jueves, 27 de junio de 2019

804. ANIVERSARIO



La sombra de la tarde y el sombrero panamá orientan y protegen mi paseo.  Tengo que caminar, lo dice el médico, me cuesta hacerlo, lo hago y no pienso.

En mi mano derecha el bastón, golpeando el suelo, me marca los pasos. En la mano izquierda, desde la correa, siento moverse a mi perra, lo hace despacio y con esfuerzo.

Ahora el bastón se queda quieto, es para limar peso al cansancio, lo sé y lo entiendo. La perra abre la boca, huele alrededor, dobla las patas, se tumba y descansa. Siento los ojos húmedos y la boca me sabe a lágrimas, mi alma se ha hecho oscurecer.

¡Vamos, levanta del suelo, camina…! La perra y el bastón arrastran la tarde sobre este camino tantas y tantas veces compartido.

Y sí, de pronto, por sorpresa, con alegría, como es ella, ahora, en la tarde,  mi mujer  camina  conmigo; mi brazo se goza con el tacto de su brazo, su cadera roza mi cadera, mis piernas sienten sus piernas,  apoyada su cabeza al ladito de mi hombro…me llena su perfume, su presencia calienta mi corazón, penetra mi pensamiento y llena mi alma;  no habla, lo dice todo sin necesitar palabras.

Ha sido un largo y precioso instante que se ha ido. Siento a la perra tumbada en el suelo y,  con el cuerpo apoyado en el bastón,  levanto la mirada: comienza a oscurecer y  solo huele a verano…

¿Será porque la perra es mayor y se acaba, será porque caminar me cansa, será porque el tiempo pasa, será porque la tristeza me acompaña?  No sé cómo lo ha hecho, ¡es tan difícil saberlo!, pero ella ha venido para hacerme el inmenso regalo de estar conmigo y alegrarme esta tarde y esta noche de añoranza.

No hay comentarios: