viernes, 5 de junio de 2026

1233. COSAS DE VIEJO: DE GOTERAS, COMIENZOS Y FINALES


Para resistir los efectos de las goteras que, cada vez con mayor frecuencia, se están convirtiendo en desagradable compañía, porque no he encontrado mejor solución, me escondo durante horas en la obscuridad de mi habitación, quieto, muy encogido, bajo las sábanas de mí cama.

Sin embargo, aunque intento poner la mente en blanco, ¡el cerebro es como es!, un run run incontrolable de ideas e imágenes, casi siempre incompletas, me impide descansar del todo y concentrarme, sin pensar en nada, en olvidar las goteras.

Y, esta noche, de pronto, me he dado cuenta de mí, cada día más intensa, costumbre de imaginar principios de historias, descartarlos por falta de interés o escasa garra y, más tarde, buscar en las bibliotecas de la memoria comienzos que valgan la pena, que dejo abandonados cuando, casi siempre enseguida, tornan en vulgaridad.

Claro que, a veces, también encuentro principios sorprendentes, de esos que prenden el pensamiento, se desparraman en tu cuerpo y llenan tu alma. Incluso, cuando pasa, no lo puedo remediar, comparo con no poca satisfacción los comienzos de algunos de mis propios libros, y al pensar en ellos, encuentro un sentido profundo a la necesidad de imaginar.

Y, luego, cuando esto sucede, pienso en los finales, los hay magníficos y lo son porque de alguna manera son, sobre todo, nuevos principios que se dejan abiertos a la imaginación del lector; y, también, ¡qué pena!, otros que defraudan porque solo son formas pobres de terminar una historia sin que sean realmente el comienzo de algo más.

Y el centro, el desarrollo, lo que une el comienzo el final, ¡me asombra!, cuando es bueno, es una sucesión de comienzos valiosos que podrían ser historias completas de imaginación e imposible realidad.

Sí, cuando la salud se pierde y las goteras se hacen compañía real, todo lo importante para un ser humano, ¡los demás!, pasa a ser secundario, ¡qué horror!, y, me parece, que en esos momentos es mejor dar por bueno lo que aún nos queda y disfrutar de lo poco, de los buenos comienzos y  finales en que podemos pensar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No hay peor síntoma que tener la imaginación parada!, se debe de agradecer los momentos en los que funciona un pasado que , válgame Dios!!!, a veces es inventado. Ánimo y a seguí que el tiempo acompaña

Anónimo dijo...

Entiendo perfectamente lo que le pasa. El intentar salir del enclaustramiento tanto físico como emocional, ya es mucho. Es vida. Siga imaginando.