domingo, 13 de junio de 2021

955. DE LA NUEVA NORMALIDAD 99

 

REGALOS DE LA VIDA

 

Sí, cuándo tienes los ojos abiertos la vida te hace regalos: ayer conocí a una persona especial. Su nombre es Silvia FC, es Licenciada en Filosofía y letras, tiene los ojos vivos, es morena, de tez clara y voz alegre, está llena de sentido común y, desde hace veinte años, está casada, ¡qué barbaridad!, con un artista ruso, un pintor que, desde Estonia, vino a ella y le enamoró.

 

Hasta aquí todo entra en el marco de lo que es, más o menos, normal; pero hay más: está mujer, lista, cultivada y capaz, es una de las mujeres, solo 700 (el 6% del total), que conduce un taxi en Madrid.

 

Al nacer el Siglo XXI ella quería casarse, los artistas van despacio y porque, ella lo sabía, con solo su carrera era imposible mantener un hogar, vio la oportunidad y no dudó, desde entonces conduce su coche y es taxista en Madrid.

 

Esta mujer, Silvia, con su taxi, además de asegurar la vida de su familia, ha regalado a la humanidad un gran artista, ella no tendría en su casa a un mal pintor, que, poco a poco, a trompicones, ya se sabe cómo son las cosas, va vendiendo cuadros y gana el reconocimiento que merece por buen pintor.

 

¿Qué, por qué sigue esta mujer, una historiadora y con un marido buen pintor, conduciendo su taxi en Madrid?: muy sencillo, el arte aunque produce, va despacio, los gastos, con los los hijos crecen y ella quiere seguir teniendo un hogar tranquilo, seguro y feliz.

 

¿Hay más? Sí, dentro de un tiempo, cuando lo termine, aparecerá en las librerías un buen libro, el primero de Silvia, sin título todavía, sobre la vida en el ayer y en el hoy de las calles de Madrid.

 

Y sí, la vida, cuando tienes los ojos abiertos, te hace regalos, y ayer  tuve la fortuna de tropezar  con  una muy hermosa estampa de lo que es mejor en la ciudad de Madrid.

 

 



 

miércoles, 9 de junio de 2021

954. DE LA NUEVA NORMALIDAD 98

  

  

DE TODO Y POR SU ORDEN 

 

En estos tiempos convulsos unos días en el silencio de Extremadura ayudan a pensar y a poner un poco de orden en el cúmulo de temas, todos mezclados, que, sin poderlo remediar, agitan mi mente y me impiden descansar.

Los problemas con Marruecos y sus niños sin futuro, los indultos de los separatistas catalanes, los cambios en derechos fundamentales, el distanciamiento de los Estados Unidos, la incertidumbre de la gestión de la pandemia y la apertura de las fronteras; las dificultades en la exportación, el declive de la economía, la desunión entre los españoles y la progresiva deriva populista en América, son algunas, no todas, de las cuestiones en que mí cabeza, articulada en esquemas y valores del Siglo XX, se han mezclado en una tormenta imposible de entender y, menos todavía de soportar.

No puedo con todo al mismo tiempo, me digo; habría que tratar los problemas, como las patatas calientes, uno por uno: lo de Marruecos es la  mezcla  explosiva del interés de ese país por conseguir la soberanía del Sahara, la oportunidad de dar ilusión a sus niños más pobres y la debilidad del gobierno de España; lo de los indultos, aunque la mayor parte de los españoles esté en desacuerdo,  es parte del precio del doctor Sánchez para seguir en el gobierno o, acaso, su intento para entrar en la Historia como el Pacificador o, quizá, como el Destructor, de España; los cambios en la legislación (la presunción de inocencia), una pequeña cesión a las “locas” feministas de Podemos; el distanciamiento de Estados Unidos, a fin de cuentas tampoco importa, los que dentro de poco van a mandar son los chinos; que la gestión de lo que queda de pandemia, las vacunas o la apertura de fronteras, no tiene importancia, si vienen turistas que gasten, ¡la gente cuando le aprieta el zapato, encuentra soluciones!; que no se vendan fragatas ni a Grecia ni a ninguna parte, bueno, es que “los extranjeros no saben, ellos se lo pierden”; que los españoles están desunidos, bueno, somos como somos y al doctor Sánchez le viene bien; que el populismo bolivariano  crece en América, ¡la derecha es tan mala, que es natural!, y si nuestras grandes empresas tienen problemas, pues mejor, con las ayudas de Europa se nacionalizan y, ¡ya está!

Pero no, todo lo anterior son síntomas, quizá problemas puntuales, que, aunque fuera posible resolverlos uno a uno, inmediatamente de conseguirlo, daríaan paso a otros nuevos, y acaso mayores. Quizá, para salir del caos, fuera mejor olvidar los detalles y centrar el esfuerzo en descubrir las causas, la causa profunda, en la que están las raíces del árbol, frondoso, de nuestras desgracias.

E, inmediatamente, para centrarme, me vienen a la memoria los éxitos o los desastres de los hombres que, con Carlos III iluminaron, por última vez, las Españas; Joaquín Costa y los regeneracionistas, que vivieron en sus almas el final del Imperio; los intelectuales que, para renovar España, trajeron la II República; y los que, con el Rey Don Juan Carlos I, con la transición, hicieron la paz, modernizaron e hicieron tan magnífica nuestra actual España.

Y, pienso, todos aquellos hombres, aunque separados en el tiempo, tenían algo en común: una meta y un proyecto para transformar a mejor España. Y, ¿por qué unos, los regeneracionistas y los republicanos no tuvieron éxito mientras que los ilustrados de Carlos III y los que hicieron la transición sí lo tuvieron? Una meta y un proyecto, aunque necesarios no son suficiente, hacía falta algo más: un gran pacto de grandes líderes que, siendo ilusionante, arrastrase a la sociedad: en el Siglo XVIII el propio Rey Carlos, con el Conde de Aranda, Floridablanca y los ilustrados; en el Siglo XX, el Rey Juan Carlos, Suarez, Carrillo, Felipe y los grandes de la transición; en los dos casos, los españoles, con sus líderes al frente encontraron, a pesar de las dificultades, la solución de los grandes problemas y, para muchos años, tiempos de ilusión, progreso, paz y prosperidad.

Y, ¿ahora qué? Resolver los muchos y graves problemas que nos aquejan, para el doctor Sánchez es imposible; aunque él fuera un semidios y sus ideas, sus metas y sus proyectos pudieran ser “la solución”, le falta el apoyo consensuado de los españoles. Está claro, al igual que el que también fue presidente del gobierno, Arias Navarro, ¿alguien lo recuerda?, el doctor Sánchez hoy es el “gran problema” y no el hombre para una nueva transición.

No, los problemas que hay que solucionar no son los muy graves que cada día afloran en nuestra realidad cotidiana y en los medios de comunicación, no son Marruecos, Estados Unidos, ni siquiera la pandemia; lo que hay que resolver,  es el de tener en el gobierno al doctor Sánchez y su progresivo caminar hacia el absurdo de su propia destrucción. Bien es verdad que acaso los españoles no necesitemos hacer nada especial para echar del Palacio de la Moncloa a su actual ocupante, probablemente, como buen Narciso, de un día para otro desaparecerá solo; y sin él, con la experiencia ganada por todos en estos años, estoy seguro que, enseguida, con el acuerdo de la mayoría, los problemas actuales, resueltos uno por uno, como las patatas calientes, quedarán en el olvido.

Ah, olvidaba lo más importante de mis días en Extremadura: en la Iglesia del Monasterio de Yuste, el día del Corpus Christi se celebra una preciosa Misa cantada, es tan hermosa que nadie, ni el mayor de los ateos, si tiene ocasión, puede dejar de asistir y disfrutar.


 

viernes, 28 de mayo de 2021

953. DE LA NUEVA NORMALIDAD 97

 

MUERTOS EN LA PANDEMIA

 

En estos días, cuando en la sociedad, sobre todo por el avance en el proceso de vacunación, se extiende la idea y la clara sensación de que la pandemia ha terminado, al leer o escuchar en los medios de comunicación el número de muertos en la jornada (menos de un centenar y con tendencia a la baja), no deja de causarme espanto ver u oír, antes de la cifra, tres terribles palabras: “solo han muerto”, 73, 60 o 52 personas. Y si, como está previsto, en los próximos meses la inmensa mayoría de los españoles estamos vacunados, evidentemente, aquí la pandemia habrá desaparecido.

