martes, 5 de noviembre de 2024

1157. COSAS DE VIEJO: DE LA NEUTRALIDAD DE ESPAÑA

 

Hoy, martes 5 de noviembre de 2024, abrumado y entristecido por el horror que estamos viviendo en España, me doy cuenta de que se están celebrando las elecciones que harán presidente de los Estados Unidos de Norteamérica a la señora Harris o al señor Trump; y tengo muy claro que, como español que, aunque viejo, tiene memoria y piensa un poco, no me gusta ninguno de los dos candidatos.

Y, sin entrar en detalles, sabiendo lo nada bueno que los hispanos de todas las Españas hemos recibido, ahora mismo seguimos recibiendo de los anglos, y a la vista de los candidatos a la presidencia norteamericana, pienso que acaso estamos ante  una necesidad sobre la que nuestros políticos ni siquiera se plantean: desligarnos de los anglos y volver a la neutralidad española, a la que nos dejó fuera de la I Guerra, por cierto, en 1918 nos premiaron poniendo a la gripe, era suya, el apellido de Española; y de la II Guerra  Mundial, que ellos volvieron a ganar y, nos castigaron, perdonando a los alemanes, con años de aislamiento internacional, para intentar matarnos de hambre.

¿Tiene sentido estar luchando por cuenta de los anglos, poniendo en peligro las vidas de nuestros soldados y gastando un dinero que no tenemos, para que, si ellos vencen a los rusos, nunca nos han atacado, quedar nosotros destrozados; y si pierden, quedar nosotros vencidos y arruinados?

Pero no, los medios de comunicación y nuestros políticos, ¡cuántos ineptos miserables!,  unos, si gana la señora Harris, como si  fuera propia, cantarán ¡victoria, victoria!, y si gana  el señor Trump, otros, también como si fuera suya, cantarán lo mismo: ¡victoria, victoria! Y, lo peor, es que gane quien gane, nosotros, tal y como están las cosas, habremos avanzado, y no poco, hacia otra, muy triste, derrota.

Creo que va siendo hora de que los españoles, los hispanos de todas las Españas, pensemos por nosotros mismos, hagamos lo que nos conviene,  y dejemos de ser idiotas.

domingo, 3 de noviembre de 2024

1156. COSAS DE VIEJO: DE UN PRESUNTO DELITO DE HOMICIDIO POR IMPRUDENCIA


No soy abogado, mi vida profesional se ha desarrollado en otros ámbitos y lo poco que sabía, cuándo en 1967  terminé la carrera de Derecho en la Universidad de Madrid, lo he olvidado.

Sin embargo, quizá porque mi profesor de Derecho Penal me lo preguntó un día en clase, recuerdo muy bien la existencia  entonces de un artículo, he olvidado su número y su texto exacto, que contemplaba un delito que sigue existiendo en el Artículo 142.1, del Código Penal  vigente, que dice: “El que por imprudencia grave causare la muerte de otro, será castigado, como reo de homicidio imprudente, con la pena de prisión de uno a cuatro años”.

Y, hoy, mientras sigo viendo, con inmenso dolor, lleno de  tristeza, la tragedia que ha causado la gota fría y lamentando la desastrosa gestión de las ayudas a quienes han perdido a seres queridos y  han visto desaparecer todo cuanto poseían, me pregunto si estamos ante un delito de homicidio imprudente cometido por quienes tenían la responsabilidad de salvar a personas que han muerto.

Evidentemente, porque no sé quienes son las personas concretas responsables, ni el detalle de sus actuaciones  en la gestión de este desgraciado drama; y tampoco sé si lo que han hecho o dejado de hacer encaja en lo que dice el Artículo 142.1 del Código Penal, tengo que reconocer que todo lo anterior, desde mi punto de vista, es “presunto”.

Pero, quizá, acaso sea posible que, de oficio o a instancia de parte, hay cientos de fallecidos, se inicie un procedimiento que siente en el banquillo a algunos de los políticos que hoy mandan en España.

Ah, y es bueno recordarlo, en las leyes españolas también existe eso de la responsabilidad civil.

viernes, 1 de noviembre de 2024

1155. COSAS DE VIEJO: DE LA GOTA FRÍA, ALGUNAS PREGUNTAS

 

Lleno de tristeza, he de decir que estoy abrumado por la tragedia que ha causado la gota fría, sobre todo, en Valencia, Málaga, Albacete y Almería; con hasta ahora cerca de doscientos muertos y no se sabe cuántos desaparecidos, no dejo de pensar en las personas muertas, en sus familias, y en aquellas que sufren la incertidumbre de no saber nada de sus familiares  desaparecidos.

Y, en estos días, lamento también, aunque en menor grado, la carrera de los políticos para culpar de la desgracia, todo lo que pueden, a sus adversarios, mientras hablan de la calidad, demostrada inútil, de su gestión.

Por ello, además de pensar en que las ayudas, de todos, deberían llegar, y pronto, a quienes lo han perdido todo y a los pueblos que han visto destrozada su economía, entiendo que los ciudadanos deberíamos conocer con verdad, detalle y rigor, las respuestas a, por lo menos, las siguientes preguntas:

  • ¿Había construcciones u otros obstáculos en cauces de ríos o torrentes? ¿Por qué?
  • ¿Las previsiones meteorológicas fueron correctas en tiempo y forma?
  • ¿Los avisos a la ciudadanía fueron acertados y adecuadamente difundidos?
  • ¿Por qué razón o razones los ciudadanos no han escuchado o atendido las alarmas emitidas?
  • ¿La gestión de las operaciones de rescate ha sido eficiente? Por qué?
  • ¿Quién será responsable de tomar medidas para que esto no vuelva a suceder?

 Y, además, me lo pregunto, ¿hay otros lugares en España donde una catástrofe natural, otras inundaciones, un terremoto, el despertar de un volcán, pueden producir desastres que, de alguna manera la mano humana podría atenuar?

Nota: la imagen que ilustra esta entrada está tomada de 20 Minutos en Internet




miércoles, 30 de octubre de 2024

1154. COSAS DE VIEJO: DE LAS SEÑORAS COMUNISTAS Y SOCIALISTAS, ESAS NIÑAS MALCRIADAS


Estoy lleno de dudas, no se si llorar o reír: lo que ha hecho, abusar de mujeres, el señor Errejón, destacado político de extrema izquierda, me inclina a llorar, y mucho; el cómo han reaccionado sus correligionarias, comunistas y socialistas, me hace casi imposible contener la risa mientras las veo comportarse como lo que en realidad son: niñas caprichosas y malcriadas.

Lo explicaré: las señoras (¿?) comunistas, cual niñas malcriadas, mentirosas ellas, juran y perjuran, sí perjuran, que no sabían nada, que ellas son buenas y, porque son buenas, muy acusicas, si lo hubieran sabido  se lo hubieran dicho a mamá para que castigase a su malo, malo, muy malo, pequeño hermano. Además, por si acaso, han pedido, entre lágrimas, a  su mamá que castigue al resto de sus hermanos, solo a los chicos, antes de que se porten mal, con un cursillo, en un rincón, para escribir mil veces “los niños no pegan a las niñas ni con una flor”

Las señoras (¿?) socialistas, también cual niñas malcriadas, trapaceras ellas, aprovechando la ocasión, olvidando a sus hermanos de partido y a su  primo comunista y abusón, acusan a sus vecinos, los del PP “por no tener” los protocolos, ¿qué será eso?, que ellas sí tienen, les valen para nada, para que siempre, siempre, se porten bien y cumplan lo del  sí es sí.  

Y, vuelvo a pensarlo, ahora mejor, recordando a los millones  de madres, padres también, que han votado y volverán a votar  a esas niñas, comunistas y socialistas, malcriadas, mentirosas y trapaceras,  para que dirijan la sociedad española, se me han quitado las ganas de reír y me he puesto a llorar.


Nota: la imagen que ilustra esta entrada está tomada de Sapos y Princesas, en Internet.




lunes, 28 de octubre de 2024

1153. COSAS DE VIEJO: DE LAS MALAS COMPAÑÍAS


Cuando éramos niños quienes ahora somos viejos, una de las mayores preocupaciones  de nuestros padres y de nuestros maestros era evitar que sus hijos y discípulos cayeran en manos de lo que entonces se llamaban “malas compañías”, que, por otra parte, en la sociedad de entonces eran una pequeña minoría.

Siempre, entonces y ahora, parecía y quizá es, mucho más atractivo para un niño o un joven estar cerca y disfrutar con otros haciendo cosas “divertidas”, sobre todo por estar fuera o en contra de las normas marcadas por la sociedad.

Y, para colmo, mientras los padres o maestros no se enterarán, las cosas resultaban más fáciles y gratificantes estando con “los malos” y haciendo maldades, que siendo un niño o una niña modosos y trabajadores: copiar era mejor que estudiar, hacer novillos más divertido que estar en clase, o hablar en misa mucho menos aburrido que escuchar al cura hablado en latín; todo era más fácil siendo malo que siendo bueno.

Además, los chicos, aun los mejores, envidiaban a “los malos” porque estos tenían a las chicas  más atractivas, y las chicas, aún las mejores, tenían más interés por “los malos” que por los buenos.

Evidentemente, los adultos de entonces tenían muy claro que, porque “los malos”, si no dejaban de serlo, al final acababan mal, y que  quien anda con malos, aunque no quiera, sufre mucho, deja de serlo o se hace malo, trataban de evitar a toda costa que sus hijos y, especialmente sus hijas, estuvieran con malas compañías.

Han pasado muchos años desde entonces, pero en la sociedad actual sucede más o menos lo mismo, nada ha cambiado, el bien sigue siendo el bien y el mal sigue siendo el mal, y sigue habiendo muchas personas, no lo pueden remediar, que sienten atroz atractivo y se juntan, haciéndose como son ellas, malas compañías.

Pero, una vez más lo diremos, el mal es muy peligroso y al final se paga, obviando la realidad del “dime con quién andas y te diré quién eres”, cuando se descubre algo muy malo, pasa lo que pasa, en el seno de las malas compañías se dice, gritando, aquello del ¡yo no he sido!, ¡hice lo que puede!, ¡yo no lo sabía!, ¡me engañó!, ¡yo no tengo la culpa!, ¡es que parecía bueno y era muy malo!

Y, algunos, a veces los peores, se salvan, y los que no eran del todo malos, lo pagan.

¡Qué razón tenían nuestros padres y nuestros maestros cuando nos prevenían de las malas compañías!


Nota: la imagen que ilustra esta entrada está adaptada de otra tomada de 123 RF en Internet.



sábado, 26 de octubre de 2024

1152. COSAS DE VIEJO: DE IÑIGO ERREJÓN, LOS MIEDOS, EL ACOSO, EL MALTRATO Y LA PEDERASTIA

 

El hecho, terrible, de que un señor, Íñigo Errejón, un líder de la regeneración, profesor universitario, comunista, feminista y luchador incansable contra la corrupción haya sido denunciado y, a la espera de lo que dentro de un tiempo puedan decir los jueces, haya sido condenado por la sociedad por acoso y maltrato a un buen número de mujeres me ha llenado de tristeza y consternación.

Y la causa de mí tristeza  no es porque este hombre haya cometido sus desmanes siendo un miembro destacado de la clase, éticamente superior, que, ellos dicen, son las izquierdas; a fin de cuentas, hombres, también mujeres, egoístas, narcisistas, prepotentes y malvados, existen desde que el mundo es mundo, en todos los grupos sociales.

Es por otro motivo: el miedo terrible, insuperable muchas veces, que las víctimas, sus familias y también las familias y los próximos de los acosadores, maltratadores y pederastas, tienen a las consecuencias de que se sepan los hechos, y sobre todo, a denunciarlos ante la policía o en los juzgados.

