miércoles, 20 de julio de 2022

1.001 EL RINCÓN PROHIBIDO

 


Día 1: Primer intento

En casa del abuelo hay dormitorios, pasillos, cuartos de baño, la cocina es muy grande, el comedor, un salón enorme y un cuarto con muchas muñecas, peluches, disfraces, coches, legos, espadas, puñales, pelotas y más cosas; y hay muchos armarios, mesas, sillas y sillones, hay cuadros, libros y, por todas partes, adornos, marcos, jarras, cajas grandes y pequeñas, todas llenas de tesoros, y todo, todo se puede tocar y con todo, se puede jugar.

Pero ¡es tan raro!, detrás del sillón donde se sienta el abuelo, a la izquierda, junto al ventanal, hay un rincón prohibido, un rincón en el que nadie, nadie, puede entrar; en el rincón hay, sobre una alfombra azul, una lámpara de pie, dos silloncitos y  un pequeño velador con un marco con una fotografía de la abuela, una caja de madera,  un encendedor de plata y un cenicero de cristal grande, nada más. Es el rincón prohibido en el que nadie, nadie, ni los niños, ni las madres, ni los padres, solo el abuelo, aunque nunca entra,  pueden entrar

Mariana, casi no ha podido dormir, se ha pasado la noche pensando y ahora, después de merendar, con Olivia su prima hermana, las dos tienen siete años, las dos tienen uso de razón, sentadas en la alfombra de la habitación de jugar, disfrazadas de princesas, se han puesto a hablar, lo hacen muy bajito, del rincón prohibido y de su secreto, las dos están seguras de que, en alguna parte quizá dentro de la caja, el abuelo guarda un tesoro oculto y   por eso el rincón está prohibido, para que no lo vea nadie.

Se les ocurren muchas cosas; la mejor, entrar en el rincón prohibido cuando no haya nadie en el salón, cuando todos los mayores estén en la cocina o en el comedor; aprovechar cuando las madres estén hablando de sus cosas y el abuelo esté dormido en el sillón; hacer como si nada, - vamos a gatas disimulando hasta la alfombra damos un salto y entramos en el rincón. -

Dicho y hecho, hoy es el día, de todos los nietos solo están ellas dos, no han venido los demás, sus madres están hablando distraídas, y el abuelo dormita en su sillón. En silencio, muy calladas, salen a gatas de la habitación, recorren el pasillo, entran en el salón, avanzando bajo las mesas, pasando entre los muebles, llegan hasta cerquita del rincón prohibido, se detienen, ¿qué hacen ahora?, no lo han pensado antes… ¿cogemos algo y nos vamos? ¿abrimos la caja y miramos? ¿nos sentamos en los silloncitos?

- ¡Niñas, Mariana, Olivia, ni se os ocurra entrar en el rincón prohibido! -.

¡Qué susto!, es la madre de Mariana, las ha visto…

El abuelo abre los ajos y, mirándolas, muy serio, dice: - ¿qué hacéis ahí agachadas las dos? ¿queréis que os cuente un cuento?

-Nada, nada abuelo, estamos buscando la diadema de Olivia que el otro día se perdió…, mejor nos vamos a jugar…

 

Día 2: Segundo intento

Hoy están todos los primos, toda la familia, en casa del abuelo. Han venido a comer y ahora, es por la tarde, los chicos están en el cuarto de jugar y las niñas, las cuatro primas, en el cuarto de baño, muy bajito, para que no se enteren las madres, hablan al mismo tiempo de muchas cosas y del rincón prohibido también…

Coti lo tiene claro, ella también quiere entrar en el rincón prohibido, se quiere sentar en un silloncito y ver qué pasa, seguro que algo pasa…a lo mejor el sillón tiene magia…

Curris, porque tiene diez, y ya  es mayor, avisa: - no se puede, el abuelo siempre está vigilando, un día que vine yo sola, el abuelo y mamá estaban tomando café en el comedor, yo tenía cinco años, y lo intenté, pero no pude entrar, nada más pisar la alfombra el abuelo me cogió por detrás, me subió  más alto que su cabeza, me dio la vuelta y mirándome muy serio, me dijo: - Curris, ¡ni se te ocurra entrar en el rincón prohibido, está prohibido! Y cuando era como vosotras, lo intenté otra vez, pero no pude ni pisar la alfombra, mi madre me dio un grito horrible y luego, ¡con siete años!, me mandó a pensar al cuarto de baño…

- Ya está, podemos hacer un teatro estupendo y mientras los mayores lo ven, yo voy, entro, y ya está -, dice Coti muy decidida.

- Es que yo quiero entrar -, dice Olivia

-Y yo también quiero entrar -, dice Mariana

-Mejor es que entre yo, puede ser peligroso, yo que soy mayor -, afirma muy sería Curris.

