La tremenda oleada de incendios que en este verano de
2025 está arrasando nuestra nación me ha hecho pensar en otro incendio, en el mayor
que se recuerda en la historia de las
tierras de lo que hoy es España.
Se produjo en el verano del iniquo, nefasto, año 949.
Su origen, aunque pudo ser un terremoto o los rayos de una tormenta, es incierto.
Comenzó en la costa atlántica, y avanzando por el norte de Portugal y el sur de
Galicia, abrasó grandes zonas de lo que hoy es León, Zamora y Burgos, llegó a la
Rioja y solo se contuvo al alcanzar el rio Ebro; es decir quemó territorios más
extensos que todos los reinos cristianos
en ese tiempo.
Y, al pensar en las consecuencias, ¡tantas y tan duras!,
de los incendios de este agosto, con
retrospectiva angustia, imagino el mazazo, en destrucción, hambruna y muertes, ¡cuánto
dolor!, que fue el gran incendio del año iniquo; y en el muy largo tiempo que
las gentes de entonces, ¡nuestros mayores!, tardaron en recuperarse.
Claro que al llegar a este punto pienso: el gran incendio del siglo X fue nefasto, sí, pero no es justo que yo, ahora, lamente ese gran mal que, un milenio después, nos permitió nacer.
Nota: la imagen, con los incendios activos en España, que ilustra esta entrada, está tomada del Plural en Internet
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