sábado, 24 de enero de 2015

662. LO QUE SENTIMOS Y HACEMOS CUANDO UN PARIENTE PRÓXIMO RESULTA SER UN GOLFO

Las imágenes  de  personajes imputados, procesados, condenados o absueltos por delitos relacionados con la apropiación indebida de dineros ajenos que, con desagradable  frecuencia,  nos regalan,  para mal, los medios de comunicación, suelen hacerme pensar en los efectos que las acciones de esos personajes tienen en las personas que les son próximas y en las muy diversas maneras en que estas se enfrentan a esas situaciones.

Evidentemente, para alguien que nunca ha tenido  a un pariente  próximo  en los periódicos, en la radio, la televisión, en las redes sociales o en las reuniones familiares, como presunto autor de un delito,  le haya visto  sentado en  el banquillo de los acusados y luego absuelto o condenado por un tribunal de justicia, el tema es bastante sencillo; basta con pensar e incluso comentar en voz alta algo así cómo:  fulano es un sinvergüenza, está bien que haya sido condenado, ¡pobre hombre, lo que habrá pasado!, o ¡que buenos abogados tiene para que haya escapado!, seguro que en cuatro días estará en la calle, o ¿cuánto dinero tendrá escondido en alguna parte?

Sin embargo, cuando el personaje es un miembro próximo  de  tu  familia, las cosas son menos sencillas: van de la incredulidad al espanto, de la sorpresa al disgusto, de la pena a la rabia, del amor al odio o del apoyo al olvido.

Evidentemente haya casos y casos, los menos malos, aunque muy malos, lo sé bien, con aquellos en los que el acusado te dice a la cara que aquello de lo que se le acusa en falso, tu lo crees, haces lo que puedes, le apoyas con toda el  alma y,  al final, luego de mucho tiempo, pueden ser años, un tribunal  absuelve al acusado. Entonces quedas tranquilo, respiras por tu pariente,  tu corazón  se esponja, maldices a quien le acusó, sientes rabia por lo que ha pasado, maldices también  la lentitud de la justicia y,  poco a poco, olvidas.

Bastante malo, aunque no del todo malo,  es el  caso del pariente  al  que,  a pesar del parentesco próximo,  ves  poco o nada  y  resulta, ya lo sospechabas, que es un golfo. Te enfadas, te  molesta mucho,  empatizas más o menos  con la mujer y los hijos y,  si le quieres mucho, le ayudas  en lo que puedes,  vas a verle a la cárcel y no te avergüenza ayudarle cuando sale;  o si le quieres menos, maldices y procuras olvidarle. 

Peor todavía,  ésta  es una gran desgracia: mi pariente próximo,  al que quiero,  para mi sorpresa, ha resultado ser un sinvergüenza de tomo y lomo, se ha  apropiado con malas artes de mucho dinero  y ha hecho otras cosas también  malas. Sale acusado en los medios de comunicación, entra en los juzgados,  necesita  fianzas, se le condena a penas de cárcel, está encerrado un tiempo;  sale “marcado” y casi siempre destrozado, algunas veces arrepentido  y otras puede que orgulloso porque se ha hecho  más  rico que un borrico.  Aquí puede pasar cualquier cosa  y,  aunque sea distinto el caso del que lo ha perdido todo del de aquel que  ha amasado dinero para que sus nietos sigan siendo ricos, uno puede, con todos los intermedios,  desde  alejarse del todo,  en todas las familias hay  ovejas negras,  hasta mantener el cariño y la relación a pesar de lo ocurrido.

Y, la peor de todas: cuando tienes un pariente muy, muy próximo, que es un golfo, prepotente y chantajista…que se ha apropiado de los millones  ajenos, que ha dormido en muchas camas, que te ha engañado en todo y sabes que seguirá siendo sinvergüenza  e infiel mientras viva, y  al que, a pesar de todo, no  quieres dejar porque es tu marido, tu mujer, tu padre o tu hermano y le amas…¡Qué horror! ¡Qué desgracia!
                                                                                              
Nota:


Lo que aquí digo para el pariente próximo, también sirve para el caso en  que el golfo sea o haya sido un muy buen amigo.

No hay comentarios: