lunes, 7 de julio de 2014

533. DE LOS RECUERDOS GUARDADOS EN EL OLVIDO: ALFREDO DI STÉFANO

Hoy, de entre los recuerdos que mantengo  guardados en el olvido,  al recibir la noticia de la muerte de Alfredo Di Estéfano, ha regresado como si fuera ayer,  la tarde de 1953 en que  mis padres me llevaron  a ver  el primer partido de la liga española  que jugaba la  estrella  recién llegada  al  Real Madrid.

De aquella tarde, probablemente memorable  para Di Stéfano y  para muchas de las personas que asistimos al partido,  recuerdo pocas cosas: lo incómodo  del asiento,  estábamos sentados sobre unos cojines que hacían menos duro el cemento de la grada; la mucha gente,  yo no sabía que en el mundo  hubiera tanta; el ruido insoportable de  los gritos de los espectadores, especialmente los de una señora muy gorda que, ante la mirada llena de reproches de mi madre, no dejaba ni un momento de proferir  insultos a alguien;  el   humo, mucho humo  de cigarrillos y cigarros puros que me hacía toser; y en el césped, inmenso, verde y liso, los futbolistas, con números en la espalda, corriendo como descosidos detrás  del   balón.

Lo recuerdo muy bien, me sentía muy contento porque era  la primera vez que iba a un estadio y muy orgulloso de  ser mayor, tenía nueve años,  y poder asistir a un partido de futbol. Y recuerdo a mi padre  que, de  cuando en cuando me preguntaba: ¿estás bien?, ¿te gusta el partido?, ¿estás cansado?, pero, aunque hoy  pienso que no me gustó nada de lo que viví aquella tarde,  cuando trato de recordar las  respuestas que di a mi padre,  no consigo sacarlas del olvido.

Desde entonces creo que toda mi vida he huido asistir a partidos de futbol y puedo contar con los dedos de las  manos  las veces que luego de 1953  he presenciado, nunca por casualidad  y  muchas  de ellas desde el palco presidencial, partidos de futbol.

Sin embargo, desde  aquel  día he sentido, ¿quién sabe por qué? una profunda admiración por Alfredo Di Stéfano, la nueva estrella del Real Madrid de 1953. Me he alegrado de sus  éxitos y he lamentado cuando no los ha tenido; le he acompañado  a distancia en sus tiempos buenos y en sus épocas menos buenas y ahora, cuando de su vida solo queda la memoria,  doy gracias a Dios por haber dado la vida  a este gran  hombre y acaso por  haber influido para que mis padres me llevaran, cuando era niño,  al primer  partido de la liga española de 1953.


Descanse en paz Alfredo Di Stéfano

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