DE TODO Y POR SU ORDEN
En estos tiempos convulsos unos días
en el silencio de Extremadura ayudan a pensar y a poner un poco de orden en el
cúmulo de temas, todos mezclados, que, sin poderlo remediar, agitan mi mente y
me impiden descansar.
Los problemas con Marruecos y sus
niños sin futuro, los indultos de los separatistas catalanes, los cambios en
derechos fundamentales, el distanciamiento de los Estados Unidos, la
incertidumbre de la gestión de la pandemia y la apertura de las fronteras; las
dificultades en la exportación, el declive de la economía, la desunión entre
los españoles y la progresiva deriva populista en América, son algunas, no
todas, de las cuestiones en que mí cabeza, articulada en esquemas y valores del
Siglo XX, se han mezclado en una tormenta imposible de entender y, menos
todavía de soportar.
No puedo con todo al mismo tiempo,
me digo; habría que tratar los problemas, como las patatas calientes, uno por
uno: lo de Marruecos es la mezcla explosiva del interés de ese país por
conseguir la soberanía del Sahara, la oportunidad de dar ilusión a sus niños
más pobres y la debilidad del gobierno de España; lo de los indultos, aunque la
mayor parte de los españoles esté en desacuerdo, es parte del precio del doctor Sánchez para
seguir en el gobierno o, acaso, su intento para entrar en la Historia como el
Pacificador o, quizá, como el Destructor, de España; los cambios en la
legislación (la presunción de inocencia), una pequeña cesión a las “locas”
feministas de Podemos; el distanciamiento de Estados Unidos, a fin de cuentas
tampoco importa, los que dentro de poco van a mandar son los chinos; que la
gestión de lo que queda de pandemia, las vacunas o la apertura de fronteras, no
tiene importancia, si vienen turistas que gasten, ¡la gente cuando le aprieta
el zapato, encuentra soluciones!; que no se vendan fragatas ni a Grecia ni a
ninguna parte, bueno, es que “los extranjeros no saben, ellos se lo pierden”;
que los españoles están desunidos, bueno, somos como somos y al doctor Sánchez
le viene bien; que el populismo bolivariano
crece en América, ¡la derecha es tan mala, que es natural!, y si
nuestras grandes empresas tienen problemas, pues mejor, con las ayudas de
Europa se nacionalizan y, ¡ya está!
Pero no, todo lo anterior son
síntomas, quizá problemas puntuales, que, aunque fuera posible resolverlos uno
a uno, inmediatamente de conseguirlo, daríaan paso a otros nuevos, y acaso
mayores. Quizá, para salir del caos, fuera mejor olvidar los
detalles y centrar el esfuerzo en descubrir las causas, la causa profunda, en
la que están las raíces del árbol, frondoso, de nuestras desgracias.
E, inmediatamente, para centrarme,
me vienen a la memoria los éxitos o los desastres de los hombres que, con
Carlos III iluminaron, por última vez, las Españas; Joaquín Costa y los
regeneracionistas, que vivieron en sus almas el final del Imperio; los
intelectuales que, para renovar España, trajeron la II República; y los que,
con el Rey Don Juan Carlos I, con la transición, hicieron la paz, modernizaron
e hicieron tan magnífica nuestra actual España.
Y, pienso, todos aquellos hombres,
aunque separados en el tiempo, tenían algo en común: una meta y un proyecto
para transformar a mejor España. Y, ¿por qué unos, los regeneracionistas y los
republicanos no tuvieron éxito mientras que los ilustrados de Carlos III y los
que hicieron la transición sí lo tuvieron? Una meta y un proyecto, aunque
necesarios no son suficiente, hacía falta algo más: un gran pacto de grandes líderes
que, siendo ilusionante, arrastrase a la sociedad: en el Siglo XVIII el propio
Rey Carlos, con el Conde de Aranda, Floridablanca y los ilustrados; en el Siglo
XX, el Rey Juan Carlos, Suarez, Carrillo, Felipe y los grandes de la
transición; en los dos casos, los españoles, con sus líderes al frente
encontraron, a pesar de las dificultades, la solución de los grandes problemas
y, para muchos años, tiempos de ilusión, progreso, paz y prosperidad.
Y, ¿ahora qué? Resolver los muchos y
graves problemas que nos aquejan, para el doctor Sánchez es imposible; aunque
él fuera un semidios y sus ideas, sus metas y sus proyectos pudieran ser “la
solución”, le falta el apoyo consensuado de los españoles. Está claro, al igual
que el que también fue presidente del gobierno, Arias Navarro, ¿alguien lo
recuerda?, el doctor Sánchez hoy es el “gran problema” y no el hombre para una
nueva transición.
No, los problemas que hay que
solucionar no son los muy graves que cada día afloran en nuestra realidad cotidiana
y en los medios de comunicación, no son Marruecos, Estados Unidos, ni siquiera
la pandemia; lo que hay que resolver, es
el de tener en el gobierno al doctor Sánchez y su progresivo caminar hacia el
absurdo de su propia destrucción. Bien es verdad que acaso los españoles no
necesitemos hacer nada especial para echar del Palacio de la Moncloa a su actual
ocupante, probablemente, como buen Narciso, de un día para otro
desaparecerá solo; y sin él, con la experiencia ganada por todos en estos años,
estoy seguro que, enseguida, con el acuerdo de la mayoría, los problemas
actuales, resueltos uno por uno, como las patatas calientes, quedarán en el
olvido.
Ah, olvidaba lo más importante de
mis días en Extremadura: en la Iglesia del Monasterio de Yuste, el día del
Corpus Christi se celebra una preciosa Misa cantada, es tan hermosa que nadie,
ni el mayor de los ateos, si tiene ocasión, puede dejar de asistir y disfrutar.