-Lo del teatro se me ha ocurrido a mí -, continúa Coti muy enfadada. Pero no puede seguir argumentando, unos golpes en la puerta y la voz de una madre, la de Olivia, que dice, parece que casi gritando: - ¿Qué estáis haciendo las cuatro en el cuarto de baño? ¡Vamos, salid!

Salen  una detrás de otra, hablando en un   guirigay las cuatro al mismo tiempo; la madre no se entera de nada y las envía a que sigan jugando.

Ahora, sentadas en el suelo, discuten acaloradamente, solo están de acuerdo en que todas quieren entrar en el rincón prohibido y en que el teatro lo van a hacer  delante y a la izquierda del abuelo, casi pisando la alfombra;  pero en el resto…  qué teatro van a hace, cómo se van a vestir, qué canciones cantarán, si hay que dar volteretas o si hay que saltar…¡qué difícil es eso que los mayores, lo dicen los padres,  llaman consensuar…

- Atentos todos, ¡abuelo!, vamos a hacer un teatro -, anuncia Olivia, que ha venido de embajadora, vestida de princesa, mientras sus primas siguen ensayando y discutiendo.

Los padres y el abuelo se callan enseguida, las madres  tardan un poco pero también se callan, hasta que la de Coti exclama:   -¡qué empiece ya, que el público se va! -.  Las otras madres, los padres y el abuelo, se unen a la petición, ¡qué empiece ya, que el público se va! ¡qué empiece ya, que el público se va!

-Vamos, vamos -, dice Curris.

En procesión, las cuatro seguidas, salen cantando, ¡cumpleaños feliz! ¡cumpleaños feliz abuelo querido, cumpleaños feliz!...

-Pero hoy no es el día de mi cumpleaños… ¡qué estarán tramando estas nietas!

Muy sorprendidas, las cuatro se callan, Curris da una voltereta, Mariana y Coti se miran sorprendidas y Olivia entona

Tengo una muñeca
vestida de azul,
con su camisita
y su canesú.

Sus primas, ahora más animadas, se unen a ella y siguen cantando juntas:


La lleve a paseo
y se me constipó,
la tengo en la cama
con mucho dolor.

Esta mañanita
me dijo el doctor
que le de jarabe
con el tenedor.

Saltan y saltan mientras  cantan, Mariana se agacha, se escabulle tras un sillón, se detiene un momento y, como si fuera una bebe, gatea hasta la alfombra del rincón prohibido, se detienen de nuevo, escucha a sus primas que siguen cantando

Dos y dos son cuatro,
cuatro y dos son seis,
seis y dos son ocho
y ocho, dieciséis.
y ocho veinticuatro,
y ocho treinta y dos

¡Ni se te ocurra Mariana!, ¡Ni se te ocurra Mariana - !Es el grito de su madre que se superpone al

Ya me sé la tabla de multiplicar,
ya he hecho los deberes,
vamos a jugar.

que siguen cantando sus primas, y a la voz de Mariana que ha retrocedido, -¡no he hecho nada mamá! -.

Sonrisas y plausos de los mayores, les ha gustado el teatro…Curris da otra voltereta y las cuatro primas, disimulando, me marchan de nuevo al cuarto de jugar.

Están furiosas, Mariana además quitar el sitio a Coti, que era la que tenía que intentar la entrada en el rincón prohibido, lo ha hecho mal y su madre le ha descubierto antes de tiempo; - es que como tu estabas cantando!, - ¡es que casi lo he conseguido! -, ella se justifica; y siguen, - ¡es que eres una tonta!, - ¡es que…!  - ¡es que…! -. Olivia, callada, mira a sus primas y piensa, ¿y si me subo en el abuelo, le hago un mimo y, cuando esté distraído, le pido permiso? Curris  mira a sus primas, ¡son pequeñas!, las olvida y piensa en cómo se le ocurre un nuevo plan. Bla bla bla… poco a poco dejan de discutir y, ya que están disfrazadas, hay muchas muñecas y ropa para vestirlas, se ponen a jugar.

 

 Día 3: el último intento

Han pasado  semanas  y, en el cuarto de jugar, Olivia que lo ha pensado mucho, explica a sus primas que tiene una  idea que es la mejor: se suben al abuelo, le hacen un mimo grande y, cuando se ponga tierno,  piden permiso para entrar en el rincón prohibido y ya está.

-Encima del abuelo solo cabemos dos, Olivia y yo -, afirma Coti.

-Yo también quepo, el abuelo es muy grande y cabemos las tres -, asegura, muy seria Mariana.

Curris, lo tiene claro, no caben las cuatro y el abuelo, es muy viejo, no puede estar mucho rato teniendo a todas las nietas encima, las madres se pueden enfadar. - Es mejor que se suba solo Olivia y las otras, como cuando nos cuanta un cuento, sentadas a sus pies -.

Dicho y hecho. Despacito, muy melosas, se acercan al abuelo, las madres y los padres están hablando y él distraído, - ¿me haces un mimo abuelo?, dice Olivia subiéndose al abuelo; - ¿nos cuentas un cuento? -, añade Mariana; - el de la princesa encantada -, propone Coti; el que tú quieras abuelo -, ofrece generosa Curris.

