Para resistir los efectos de las
goteras que, cada vez con mayor frecuencia, se están convirtiendo en
desagradable compañía, porque no he encontrado mejor solución, me escondo
durante horas en la obscuridad de mi habitación, quieto, muy encogido, bajo las
sábanas de mí cama.
Sin embargo, aunque intento poner
la mente en blanco, ¡el cerebro es como es!, un run run incontrolable de ideas
e imágenes, casi siempre incompletas, me impide descansar del todo y
concentrarme, sin pensar en nada, en olvidar las goteras.
Y, esta noche, de pronto, me he
dado cuenta de mí, cada día más intensa, costumbre de imaginar principios de
historias, descartarlos por falta de interés o escasa garra y, más tarde,
buscar en las bibliotecas de la memoria comienzos que valgan la pena, que dejo
abandonados cuando, casi siempre enseguida, tornan en vulgaridad.
Claro que, a veces, también
encuentro principios sorprendentes, de esos que prenden el pensamiento, se
desparraman en tu cuerpo y llenan tu alma. Incluso, cuando pasa, no lo puedo
remediar, comparo con no poca satisfacción los comienzos de algunos de mis
propios libros, y al pensar en ellos, encuentro un sentido profundo a la
necesidad de imaginar.
Y, luego, cuando esto sucede,
pienso en los finales, los hay magníficos y lo son porque de alguna manera son,
sobre todo, nuevos principios que se dejan abiertos a la imaginación del
lector; y, también, ¡qué pena!, otros que defraudan porque solo son formas
pobres de terminar una historia sin que sean realmente el comienzo de algo más.
Y el centro, el desarrollo, lo que
une el comienzo el final, ¡me asombra!, cuando es bueno, es una sucesión de
comienzos valiosos que podrían ser historias completas de imaginación e
imposible realidad.
Sí, cuando la salud se pierde y
las goteras se hacen compañía real, todo lo importante para un ser humano, ¡los
demás!, pasa a ser secundario, ¡qué horror!, y, me parece, que en esos momentos
es mejor dar por bueno lo que aún nos queda y disfrutar de lo poco, de los
buenos comienzos y finales en que
podemos pensar.