jueves, 19 de junio de 2008

170. EMIGRACIÓN. TANTO DOLOR.



Es humano y muy loable, que cuando una persona, con mucho valor e indudable iniciativa tiene dificultades en un lugar, busque mejores oportunidades en tierras diferentes.


Más aún, cuando la necesidad de marchar, ya sea porque es preciso comer o, lo que es peor, dar de comer, o solo, que es mucho, porque el ambiente asfixia, los vínculos afectivos, fuertes maromas que amarran las almas, se tornan tenues hilos que sujetan nada.

Es, por tanto, humano y extremadamente loable emigrar por un tiempo o hacerse, para siempre, la vida en otro lugar.

En todo caso, se bien y de ello estoy convencido, quienes emigran son personas fuera de lo común y, en no pocas ocasiones, si pudiera decirse que unas personas son mejores que otras, muchas de las que dejan su tierra y marchan lejos, lo son.

Abrirse camino lejos de casa es suma de dolores, camino de privaciones, preocupaciones constantes, lágrimas largas, soledades, ahorro ganando nada y disimuladas palabras de consuelo para quienes, recibiendo casi siempre, quedaron atrás.


Sin embargo, el adorno que completa la amargura y el dolor de quien emigra es el desprecio o, al menos, el no aprecio, de quienes se lucran, sin piedad del valor de su trabajo.

Sí, de las sociedades que los llaman a gritos. Unos para que hagan los peores trabajos, otros para cobrar alquileres de casas que no son casas, otros para presumir de buen talante y, casi todos, para que, si se puede, pedir que se marchen a su pueblo cuando parece que sobran ya. .

Sí, de las sociedades que los animan a estar lejos para poder disfrutan de sus remesas. De las familias que gracias a ellos pueden vivir y hasta presumir de bienestar o de los políticos que impulsan la marcha de más personas para que manden más dinero y poderlo ellos malgastar.

Cuando veo ahora, cómo desde Europa se ha llamado a tantas gentes que necesitaban mejorar y ahora se toman medidas para obligarles a marchar, siento gran vergüenza y enorme malestar por las buenas gentes que vinieron, con dolor, a hacer aquí su vida o simplemente a trabajar.

Pero, al mismo tiempo, tengo decirme a mi mismo que hay cosas que objetivamente están mal y que debo controlar el amargo regusto que me da pensar que los tiranuelos, de aquí y de allá, beneficiarios del dolor ajeno, van tener menos dinero para sin haberlo ganado ellos. malgastar.

1 comentario:

Antonio dijo...

Punto de vista diferente pero muy acertado. Merece la pena meditarlo.