jueves, 5 de febrero de 2009

229. SENSACIONES EN ZAFRA



He pasado unos días en la antigua y hermosa ciudad extremeña de Zafra. Es una ciudad sorprendente, llena de vida, con una larga historia, que se abre al futuro con una casi insolente fortaleza.

Disfrutar la armonía de la Plaza Grande, gozar del el calor, aún en mayor de los fríos, de la Plaza Chica, sentir la magia de la Puerta de Jerez, gustar el sabor de la Muralla, escuchar el silencio del Convento de Santa Clara, abrir el alma a la Virgen de la Esperancita o descansar en el Palacio de los Duques de Feria es sentir la nostalgia de estar aún en el tiempo de un ayer rico que no está perdido.

Cuando caminas por la calle Sevilla y miras las vidrieras de tiendas vivas, hueles el aroma delicioso que sale por la puerta entornada de la Confitería Argentina y, sobre todo, ves el caminar de las gentes, descubres pronto que Zafra, con sus 17.000 habitantes es una ciudad del futuro.


La percepción de actividad y de futuro se incremente cuando visitas las empresas que pueblan los amplios y bien cuidados polígonos industriales. Almacenes de maderas y sus manufacturados, hierros de todo tipo, cristales, aluminios y talleres de casi todo. Hay en Zafra tornos, fresas, tecnología y profesionales que son maestros en los viejos y nuevos oficios.
He visto los hornos bien calientes, camiones con frío y, en muchos lugares modernos automatismos. He visto empresas que venden en la zona y otras que están también presentes en Sevilla, Jaén, Murcia, Barcelona o en varias regiones de Portugal.
Pero, sobre todo, he visto gentes que se esfuerzan, ahora angustiadas en la crisis, por mantener y hacer crecer sus negocios, que luchan por adquirir conocimientos, que se abren al mundo global y que, con el mismo espíritu que hizo posible el buen pasado de Zafra, estoy seguro, en unos años, serán la referencia magnífica de un futuro que ya es parte de su presente.

Sí, ha sido un inmenso placer visitar y sentir Zafra, además de conocer a sus gentes.

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