lunes, 18 de abril de 2016

726. EL PAPA FRANCISCO EN LESBOS, ALGUNAS REFLEXIONES

Sí, el Papa Francisco ha viajado a la isla griega de Lesbos para estar con  los refugiados que allí sueñan con llegar a los países ricos de Europa y temen, con razón, que cualquier día, les  envíen  a Turquía para  que,  encerrados en campamentos,  hagan tiempo hasta que se encuentre un destino para ellos.

Sí el Papa Francisco ha dado un aldabonazo en las conciencias de muchos europeos y ha mostrado al mundo el egoísmo y la falta de amor al prójimo de los ricos y poderosos habitantes de la desalmada Europa y de sus desalmados dirigentes.

Sí, el Papa Francisco se ha conmovido cuando ha visto el inmenso dolor de los refugiados de Lesbos y  ha gritado al  mundo la falta de amor  y de generosidad que tenemos los europeos.

Sí, pero. Hay algunos peros que, aunque por expresarlos me hago acreedor a todos los insultos, a  los mayores desprecios y a ser condenado al infierno, pienso que es bueno decirlos bien alto.

El Papa Francisco tiene razón, está en su derecho y es su obligación, reclamar que se acoja a los refugiados, que se les integre en la rica sociedad europea.

Pero, el Papa Francisco, cuando habla lo hace desde la perspectiva cristiana  del amor, la caridad, el perdón y la misericordia, el amor que no pide nada, la caridad que no espera nada, el perdón setenta veces siete, la misericordia infinita de Dios que se extiende todos los días a  todos los seres humanos. Y, desde esta perspectiva nada importan los riesgos y las consecuencias que  los actos de  amor,  caridad,  perdón,  misericordia e incluso el sacrificio de quienes los realizan, para ellos mismos y para la sociedad europea.

Hay que ser generosos, sí,  tiene razón el Papa Francisco, hay que acoger a los refugiados, hay que aceptar a los inmigrantes que escapan a la pobreza y a la tiranía de sus pueblos y sus dirigentes. Pero ¿Hay que aceptar que los refugiados  impongan a los alemanes, a los  suecos, noruegos o daneses, su presencia porque así lo desean o  así lo quieren? ¿Hay que aceptar que los refugiados, porque son seres humanos,  impongan su cultura a los europeos que ya tiene  la suya propia?

Hay que ser generosos, sí, tiene razón el Papa Francisco  pero ¿Tienen los europeos que  acoger a refugiados que son o pueden ser a corto plazo  islamistas radicales dispuestos a matar  europeos para extender el Islam?

Hay que sufrir con los que sufren, hay que evitar el horror de los campos de concentración, hay que facilitar la llegada a Europa a  los desgraciados que consiguen no morir ahogados en el Mediterráneo, pero ¿Tienen los pobres europeos que ser más pobres porque, para dar bienes o dinero a  los pobres refugiados, tienen que dejar de recibirlos ellos?

Sí, el Papa Francisco tiene razón, hay que acoger a los pobres refugiados de cultura islámica porque son seres humanos, pero, ¿Es tan malo que esos seres humanos acepten integrarse en Europa, como no  lo están haciendo los que llegaron primero,  sin pretender imponer a sus huéspedes la Ley del Corán?

Pues sí, el Papa Francisco tiene razón, tanta razón que por lo que estoy escribiendo, la gente buena de la Iglesia me llamará  pecador y la también buena del progresismo comunista, si se entera de lo que pienso, me tildará de   cristiano, injusto, cruel,  fascista y, hasta es posible, de criminal  feo.

Y unas reflexiones finales:

Sí, hay que acoger a  refugiados, pero en toda Europa y en el resto del mundo, no en donde quieran ellos instalarse.

Sí, hay que acoger a  refugiados, pero no hay que permitir que con ellos entren islamistas radicales que vienen a hacernos  la  guerra.

Sí, hay que acoger a refugiados, pero debemos  permitir que nos  colonicen,  son los que llegan quienes han de adaptarse y no somos nosotros quienes tenemos que adaptarnos a ellos.

Ah, y prefiero que quienes vengan estén bautizado, incluso si son ateos.

Tengo muy claro que, aunque el Papa Francisco tiene razón y hay   que acoger a los refugiados, no podemos aceptar que en  unos años, por  la fuerza, nos impongan la Ley de la Blasfemia o el Ramadán.

Y  que es obligación de los gobiernos europeos acoger refugiados, pero  también lo es  evitar para sus ciudadanos el riesgo de, por obrar con buenas intenciones,  ocupen  plazas en el infierno.


De todos modos, para  no sentirme injusto, debo decir que,  seguro, el Papa Francisco al proclamar que los refugiados deben ser acogidos, no excluye  que los gobiernos  tomen precauciones para evitar los peligros que tiene para Europa y los europeos la llegada masiva e indiscriminada de miles o millones de personas a nuestro suelo.

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