Esta realidad, que puede parecer obvia, la descubrí hace unos años cuando  me documenté para escribir  Julia, mi novela sobre el maltrato, e hice del miedo a las consecuencias, terribles, de denunciar a un marido maltratador, la causa de su asesinato.

Una gran parte, la mayoría,  de los abusos, los maltratos y la pederastia, afirman los expertos, se producen dentro de las familias, la Iglesia es una familia, que, para proteger al malvado padre, hijo  o hermano, y mantener la “buena imagen” de la familia, hacen callar a la mujer, al niño o a la niña víctimas de los abusos o el maltrato.

Otra gran parte  de los abusos y el maltrato, se cometen en el trabajo, donde los jefes hombres, también mujeres, hacen sufrir a quienes intentan seducir, o seducidas ya, torturan y maltratan a sus víctimas. En este caso las afectadas callan por miedo, sobre todo a perder el trabajo; los compañeros, cuando se enteran, tampoco lo denuncian, incluso llegan a culpar a la víctima, por temor al maltratador o a las consecuencias de denunciarlo; y los superiores, para guardar el prestigio de la organización, su propio prestigio, también guardan silencio.

Y, para colmo, cuando el abuso  se produce en un lugar público, en una discoteca, incluso en la calle, hay quien lo ve, o se entera que se está produciendo, ríe “la gracia” y echa la culpa a la chica, por “ligera”, “provocadora” o “golfa”.

Volviendo ahora al caso del señor Errejón, ¡nunca jamás debería volver a entrar en el  aula de una universidad!, la realidad, la absoluta realidad, es que sus víctimas, sus colaboradores, sus jefes, si los tenía, del partido, todos miembros de esa clase “éticamente superior” que ellos afirman es la izquierda, y quienes supieran lo que estaba haciendo, por miedo, por puro miedo, han callado.

No digo que no pueda haber casos, seguro que los hay, dentro de otras formaciones de izquierdas de derechas o neutras, pero lo que sí está claro es quienes han callado los crímenes, son crímenes, del señor Errejón deben pagar por haberlos encubierto y, esto es lo más importante, porque en estos tiempos sigue siendo absoluta verdad que “el miedo guarda la viña”, sirva de ejemplo para que otros no hagan lo mismo, y denunciando los abusos, la pederastia o el maltrato, eviten que se produzca, o al menos se atenúe,  la extensión del mal.

martes, 22 de octubre de 2024

1151. COSAS DE VIEJO: DE PERDER EL TIEMPO Y DE LA PEREZA


Un día, cuando era muy niño, lo he contado muchas veces,  me acerqué a mi madre y le dije: - mamá, estoy aburrido. Y ella, muy sería, contestó: -ahí tienes un libro, léelo.

Desde entonces nunca en mi vida he tenido esa sensación que el diccionario de la lengua define como aburrimiento, o “cansancio de ánimo originado por falta de estímulo o distracción”.

Y, quizá por ello, también he desconocido ese “pecado” que es la pereza, negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados; siempre he tenido muy claro que hay que hacer lo que hay que hacer, y hacerlo rápido, sin pensar si requería o no esfuerzo.

Incluso diré que nunca he podido comprender cómo había personas, como Néstor, el de “La fiaca”, o mi amigo Josemari, que, por desgana o indolencia, podían perder ese bien, tan valioso,  que era el tiempo. Tanto es así que  cuando mi amigo explicaba  el placer que sentía, desde niño, al “levantarse temprano para poder perder más tiempo”, hasta hace bien poco, me parecía una broma, casi, de humor negro.

Sin embargo, en estos últimos tiempos, porque me he hecho viejo, seguro, aunque sigo sin aburrirme, no me importa, incluso me agrada, perder el tiempo sin hacer nada. He descubierto que, tranquilamente, cuando dejo a mi mente pensando sola, ¡no descansa!, no la escucho y me abstraigo, comprendo, siento y disfruto el placer  de ese “pecado”, la pereza, que es estar perdiendo el tiempo.

¡Qué cosas pensamos y hacemos  los viejos!


Nota: la imagen que ilustra esta entrada está tomada de algún sitio en  Internet