; las criticas y los insultos no valen para nada, peor aún, ahondan las diferencias, y hacen despilfarrar, a todos, tiempo, ilusión y dinero.  Para progresar, en cualquier cosa, hacen falta ideas, hacen falta propuestas y hacen falta proyectos con metas claras, pasos bien estudiados, consecuencias bien medidas y todo cuantificado.

 

Vamos, que mi amigo nos ha recordado, con su gran sentido común, que todo consiste en hacer las cosas como nos enseñaron en el colegio y en la escuela, para luego, en la empresa, acabarlo de aprender.

 

…qué sí, ha terminado mi amigo, que lo que a mí me gustaría es que, en el Congreso de los Diputados, cuándo los políticos de la oposición suban al estrado o hablen desde sus escaños, no pierdan un segundo en criticar o insultar al doctor Sánchez o a sus ministros, que comiencen sus discursos, o sus turnos de réplica y contrarréplica con estas sencillas palabras: lo que yo haría, lo que nosotros haríamos es…

 

Claro que, para proponer bien, hay que saber y trabajar y eso, eso es mucho menos sencillo, incluso para mí, que criticar o insultar.

 

Vamos, que hoy he tenido la inmensa fortuna de escuchar a un maestro de la vida que, aunque septuagenario, no es viejo. Muchas gracias Josemari.
 

 

martes, 15 de junio de 2021

956. DE LA NUEVA NORMALIDAD 100

 

DE LA GENEROSIDAD DE JOE BIDEN

 

El presidente de las Estados Unidos, Joe Bien, doctor en Derecho por la muy antigua, exigente y prestigiosa Universidad de Siracusa, ha concedido a Pedro Sánchez permiso para caminar junto a él unos metros de pasillo y pronunciar delante suyo tres muy importantes palabras, good morning sir, y lo ha hecho el líder del mundo libre, ¡es muy generoso!, obviando que el español es doctor en Economía por esa Universidad Desconocida que, quizá porque está recién fundada, califica cum laude tesis plagiadas.

 

Y, debo decirlo, tanto me ha impresionado el doble gesto del Juris Doctor norteamericano que me he obligado a tratar de adivinar la razón de tanta generosidad con el doctor Sánchez.

 

¿Será porque al americano le gustan los hombres altos? ¿Será porque admira los trajes bien cortados? ¿Será que le entusiasman los bien peinados?

 

No, seguro que no, todos los días ve trajes bien cortados, tiene colaboradores muy altos y todos, todos, cuándo se dirigen a él, están repeinados.

 

¿Será que le gustan los hombres sabios? ¿Será que le interesan los líderes admirados? ¿Será que le interesan quienes destacan por ser amados?

 

No, seguro que no: ¡hay por el mundo tantos y tantos hombres amados, sabios y muy admirados!

 

Horas y horas pensando…

 

¡Qué espanto!, los años me traicionan, como tantas veces, me estaba equivocado, lo que parece un gesto generoso tan solo es el capricho súbito de un septuagenario curioso:  ver en persona, por un momento, al doctor Sánchez, campeón del mundo en eso de ser felón, trapacero y mentiroso.

 

Nota: la fotografía es del Heraldo de Aragón




 

 

domingo, 13 de junio de 2021

955. DE LA NUEVA NORMALIDAD 99

 

REGALOS DE LA VIDA

 

Sí, cuándo tienes los ojos abiertos la vida te hace regalos: ayer conocí a una persona especial. Su nombre es Silvia FC, es Licenciada en Filosofía y letras, tiene los ojos vivos, es morena, de tez clara y voz alegre, está llena de sentido común y, desde hace veinte años, está casada, ¡qué barbaridad!, con un artista ruso, un pintor que, desde Estonia, vino a ella y le enamoró.

 

Hasta aquí todo entra en el marco de lo que es, más o menos, normal; pero hay más: está mujer, lista, cultivada y capaz, es una de las mujeres, solo 700 (el 6% del total), que conduce un taxi en Madrid.

 

Al nacer el Siglo XXI ella quería casarse, los artistas van despacio y porque, ella lo sabía, con solo su carrera era imposible mantener un hogar, vio la oportunidad y no dudó, desde entonces conduce su coche y es taxista en Madrid.

 

Esta mujer, Silvia, con su taxi, además de asegurar la vida de su familia, ha regalado a la humanidad un gran artista, ella no tendría en su casa a un mal pintor, que, poco a poco, a trompicones, ya se sabe cómo son las cosas, va vendiendo cuadros y gana el reconocimiento que merece por buen pintor.

 

¿Qué, por qué sigue esta mujer, una historiadora y con un marido buen pintor, conduciendo su taxi en Madrid?: muy sencillo, el arte aunque produce, va despacio, los gastos, con los los hijos crecen y ella quiere seguir teniendo un hogar tranquilo, seguro y feliz.

 

¿Hay más? Sí, dentro de un tiempo, cuando lo termine, aparecerá en las librerías un buen libro, el primero de Silvia, sin título todavía, sobre la vida en el ayer y en el hoy de las calles de Madrid.

 

Y sí, la vida, cuando tienes los ojos abiertos, te hace regalos, y ayer  tuve la fortuna de tropezar  con  una muy hermosa estampa de lo que es mejor en la ciudad de Madrid.

 

 



 

miércoles, 9 de junio de 2021

954. DE LA NUEVA NORMALIDAD 98

  

  

DE TODO Y POR SU ORDEN 

 

En estos tiempos convulsos unos días en el silencio de Extremadura ayudan a pensar y a poner un poco de orden en el cúmulo de temas, todos mezclados, que, sin poderlo remediar, agitan mi mente y me impiden descansar.

