martes, 18 de septiembre de 2018

774. REFLEXIONES: TIEMPOS EXTRAÑOS FUERA DE LAS VIEJAS RUTINAS



Son tiempos extraños los que he vivido, largos como la eternidad y breves como un suspiro. Ahora, suavemente, con sigilo, se abre ante mis ojos una ventana nueva a lo que, en verdad, es el camino de la vida. 

Durante el último año, sabiéndolo con la razón y sin aceptarlo con el corazón, he vivido en el luto, he convivido con la enfermedad, carecido de ánimo y olvidado qué es la voluntad.  La muerte de mi mujer y las goteras de la edad, junto a las preocupaciones familiares, aunque en todo momento haya estado rodeado de mucho cariño, me han mantenido ajeno a cuanto pueda ser verdadera alegría e ilusión.

No, no es que el paso del tiempo mitigue la tristeza, atenúe el dolor y renueve la ilusión; el tiempo solo es un bálsamo que, a ratos, cubre las heridas, distrae el pensamiento, oculta la soledad y reanima la voluntad.

Casi todo se está colocando en su sitio, en el lugar que ocupaban cuando eran nuevas las piezas que no se han perdido del rompecabezas que es la vida. Vuelven a la conciencia las rutinas, las que siguen vivas y las nuevas que intentan sustituirlas; es extraño lo que tardan en desaparecer pequeños hábitos que, aunque lo niego, ahora carecen de sentido y cuánto cuesta que otros nuevos se hagan rutina.

Levanto los ojos y miro a su sitio, no hay nadie, y lloro…y porque nunca hay nadie, las lágrimas son la nueva rutina. Y no hablo, se que no tiene sentido, y ese silencio es ya rutina… el bálsamo del tiempo pasado ha tejido su capa de silencio a mi alrededor; ya es rutina no decir, guardar su nombre en el pensamiento y callar, ¿para qué obligar? Y tragar, sentir su nombre pasar por la garganta es una de mis nuevas rutinas.

Todo, leer, cocinar, pensar, pasear, dormir, comprar, comer y cenar, hasta guardar silencio o hablar tiene matices, es casi igual, pero del todo diferente…sin consciencia he cambiado algunos de mis pequeños hábitos y, esto me importa mucho, estoy volviendo a tener una vida de rutinas, una vida en la que los tiempos extraños en parte se han ido y en parte permanecen dejado sus marcas en mis nuevas y ¿detestadas? ¿queridas? rutinas.

Sí. Son tiempos extraños estos que he vivido; son, han sido, largos como la eternidad y breves como un suspiro… claro que aún siguen, al igual que ella, conmigo…

Nota: Esta entrada es fruto de la cariñosa presión de personas que, queriéndome, piensan que pensar en voz alta sobre las vivencias del alma es muy bueno para quien penetra en su intimidad y también para quienes, escuchando o leyendo, participan de ella.

1 comentario:

Unknown dijo...

¡Mucho ánimo profesor! El duelo tiene ese lado "canalla", nos obliga a acostumbrarnos a la nueva "normalidad". Un gran abrazo