Pues sí, estamos mal y, es muy probable, vamos a peor, a
mucho peor.
Las negociaciones entre el doctor Sánchez y el prófugo
Puigdemont para, a cambio de varios pagos, entre los que se incluye la amnistía
de todos los delitos, sean los que sean, que han cometido los independentistas
catalanes, el psicópata de la Moncloa pueda seguir en la Moncloa primero, y más
tarde en el Palacio Real como Presidente Vitalicio de la III República
Española, van por buen camino. Y, salvo un milagro, ¿existen los milagros?,
dentro de pocos días veremos que, desde los puntos de vista de ambos delincuentes,
sus negociaciones han concluido en un gran éxito.
Sin embargo, una parte importante de la sociedad española, la
que ha sido insultada y maltratada durante años por los independentistas
catalanes y por el gobierno social comunista, y parecía indiferente o, al menos,
resignada a sufrir lo que hubiera que sufrir, contra todo pronóstico, ha dicho
¡se acabó!, y se ha lanzado a las calles para impedir que el doctor Sánchez consiga
sus objetivos
Y, claro, las protestas que, con intensidad y dureza crecientes,
han comenzado a producirse en las ciudades y pueblos de España, no han gustado
nada, ¡son golpistas! ¡son fascistas!, a “progresistas” e independentistas que
se sienten víctimas, son los buenos y tienen, aún saltándose la Constitución,
derecho a todo y los demás a nada.
Además, por si fuera poco, cuándo las situaciones se enrarecen,
en todos los bandos, son los más extremistas quienes toman la iniciativa,
impulsan la pelea y tratan de conseguir la victoria sin reparar en medios, legales
e ilegales, en una espiral que solo termina con la destrucción del enemigo.
Estamos pues ante una situación terrible que, por repetida,
es bien conocida por los españoles, y bien puede desarrollarse así:
1. El doctor
Sánchez avanza en sus negociaciones con los independentistas y está a punto de cerrar
un acuerdo, bueno para España, pero que, según piensa una parte importante de
la sociedad española, viola la Constitución.
2. Una parte
de la sociedad, opuesta al acuerdo, protesta en las calles. El doctor y los
suyos se sienten víctimas, se quejan, protestan y su gobierno envía policías
para “controlar a los violentos y asegurar la convivencia”
3. El doctor
Sánchez consigue la investidura. ¡Ya es presidente!
4. Se incrementan
las protestas, se producen desórdenes, hay heridos, ambas partes están de
acuerdo: ¡nosotros somos las víctimas! ¡la culpa es de los otros! Los moderados
de todos los colores, muy preocupados, piden legalidad y calma.
5. Los
progresistas se sienten víctimas y necesitan defenderse; sus adversarios
también. Las calles se convierten en campos de batalla, hay heridos y
detenciones.
6. Y a
continuación, si Dios no lo remedia, ya lo sabemos: ¡vamos a matarnos y la
culpa es tuya!
Lamentablemente todos tendremos la culpa: quien sembró las desgracias,
el doctor Sánchez, y su partido, el PSOE; pero también de los ciudadanos que
votaron “progresista” y los políticos y ciudadanos que no supimos o no pudimos contener
el desastre.
Sin embargo, al final, sea de quien sea la culpa, ahora lo
importante, en mi opinión, es no dejar que el doctor Sánchez siga en la Moncloa
o, que, si sigue, salga de allí lo antes posible, ¿o no?
Y, una reflexión final: lo que vale para uno vale para todos,
y si se amnistía a unos, inevitablemente, pasado no mucho tiempo, se amnistiará
a otros.