miércoles, 12 de diciembre de 2012

479. TRATAMIENTO DEL RUMOR: EL CASO CAPIO




El Diccionario de la lengua española nos dice que Rumor es: Voz que corre entre el público, ruido confuso de voces o ruido vago, sordo y continuado.

Los rumores,  que aparecen cuando, en situaciones de incertidumbre, los canales de comunicación formal no aportan al público  información suficiente, se transmiten  de persona a persona con  información que no siendo verificable tiene una gran importancia  para las  personas.

Los rumores, por otra parte, crecen y se desarrollan con especial intensidad  cuando  su contenido estimula la ansiedad y el temor de las personas que de un modo u otro están o pueden estar afectadas por el  contenido de la información que transmiten.

El contenido de los rumores  puede ser completamente verdad, completamente mentira  o, lo que es más frecuente, en parte verdad y en parte mentira (una mediio verdad que  realmente es una tremenda mentira) o, finalmente,  puede ser a la vez  todo verdad y ser muy  importante.

Para  el correcto tratamiento de los rumores la doctrina  aconseja  los  siguientes comportamientos:
  • Si el rumor es falso y poco importante, lo más conveniente es dejarlo pasar, ignorarlo.
  • Si el contenido del rumor  es verdad pero poco importante, se debe salir al  público y confirmarlo.
  • Si lo que dice el rumor es  falso y muy  importante, lo mejor es hacer pública la verdad de los hechos, aportando información muy abundante,  absolutamente clara y verificable. Con ello se mata  el rumor.  Es muy sencillo destruir un rumor falso cuando es pequeño, pero cuando se hace  grande su contenido puede llegar a consolidarse, aunque sea absolutamente falso, como una gran verdad.
  • La situación más compleja y más difícil ese produce  cuando el  contenido del rumor, además de cierto, es muy importante para el público. En este caso lo menos es no intentar  cortarlo,  no oponerse al rumor,  distraer al público y ganar tiempo hasta que el rumor se diluya y desaparezca.

Y ahora el caso Capio, que según su propia página Web, es  “el mayor Grupo Sanitario privado español, con 28 centros en 4 Comunidades Autónomas…Capio Sanidad es la compañía líder en España en prestación de servicios sanitarios”.

Evidentemente, todas las empresas constituidas legalmente en España,  son, independientemente de la nacionalidad de sus propietarios, empresas españolas. Capio Sanidad es legalmente, sin duda alguna,  una empresa española.

En cuanto a la propiedad  de Capio Sanidad, en su página Web, como es normal, no se dan datos y, de acuerdo con la información disponible en Internet, como tantas veces  en la red  no contrastada, parece que Capio pertenece (no se publica en qué porcentaje) a un fondo de capital riesgo europeo  que  está integrado (tampoco se dice en qué  proporción)  en  un   grupo financiero multinacional de mayor dimensión.

Pues bien, a lo largo de las últimas semanas, coincidiendo con el incremento de las tensiones entre el los profesionales de la salud pública   y el gobierno de  Madrid por la oposición de  aquellos  a la privatización de la gestión de algunos centros sanitarios que   las autoridades de la Comunidad pretenden realizar, al principio como un ruido confuso de voces y cada día que pasa menos   vago, menos sordo y  más continuado, circulan por la red miles de correos electrónicos (a mi me han llegado unos cuantos), todos iguales, en los que se  dan, como “información” cierta,  los nombres y apellidos de   miembros destacados del Partido Popular  o familiares próximos de personalidades de ese partido, que  son  propietarios en parte  u ocupan puestos directivos en Capio Sanidad  y que influyen directamente sobre  las autoridades políticas de la Comunidad de Madrid para que se  “privatice” la sanidad pública madrileña de forma que ésta pase a ser un magnifico negocio para Capio, sus gestores y accionistas, en detrimento directo de la salud de los ciudadanos madrileños.

El ruido mediático ha sido tan intenso que Capio ha publicado, el día 10 de diciembre, en su página Web un Comunicado  de cuatro párrafos que, en mi opinión, desde la perspectiva del tratamiento de los rumores, es extremadamente interesante:
  • El primer párrafo dice: “Ante los insistentes rumores que circulan en forma de panfleto, a través de internet y en las redes sociales, y que imputan a Capio extrañas connivencias con políticos o personalidades públicas, la Dirección del Grupo quiere dejar constancia de los siguientes extremos:
  • En el segundo párrafo se afirma que: ”....ningún otro político tienen ni han tenido nunca relación alguna con el Grupo. Los accionistas, consejeros y directivos de Capio Sanidad son públicos y figuran de manera transparente en los registros correspondientes.
  • El tercer y cuarto párrafos del Comunicado, que en nada tienen relación con el primero, explican que: ”Capio Sanidad lleva quince años trabajando para ofrecer a la sociedad española servicios sanitarios….” Y “…. Capio cuenta con cerca de 10.000 excelentes profesionales que han demostrado y seguirán demostrando un enorme compromiso con una medicina de calidad y un trato de primera a nuestros pacientes y sus familiares.”

Cualquier persona con una mediana cultura empresarial  sabe que una empresa con las características y  el volumen de negocio de Capio normalmente  dispone de  un gabinete de comunicación   capaz de tratar con éxito cualquier tipo de rumor.

Por ello, si  la  comunicación de Capio está en manos de profesionales  la lectura del Comunicado de  “La Dirección”,  nos permite deducir con pocas probabilidades de error,  si  el rumor es falso y poco importante, falso  pero muy  importante o,  además de cierto muy importante. 
Bien es verdad que  está dentro de lo posible, y lo deseo de corazón, que  Capio  sea una de esas empresas que trabajando muy bien  y muy decentemente su  negocio,  en este caso la  gestión sanitaria,  no tienen o no escuchan, hasta que no sufren un traspiés,  a los  profesionales que  son o deberían  ser los responsables de su comunicación.


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