Los problemas con Marruecos y sus niños sin futuro, los indultos de los separatistas catalanes, los cambios en derechos fundamentales, el distanciamiento de los Estados Unidos, la incertidumbre de la gestión de la pandemia y la apertura de las fronteras; las dificultades en la exportación, el declive de la economía, la desunión entre los españoles y la progresiva deriva populista en América, son algunas, no todas, de las cuestiones en que mí cabeza, articulada en esquemas y valores del Siglo XX, se han mezclado en una tormenta imposible de entender y, menos todavía de soportar.

No puedo con todo al mismo tiempo, me digo; habría que tratar los problemas, como las patatas calientes, uno por uno: lo de Marruecos es la  mezcla  explosiva del interés de ese país por conseguir la soberanía del Sahara, la oportunidad de dar ilusión a sus niños más pobres y la debilidad del gobierno de España; lo de los indultos, aunque la mayor parte de los españoles esté en desacuerdo,  es parte del precio del doctor Sánchez para seguir en el gobierno o, acaso, su intento para entrar en la Historia como el Pacificador o, quizá, como el Destructor, de España; los cambios en la legislación (la presunción de inocencia), una pequeña cesión a las “locas” feministas de Podemos; el distanciamiento de Estados Unidos, a fin de cuentas tampoco importa, los que dentro de poco van a mandar son los chinos; que la gestión de lo que queda de pandemia, las vacunas o la apertura de fronteras, no tiene importancia, si vienen turistas que gasten, ¡la gente cuando le aprieta el zapato, encuentra soluciones!; que no se vendan fragatas ni a Grecia ni a ninguna parte, bueno, es que “los extranjeros no saben, ellos se lo pierden”; que los españoles están desunidos, bueno, somos como somos y al doctor Sánchez le viene bien; que el populismo bolivariano  crece en América, ¡la derecha es tan mala, que es natural!, y si nuestras grandes empresas tienen problemas, pues mejor, con las ayudas de Europa se nacionalizan y, ¡ya está!

Pero no, todo lo anterior son síntomas, quizá problemas puntuales, que, aunque fuera posible resolverlos uno a uno, inmediatamente de conseguirlo, daríaan paso a otros nuevos, y acaso mayores. Quizá, para salir del caos, fuera mejor olvidar los detalles y centrar el esfuerzo en descubrir las causas, la causa profunda, en la que están las raíces del árbol, frondoso, de nuestras desgracias.

E, inmediatamente, para centrarme, me vienen a la memoria los éxitos o los desastres de los hombres que, con Carlos III iluminaron, por última vez, las Españas; Joaquín Costa y los regeneracionistas, que vivieron en sus almas el final del Imperio; los intelectuales que, para renovar España, trajeron la II República; y los que, con el Rey Don Juan Carlos I, con la transición, hicieron la paz, modernizaron e hicieron tan magnífica nuestra actual España.

Y, pienso, todos aquellos hombres, aunque separados en el tiempo, tenían algo en común: una meta y un proyecto para transformar a mejor España. Y, ¿por qué unos, los regeneracionistas y los republicanos no tuvieron éxito mientras que los ilustrados de Carlos III y los que hicieron la transición sí lo tuvieron? Una meta y un proyecto, aunque necesarios no son suficiente, hacía falta algo más: un gran pacto de grandes líderes que, siendo ilusionante, arrastrase a la sociedad: en el Siglo XVIII el propio Rey Carlos, con el Conde de Aranda, Floridablanca y los ilustrados; en el Siglo XX, el Rey Juan Carlos, Suarez, Carrillo, Felipe y los grandes de la transición; en los dos casos, los españoles, con sus líderes al frente encontraron, a pesar de las dificultades, la solución de los grandes problemas y, para muchos años, tiempos de ilusión, progreso, paz y prosperidad.

Y, ¿ahora qué? Resolver los muchos y graves problemas que nos aquejan, para el doctor Sánchez es imposible; aunque él fuera un semidios y sus ideas, sus metas y sus proyectos pudieran ser “la solución”, le falta el apoyo consensuado de los españoles. Está claro, al igual que el que también fue presidente del gobierno, Arias Navarro, ¿alguien lo recuerda?, el doctor Sánchez hoy es el “gran problema” y no el hombre para una nueva transición.

No, los problemas que hay que solucionar no son los muy graves que cada día afloran en nuestra realidad cotidiana y en los medios de comunicación, no son Marruecos, Estados Unidos, ni siquiera la pandemia; lo que hay que resolver,  es el de tener en el gobierno al doctor Sánchez y su progresivo caminar hacia el absurdo de su propia destrucción. Bien es verdad que acaso los españoles no necesitemos hacer nada especial para echar del Palacio de la Moncloa a su actual ocupante, probablemente, como buen Narciso, de un día para otro desaparecerá solo; y sin él, con la experiencia ganada por todos en estos años, estoy seguro que, enseguida, con el acuerdo de la mayoría, los problemas actuales, resueltos uno por uno, como las patatas calientes, quedarán en el olvido.

Ah, olvidaba lo más importante de mis días en Extremadura: en la Iglesia del Monasterio de Yuste, el día del Corpus Christi se celebra una preciosa Misa cantada, es tan hermosa que nadie, ni el mayor de los ateos, si tiene ocasión, puede dejar de asistir y disfrutar.