miércoles, 22 de octubre de 2008

200. ES INEVITABLE SEGUIR HACIENDO EL CAMINO DE LA VIDA


Aunque no leyera los periódicos que los leo y aunque no escuchase la radio, que la escucho, sabría bien que peste del temor y la angustia de no ver salidas se extienden deprisa como una mancha de aceite que cubre cuanto nos rodea.

En las últimas semanas veo, cada vez con mayor frecuencia, en las calles, en los trenes, en autobuses y en los aviones rostros serios y miradas preocupadas.

En las tiendas las vendedoras parecen haber perdido la sonrisa y la atención, buena o mala, al cliente parece importar nada.

En los despachos y en las salas de reuniones participo de la preocupada tensión que produce la bajada de las ventas, el exceso de personal, la no renovación de las líneas de crédito o el retraso en los pagos de las administraciones públicas.

En mi teléfono resuenan peticiones de ayuda de empresarios que necesitan desprenderse de personal o de personas que van a ser, ellas mismas, sus hijos o sus amigos, despedidas de trabajos que consideran, acaso con razón, muy suyos. En todas las conversaciones encuentro tensión y miedo.

A mi correo electrónico llegan también, día tras día, palabras amigas que exploran en la angustia salidas al mal que a casi todos rodea.

Hay mil razones para tener miedo, hay mil razones para aceptar el dolor de la impotencia y esconder en el sueño la tristeza.

Sin embargo, creo que hay muchas más razones para superar el miedo, para rechazar la tentación de la impotencia, y afrontar con ilusión el futuro, que para sumirnos en el desánimo de una crisis miserable que, por ahora al menos, no toca la posibilidad de comer caliente, acudir a la escuela, ir al hospital o dormir bajo techo.

La crisis es poco probable que deje a quienes viven en España o a quienes me escriben desde lejos, en situaciones peores que las que fueron comunes a casi toda la población durante cerca de sesenta años del siglo pasado, años que están muy cerca y aún en la memoria de muchas personas que en parte las recordamos.

La crisis es poco probable que llegue a dejar a las gentes de América que hablan español peor que hace bien poco tiempo, cuando las guerras o guerrillas, las dictaduras, las catástrofes naturales o la explotación de tantos por unos pocos, recorrían campos y ciudades, sembrando hambre, exilio o muerte en familias y familias.

La crisis que hoy nos espanta es poco probable que quite la vida de nadie, ni siquiera de los ancianos que bien recuerdan los muchos años que pasaron hambre.

Lo más que puede pasar es que durante una temporada, meses, trimestres o quizá algún año, trabajemos más duro, pasemos más sustos, tengamos más miedos, pero, a fin de cuentas, no van a ser para todos tiempos tan malos como los años malos que, de tiempo en tiempo, todos hemos pasado o nos quedan por pasar.

Lo mejor de la vida es hacer el camino, por eso, aunque haya tiempos de duda o de desánimo, para los seres humanos es inevitable, aún sin quererlo, vencer el miedo, superar el desánimo y seguir, mientras estamos vivos, haciendo el camino.

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