sábado, 16 de abril de 2016

725. ABRIL, AGUAS MIL


Llueve mucho en  este abril: Los refugiados fatal, las guerras igual,  hay terremotos;  por ahí, poca paz   y aquí   el  desgobierno es  total; no cesan los escándalos, la  tranquilidad es poca y las  incertidumbres muchas: ¡Este abril es de aguas mil!

Ganas me dan de ponerme una venda en los ojos, taparme los oídos y  meterme  debajo de la cama para no  mojarme  y no enterarme,  hasta que  deje de llover y escampe.

Pero entre las aguas de abril,  en mi pueblo  hay niños recién  concebidos y otros, no pocos,  recién   nacidos; la electricidad  alumbra las  calles y  las casas;  el  agua sigue en los grifos;  muchísimos coches en todas partes;  funcionan los colegios y  hay plazas para curarnos  en los hospitales; en los mercados abunda y   podemos  comprar  comida;  cada día que pasa hay menos personas en paro y hasta tenemos recursos para invitar a que vengan refugiados y  gentes de otras partes…


Claro que, cuando por descuido veo esas cosas  casi me asusto,  lo reconozco, porque  el agua que cae, de verdad moja poco. Y,  porque  soy un español terco, pronto supero el espanto, abro la boca y  grito muy fuerte, como metiendo miedo: ¡Qué horror este  año, tenemos  un  abril  de aguas mil!

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