lunes, 23 de febrero de 2026

1223. COSAS DE VIEJO: DE LA CUARESMA


Aunque España es una nación de tradición católica, en los últimos años la práctica de la religión ha disminuido y, poco a poco, los españoles vamos olvidando cosas que fueron muy importantes en el pasado y, pienso lo deberían seguir siendo en el presente y en el futuro de nuestra sociedad.

Por ello quiero, necesito, decir que la semana pasada, el Miércoles de Ceniza, comenzó la Cuaresma, ese tiempo de ayuno, oración y penitencia que, recordando los cuarenta días que pasó Jesucristo en el desierto, celebramos los católicos, cristianos ortodoxos y no pocos protestantes y son preparación espiritual de la Pascua de Resurrección.

Y, ayer, 22 de febrero de 2026, la liturgia de la Iglesia Católica nos regaló la celebración del Domingo 1º de Cuaresma, en el que, recordando a Jesucristo tentado por Satanás en el desierto, tenemos una oportunidad única para reflexionar sobre el sentido del bien y el mal, la tremenda contradicción entre el bien propio, la supervivencia de los más fuertes, la fuerza egoísta de la evolución, y la necesidad, también humana de amar y no abandonar a los más débiles en el camino de la vida.

Sí, creo que la Cuaresma es una gran oportunidad que tenemos los católicos para encontrarnos a nosotros mismos, hacemos mejores y contribuir al bien de la sociedad.

Ah, para terminar, decir que el hecho de reflexionar sobre el sentido de la vida, la evolución, el bien y el mal, la tentación, el amor y el desamor, la libertad y la opresión, el valor de la religión y “cosas así”, siendo normal en la juventud es, ¡curiosamente!, una realidad, inevitable en la vejez.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es cierto que toda la religiosidad que vivimos en nuestra infancia y juventud ha pasado. Los jóvenes en su mayoría ni saben lo que es La Cuaresma ni el Miércoles de Ceniza. Creo que ni tanto ni tan poco: yo recuerdo muchas de aquellas cosas que me sobrecogian, nos abrumaban demasiado con el pecado, la culpa, la mortificación... y esto de ahora , está banalidad, me entristece.
Carmen