Si en esta semana, en un accidente ferroviario, en el desplome de un edificio o en un incendio, hubieran muerto 73, 60 o 52 personas, todos los medios y todos los ciudadanos estaríamos horrorizados por la magnitud de la tragedia.

Sin embargo, venimos de largos meses de pandemia y ahora, acostumbrados a escuchar los datos diarios de cientos o miles de muertos, lo de estos días nos parece nada; nada para quienes o no somos hijos, nietos, hermanos o amigos de las personas fallecidas, que ellos sí, sufren el dolor enorme de una pérdida inmerecida.

Pero ¿cuántas vidas se han perdido? ¿cuántos han sido los muertos en la pandemia? ¿y cuántas personas han sufrido la muerte de seres queridos en los dieciséis meses que llevamos de pandemia?

Y, con tristeza no lo sabremos nunca, los números oficiales, por voluntad o incapacidad de los gobiernos, son, como mucho aproximados y, con razón,  puestos en duda por los medios y por la población.

En España, en estos momentos (mayo de 2021) la cifra oficial de fallecidos está próxima a los 80 mil, la que resulta del análisis del exceso de fallecidos a partir de las cifras de periodos anteriores añade 7 mil al número anterior (en total 87 mil), y en los medios aparece con frecuencia la aún más terrible cifra de 120 mil. Por ello, si como se anuncia, en menos de un año, la pandemia desaparece, los números finales de muertos estarán muy próximos a los actuales. 

¿En el mundo? El número “oficial” de fallecidos que en estos momentos se maneja es de 3,6 millones. Pero la realidad no la sabemos ahora y no la sabremos nunca, en muchos lugares la pandemia no está controlada y es imposible llegar a conocer lo que ocurre en países que no cuentan con estadísticas fiables, o que, teniéndolas, por unas u otras razones, ocultan la verdad.  

Claro que esta primera pandemia del siglo XXI, ha dejado muchos menos muertos que la “Gripe española” (alrededor de 260 mil en España que entonces no llegaba a los 22 millones de habitantes y 50 millones de los 1.900 que había en el mundo). Además, hay que recordarlo, han muerto sobre todo personas mayores de 70 años y hace un siglo en su mayor  parte los fallecidos fueron jóvenes y niños.

Y, aunque los números fríos esconden el peso de la tragedia, hemos de recordar aquí, el dolor inmenso que dejó a nuestros abuelos la pandemia del Siglo XX, cuando perdieron a tantos de sus hijos y, el también el durísimo trance que, ahora en el Siglo XXI, supone la muerte de tantos y tantos de nuestros mayores.

Para terminar: si en un cálculo muy burdo, suponemos que cada persona fallecida tenía cuatro personas a las que amaba y por las que era amada, por la pandemia, hoy en España, tenemos más de 1 millón de compatriotas de luto y casi 15 millones en el mundo. Sí, hemos vivido una gran tragedia que, por desgracia, todavía no ha terminado.

Nota       

La fotografía está tomada de Facebook

 



sábado, 22 de mayo de 2021

952. DE LA NUEVA NORMALIDAD 96

 


ESPERANZA, ORGULLO, OPORTUNIDAD, SOBERBIA,

DESPROPÓSITOS Y DESASTRES (2)

 

 

SOBERBIA


Uno de los pecados, acaso el mayor, en que pueden caer las personas que consiguen, con esfuerzo, grandes éxitos, es el de minusvalorar a los demás, el convencerse de que poseen la verdad y son mejores nadie, es decir, la soberbia.

Soberbia que, si no se controla, destruye lo conseguido, arruina la reputación y el futuro y empequeñece el valor, a veces enorme, de los éxitos de la persona soberbia. 

Así, hoy, tenemos a la cabeza del gobierno de España a un doctor Sánchez que ha ofendido y despreciado no solo a los españoles que no gustan de sus ideas y ocurrencias, sino también a los Estados Unidos de Norteamérica en la persona de su anterior presidente, a varios líderes europeos y, ¡es increíble!, al Rey y al pueblo marroquí, ese vecino con el que tanta historia y tantos intereses compartimos.

Claro que al doctor Sánchez lo que piensen o hagan sus despreciados no le importa, cree que, de grado o a la fuerza, sin que ponga nada de su parte, antes o después todo el mundo se plegará a sus deseos.

