miércoles, 18 de mayo de 2011

390. LOS INDIGNADOS DE LA PUERTA DEL SOL


Desde hace tres días miles de ciudadanos, la mayor parte jóvenes ocupan la Puerta del Sol de Madrid en demanda de cambios profundos en la política y, sobre todo, en la situación de la sociedad.

Los Indignados, como algunos les llaman, el Movimiento M 15 como les llaman otros,  carecen de siglas, parecen no tener líderes y cargan contra los partidos políticos,  a los que acusan no solo de mala gestión sino y sobre todo de corrupción.

Existen interpretaciones múltiples sobre el significado de la protesta que, por la variedad de los mensajes que emiten los manifestantes o, mejor dicho, los ocupantes de la Puerta del Sol, pueden ser todas ciertas o menos ciertas,  pero de lo que no hay duna ninguna es de que estamos ante la  expresión clara del descontento y hartazgo social con la política y los políticos, a los que, en última instancia se acusa de que los ciudadanos no tengan casas, las estén perdiendo, no tengan trabajo ni puedan encontrarlo y esto es lo más importante, no tengan futuro.

Los partidos de izquierdas, especialmente los comunistas de Izquierda Unida y los socialistas del PSOE de Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno de España, están tratando por todos los medios de  aproximarse a los Indignados para captar los votos de estos jóvenes desencantados de la política en las elecciones del próximo domingo.

Por su parte, el partido de las derechas, el Partido Popular, considerando quizá que los Indignados no son sus potenciales clientes, tratan al mismo tiempo de distanciarse del movimiento y de no molestar a quienes simpatizan con sus miembros.

Salvando las distancias, me vienen a la memoria los hechos y, sobre todo, las ideas del Mayo de 1968. El estallido de los jóvenes franceses en demanda de cambios, de los grandes cambios que todavía tiene la frase mágica “la imaginación al poder”.

Los entendidos y los medios de comunicación tratan de comprender el fenómeno de los Indignados, de saber en qué se asemeja y en qué difiere de la sublevación de los jóvenes árabes en el sur del Mediterráneo, y tratan de averiguar qué se puede hacer para resolver sus demandas, tratando de evitar con ello que se produzcan males mayores.

Creo que, a fin de cuentas, la aparición de los Indignados y las demandas que presentan son una expresión del malestar de la sociedad española y de la percepción de que, por el camino que vamos, no tiene solución

Pero, ¿Qué hacer? Es sencillo: Lo primero de todo, todos, entre todos, tendremos que hablarnos y escucharnos, luego, cuando sepamos qué queremos, tendremos que, entre todos, pactar un futuro y caminar.

lunes, 16 de mayo de 2011

389. MUDAR EN TIEMPOS REVUELTOS



Muchas veces he escuchado a personas serias y capaces decir, con absoluta convicción, “no hay que mudar en tiempos revueltos”.

Normalmente la frase era la coletilla final a la negativa de quien la usaba a aceptar la propuesta, expresada por otras personas, de hacer cambios cuando la situación era muy difícil.

Es posible que, como todas las expresiones que usamos las personas, el “no mudar en tiempos revueltos”, haya que verla en su contexto:

Si se refiere, por ejemplo, a “mantenernos en la honestidad” cuando los negocios van mal, parece que no mudar, sería correcto.

Si se refiriese a que si en tiempos de epidemia si mi marido cae enfermo lo mejor es buscarse un amante, “no mudar” parece que sería lo obligatorio

Pero si se refiera a otros temas, por ejemplo, si los cambios hacen que nuestros producto no se venden, si nuestra tecnología o las actitudes de nuestra gente no se adaptan, el no mudar es locura.

Ahora estamos en tiempos revueltos, la situación de la economía española, también la de otros países; las catástrofes naturales, también en España; el empobrecimiento de las gentes y la muerte de los negocios, allá donde las cosas están más revueltas; es absolutamente claro que hay que mudar.

Y cuando los tiempos están revueltos no se trata de que cambien los gobiernos, los políticos, los empresarios, los padres o la familia. Se trata de que cada uno de nosotros mude, que cada uno de nosotros reflexione nuevamente sobre lo que quiere ser y lo que quiere conseguir y cambie ya sus metas, ya los medios, ya la forma, en que debe actual, pero en todos los casos, hay que mudar.

No es sencillo cambiar, sobre todo si lo que he hecho hasta ahora, durante muchos años, me ha dado resultado, pero si no lo hago, el no mudar es una locura.

Y no importa si tienes veinte, cuarenta o setenta años, no importa si eres ingeniero o albañil, no importa si vives aquí o allá, no importa, para sobrevivir y, sobre todo, para ser feliz, “en tiempos revueltos, hay que mudar”

miércoles, 11 de mayo de 2011

388. BATIRSE EN DUELO

Veo, cada vez más consternado, los tremendos excesos de mala educación de nuestros personajes públicos.