Durante un rato las cuatro nietas viajan por bosques y praderas, por castillos y mazmorras, sufren las maldades de la bruja y gozan, al final, con amores de príncipes y princesas.

Y, cuando el abuelo termina, hay un silencio y, muy bajito, Olivia muy apretada al abuelo, pregunta: - abuelo, ¿podemos entrar en el rincón prohibido?

-No nietecita, es el rincón prohibido -.

-Abuelo, ¿por qué está prohibido entrar en el rincón prohibido -, se le ocurre preguntar a Curris.

El abuelo se pone muy serio, las nietas lo miran angustiadas, expectantes, pasan unos segundos… y el abuelo contesta: - pues no me acuerdo -.

-Hijas -, pregunta a las madres, - ¿por qué está prohibido entrar en el rincón prohibido?

Ellas se miran, - no lo sabemos, siempre ha estado prohibido -.

Y el padre de Mariana, de pronto recuerda: - lo prohibió mamá cuando éramos pequeños…

-Ah, ya me acuerdo, y muy sonriente el abuelo lo explica: - los silloncitos estaban recién tapizados, y tu madre, Curris, con la ayuda de tu padre, Mariana, un día los pintaron con bolígrafo y, con un tenedor de la cocina los pincharon por todas partes, hubo que tapizarlos de nuevo y la abuela, que todavía estaba enfadadísima, prohibió a los niños que se acercaran a ellos y, para prevenir tentaciones, ni siquiera pisaran  la alfombra azul.

- ¿A ti abuelo te gustan mucho los silloncitos? -, pregunta Curris

- No, Curris, no me gustan nada, y a la abuela tampoco le gustaban nada, son muy incómodos y bastante feos…

- ¿Entonces podemos sentarnos en ellos, aunque estén en el rincón prohibido, abuelo?, pregunta Coti?

Y, el abuelo, luego de un silencio, contesta: - sí, podéis entrar en el rincón prohibido…-.

Ah, hijas, voy a quitar esos sillones del rincón prohibido, la verdad es que la abuela hace muchos años que estaba harta de verlos.






sábado, 2 de julio de 2022

1000. DE LA BODA DE CARMEN Y PAQUITO


Ayer, día 1 de julio, viernes, en la Iglesia de San Ignacio de Torrelodones, atestada de testigos, mis sobrinos, Carmen y Paquito, contrajeron matrimonio.

Y, debo decirlo, la boda de Carmen y Paquito ha sido un preciso estallido de amor y luz en los tiempos obscuros que estamos viviendo.

Carmen, morena, reluciente y hermosa, vestida de pasión, fuerte y segura, en el Altar, ante Dios, con el alma abierta, dijo que sí, que era verdad, que más que a nadie ni a nada en el mundo, amaba a Paquito con todo su corazón.

Y Paquito, fuerte, competitivo, y en nada altivo, supo que al fin había vencido y, entre orgulloso y humilde, olvidado de sí mismo, pensando solo en ella, henchido de amor, dijo, gritó, que sería el marido de Carmen y que él, sin ninguna duda, le entregaba a ella su alma y su corazón.

En ese precioso momento, para mí, que los quiero, todo lo importante de este día había terminado. Ya nada tenía importancia, los dos, Paquito y Carmen habían sellado su compromiso, para siempre, de amor y  solo quedaba “la celebración”.

Más tarde, en Prados Moros, la fiesta grande de la boda: primero, la luz del precioso atardecer de Guadarrama hizo justicia a la belleza engalanada de las mujeres, jóvenes hasta las más ancianas,  y los trajes, cuidados y elegantes de los hombres. Más tarde, en el correr de la noche, en una esquina del jardín, cante grande y bailes como en Sevilla, la familia de Paquito, desatada; la de Carmen, por una vez, siendo muchos parecíamos menos, admirada.

Después, durante la cena formal en el comedor inmenso de la finca, no tiene sentido hablar, porque todo fue bueno,  de la cuidada atención de los organizadores de la celebración, ni de las viandas o  las bebidas, tan bien elegidas, lo que parecía imposible, ¡hay milagros!, sucedió: una explosión de alegría llenó el espacio, música, canciones, pañuelos al aire, risas, lágrimas, las palabras de los hermanos, sobre todo de la hermana, de Paquito, la emoción de sus padres y de mi hermana María José, la madre de Carmen, lo que dijeron los novios y, sobrevolando la noche, el amor, regalo de Dios, que vivimos todos.

Hubo más, mucho más, todo bueno, incluido el gran baile, en la celebración de la boda de Carmen y Paquito pero, porque como salvo el amor que ellos viven nada es importante, lo dejamos en el olvido.

Para terminar, decir que estas mis palabras, pobre expresión del cariño que siento hacia Carmen y Paquito, son mi plegaria al Cielo para que la felicidad de hoy les dure, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, para siempre.