Y no, aunque en las elecciones del pasado día cuatro de este mes los madrileños, los españoles, le hayan dicho, con sus votos, que están deseando que cambie su conducta o salga del gobierno, no lo ha escuchado. Y no, cuando la Unión Europea le ha pedido que cambie la línea social comunista de su gobierno, no lo ha hecho.  Y no, cuando los gobiernos de los Estados Unidos le han pedido colaboración frente a la dictadura venezolana, frente a otros gobiernos progresistas” de América o los fanáticos islamistas, ha hecho poco o nada; y, cuando esos mismos norteamericanos han decidió fortalecer su relación con Marruecos, en detrimento de la que antes tenían con España, le ha importado poco y tampoco ha hecho nada.

Por supuesto, para el doctor Sánchez, en su soberbia, parece, Marruecos no es un buen socio, con muchos intereses comunes, para hacer futuro, solo es un país pobre, ignorante y débil al que con darle unos euros, puede tener, además de agradecido, muy calladito. 

Evidentemente, el que siembra recoge, y el doctor Sánchez, está recogiendo, de españoles y extranjeros, el malestar y el desprecio que, con su soberbia, ha sembrado.

 

DESPROPÓSITOS

La soberbia, a quien la padece, le hace cometer errores graves, despropósitos, que siempre hay que pagar: Zapatero, el anterior presidente socialista, reabrió las heridas de la hasta entonces olvidada Guerra civil, ofendió la bandera norteamericana, se distancio de los Estados Unidos, se aproximó a las dictaduras cubana y venezolana, apoyó al populismo boliviano, despreció las advertencias de la Unión Europea, llevó España a la ruina y perdió las elecciones. 

El doctor Sánchez, en su soberbia, ha mal gestionado la pandemia, ha despreciado a la oposición, ha ofendido los sentimientos y la memoria de muchos españoles, se ha aliado con los partidos comunistas, con los restos de ETA y con los separatistas catalanes, no escucha a la Unión europea, se ha aproximado a las dictaduras de Cuba y Venezuela, y ha tomado decisiones que atentan contra los intereses y el honor del Reino de Marruecos.

Y, en este sentido, resaltar el despropósito que es traer, clandestinamente y con nombre falso, a España, por “razones humanitarias”, para ser atendido en un hospital, al líder del Frente Polisario, a un gran enemigo de Marruecos, a un delincuente reclamado por la Audiencia Nacional para ser juzgado.

 

DESASTRES

Olvidando otros muchos, incluido el que Marruecos haya usado a sus niños para dar un susto a los españoles, en el caso que nos ocupa: ¿cabe mayor desastre  en la política internacional del doctor Sánchez que conseguir enfadar al mismo tiempo al Frente Polisario, al gobierno de Argelia y a Marruecos?

Sí,  aún será mayor dentro de unos días: salvo que el enfermo de coronavirus se muera (¡Sánchez ha perdido la suerte!), el doctor tendrá que entregarlo a la Audiencia Nacional, enviarlo de nuevo a Argelia o, ¿cómo un regalo?, a Marruecos; evidentemente, lo que haga, será un tremendo desastre.

Y,  lamentablemente, la soberbia es contagiosa y, en el caso de la “invasión de Ceuta”, los despropósitos y desastres  del doctor Sánchez  no dejan de contagiarse al resto de los partidos políticos españoles: desde VOX escuchamos que hay que desobedecer la Ley y expulsar a los niños marroquíes que han entrado en España; desde el Partido Popular, que, para apoyar al gobierno (a pesar de sus errores) en la defensa de España, el doctor Sánchez tiene que expulsar de su gabinete a una vicepresidente y a varios ministros; en Unidas Podemos, olvidan su anterior No a las expulsiones de inmigrantes ilegales en caliente; y desde una ciudadanía golpeada por la pandemia, parece que hay que apoyar “patrióticamente” a un presidente que, en lugar de gobernar, sigue viviendo,  haciendo nada y, casi seguro, mintiendo  en la mayor de las soberbias.

 

PERO, NO HAY QUE PERDER LA ESPERANZA

Sin embargo, a pesar de todo, desde la altura de una edad en la uno ha visto algo del mundo, pienso que el tiempo del doctor Sánchez, el de su soberbia, sus despropósitos y sus desastres, es tan solo un mal sueño del que los españoles saldremos pronto y guardaremos, muy encerrado, para que no vuelva, en el olvido. 

 

NOTA

La imagen está tomada de ABC