Las constantes acusaciones que se cruzan entre los miembros de la clase política, incluidas las mujeres, son demás cada vez peores.

No ya han olvidado las buenas maneras sino que no cesan en llamarse entre ellos, palabras como mentiroso o embaucador, y a decirse, unos a otros, cosas tales como ¡traidor!

Creo que muchos de nuestros políticos, incluidas las mujeres, tienen la boca negra, manchada del veneno que, saliendo de sus corazones, vomitan sus labios.

Las leyes españolas contemplan como delito no solo las calumnias sino también las injurias. Sin embargo, la costumbre y la labor de los jueces han conseguido que los políticos estén exentos de la obligación, natural en cualquier sociedad, de tratar con cortesía y buena educación tanto a los adversarios como a los más acérrimos enemigos.

Por ello y para evitar que los ciudadanos nos hagamos eco del mal hacer de nuestros representantes propongo rescatar la vieja costumbre de batirse en duelo.

Si Sr. Diputado se siente agredido, en lugar de insultar, debería enviar sus padrinos al Sr. Ministro y este elegir, las armas, espada sable o pistola, para batirse en duelo.

Si una Sra. Ministra se siente vejada por una Sra. Portavoz de la Oposición, también podrá enviarla sus padrinos y esta elegirá, si quiere salvar su honor, las armas para derramar a gusto un poco de sangre de enemiga.

Si el Sr. Alcalde afirma que la Portavoz de la Minoría es una embustera, sin despeinarse, por eso de la igualdad, ella exigirá al imprudente batirse, detrás del la iglesia, hasta que el, ella, o los dos mueran.

No es que me guste mucho la sangre, pero al menos, la derramada en un duelo, podría limpiarse: tampoco es que me agrade que alguien pierda la vida, pero las cosas que se dicen los políticos pueden ser y son de hecho, para muchos de ellos, peor que estar debajo de una losa en el cementerio.

sábado, 7 de mayo de 2011

387. NO NOS QUIEREN, SOLO NOS NECESITAN


Hace algunos meses  un parlamentario del Partido Popular me decía, con agridulce satisfacción, que ahora, seguro, su partido va a gobernar. Y, la razón de ello es que   aunque los españoles en general no quieren a su partido,  le votan sin dudarlo cuando realmente lo necesitan.

Quedé muy impresionado por la reflexión del parlamentario, él es persona bien formada, profesional capaz y en política está muy curtido. Por ello, a lo largo de bastantes semanas, cuando veo subir las encuestas que otorgan mayorías al partido de la derecha en los próximos comicios autonómicos y municipales o que analizan la evolución del voto para las elecciones generales del año próximo, no dejo de pensar en la misma idea: Qué mal nos debemos sentir  los españoles cuando tantos de nosotros estamos dispuestos a votar a alguien a quien no queremos tan solo  porque le necesitamos para salir de la actual situación.

Y me digo que es como cuando alguien está hasta el cuello de problemas y se acuerda de un pretendiente, muy serio y aburrido, que siempre le está haciendo la corte y se dice; este hombre o esta mujer, que son ricos y saben de lo que hay que hacer cuando las cosas están mal, no son mi mejor pareja, pero voy a pedirle, a implorarle, que se ajunte conmigo para que yo pueda salir de mi problema: y  cuando vea que las cosas están mejor,  ya me buscaré a otro o a otra que me den más gusto o me traten con más cariño.


Y, me digo también, que si el parlamentario del Partido Popular tiene  razón, que posiblemente la tiene, los ciudadanos a los que no nos gustan las tonterías que ha hecho y está haciendo el actual gobierno de izquierdas, acaso deberíamos, por una vez, no votar ahora a la derecha para que nuestros conciudadano tengan una  posibilidad real para   descubrir el auténtico valor del amante marchoso al que, para darse un gusto,  cuando las cosas van bien, en cuanto tienen un duro, meten en su cama, digo, en su casa.

viernes, 6 de mayo de 2011

386. LAS CONDUCTAS DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE ESPAÑA COMO EJEMPLO DE SU CARENCIA DE PENSAMIENTO ÉTICO


El Sr. Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno de España, hace algunos días, en respuesta el enfado expresado por el Partido Nacionalista Vasco por la Sentencia del Tribunal Supremo en contra de la legalización de una formación política de ETA, pidió al líder peneuvista que esperase para hacer realidad las consecuencias de su enfado a la sentencia del Tribunal Constitucional, ya que este daría una sorpresa agradable.


El Sr. Rodríguez Zapatero, que tiene claro que el fin justifica los medios, nos lo ha dicho, y que para conseguir estos hace cuanto considere necesario, le cueste lo que le cueste, “me cueste lo que me cueste”, ha acertado. ETA está legalizada para participar en la vida política española (el Tribunal Supremo dice que la formación ahora legalizada es ETA),

Está claro que alguien que carece de pensamiento ético puede decir al mismo tiempo, sin pudor alguno, que algo es blanco y es negro al mismo tiempo: puede decir la verdad y mentir luego, firmar pactos y romperlos, puede hacer  todo lo que convenga a sus intereses.

¿Es esto malo? ¿Es malo tener un Presidente que carece de pensamiento ético? ¿Es malo tener de Presidente a un hombre que carece de honor y de conciencia?

Si es malo y los miembros de su partido le sostienen y muchos españoles le votan, ¿será porque son ignorantes de la realidad o porque les ciega el afecto?, o ¿será porque muchos de nosotros carecemos de honor y de pensamiento ético?

En cualquier caso es terrible, ya que la carencia del pensamiento ético se extiende a todos los aspectos de la vida y de la convivencia. Todo está permitido si con ello se consigue  lo que  uno pretende.

Y, para mí, lo más espantoso es, siendo de natural optimista, que no se cómo sería posible conseguir que el sentido común, el honor a la palabra y la buena conciencia, vuelvan a ser “lo natural” en España.












martes, 3 de mayo de 2011

385. OSAMA BIN LADEN, GRAN SANTO Y CRUEL ASESINO


Osama Bin Laden, el caudillo de la guerra santa, el gran jefe del terrorismo islamista, el gran santo para unos, el cruel asesino para otros, ha muerto.

Osama Bin Laden ha muerto asesinado según unos, lo ha hecho en una acción de la guerra que él mismo ha provocado pero, en cualquier caso, ha muerto.

Osama Bin Laden ha sido, para unos un monstruo, para otros un héroe, pero, en cualquier caso, ha sido un gran hombre. Ha sido capaz de soñar un gran ideal, declarar la guerra, construir un gran ejército, ganar muchas batallas y poner en jaque, durante muchos años, a un gran enemigo.

Al igual que tantos caudillos de la historia, David, Rodrigo Díaz de Vivar, Hernán Cortés, el Duque de Alba, Drake, el Empecinado, José de San Martín y tantos otros, Osama Bin Laden ha sido para los suyos un gran  héroe y para sus enemigos un despreciable y cruel asesino.

En las guerras, es terrible que existan las guerras, hay vencedores y vencidos. Yo, personalmente, estoy en el bando de los enemigos de Osama Bin Laden, y aunque no me alegra su muerte, me satisface mucho saber que el caudillo de la guerra santa ha desaparecido.

miércoles, 27 de abril de 2011

384. UN CONTROL RUTINARIO

Esta tarde, alrededor de las siete, en el vestíbulo de la Isla 3 del intercambiador de Moncloa, ante una de las puertas por las que se  accede  de los autobuses que llegan desde los municipios del noroeste cercanos a Madrid, un pequeño equipo de policías nacionales pedía la documentación a personas, elegidas aparentemente al azar, pero que siempre, por sus rasgos faciales y apariencia corporal eran inmigrantes americanos.

He preguntado a uno de los policía qué pasaba y él  me ha dicho que no pasaba nada, que era un control rutinario.

Me he quedado unos minutos observando y aunque no he visto detener a nadie, sí he visto aparecer el miedo en el rostro de las personas con rasgos no europeos cuando se daban  cuenta de que tenían que pasar sin remedio por delante de los agentes.

Y he visto también cómo se acrecentaba ese  miedo cuando tenían que enseñar sus papeles a los  educados, policías cuando los pedían..

Luego, con no poca amargura, he continuado mi camino hasta tomar el autobús, me he equivocado de número, y aún ahora sigo pensando en los sufrimientos de muchos inmigrantes en nuestro, aunque con problemas, rico mundo.

Es cierto que en estos momentos una gran parte de los inmigrantes en España están es situación de legalidad, tienen iguales derechos que los españoles y que no pocos de ellos, aunque haya crisis, tienen mejores condiciones de vida que en sus países de origen; pero también es cierto que no ocupan los mejores trabajos y que el desempleo angustia a muchos de ellos.

Además, y esto también es cierto, quedan muchas personas en situación de ilegalidad. Es “culpa” suya, entraron como pudieron y se han quedado aquí "sin deber"  hacerlo, pero ¿No les invitamos a venir y a  quedarse en la ilegalidad a la espera de una “regularización” de las muchas que ha habido? ¿No les prometimos y les hemos dado  acceso gratuito a las escuelas y a la sanidad sin tener papeles? ¿No les dimos trabajos, también ilegales, cuando hacía falta mano de obra barata?

En mi opinión, las personas  con sentido común, cuando no hay trabajo en un lugar deben  marcharse a donde lo haya. Pero, lamentablemente, las personas más desfavorecidas son las que tienen mayores dificultades para trasladarse y son precisamente los inmigrantes ilegales con menor preparación y menores recursos quienes están en las peores condiciones.

Estoy seguro de que, con el tiempo, haremos las cosas un poco mejor, pero mientras tanto, ¡Cuánta tristeza y cuanto dolor!