jueves, 13 de noviembre de 2008

207. SI SE BUSCA BIEN SIEMPRE SE ENCUENTRA ALGO QUE HACER



Las personas de mi entorno saben que en los últimos años he ido reduciendo progresivamente mi actividad profesional como consultor y que ya no me acosa la presión de hacer el trabajo y terminar bien.


Lo he hecho por tres razones, la primera porque tengo menos capacidad de trabajo, la segunda porque, aunque no dejo de estudiar, siento que voy perdiendo el tacto de la realidad empresarial y, la última, acaso la más importante, porque no necesito trabajar mucho para tener un buen pasar.


Sin embargo, en los últimos meses, cuando abro la agenda me cuesta encontrar huecos para atender a las personas y responder con seriedad a las cuestiones que me plantean.


Los temas son siempre los mismos,siempre dificultades, “no vendemos”, “no cobramos”, “tenemos excesos de personal”, “cunde el desánimo”, “a este paso vamos a tener que cerrar”, “tenemos todo el dinero de la familia metido en la empresa y ya ves...” Al final la pregunta es muy sencilla: ¿Qué puedo, que podemos hacer?

Estudio cada caso deprisa y con cuidado. Deprisa porque los problemas no deben esperar, nada mejora si se hace nada. Con cuidado porque la supervivencia de las empresas y el trabajo de las personas, son bienes con los que no se puede jugar.


Mis opiniones o consejos, aunque no estoy seguro de su acierto, parece que, al menos, sirven de estimulo y animan a actuar a quienes me consultan.


¿Que qué propongo? Más o menos siempre lo mismo:


Hay que trabajar y trabajar, hablar con los clientes, preguntarles qué podemos hacer por ellos, ofrecerles algo realmente útil para ya, para ahora mismo, por un precio ajustado, sin darles problemas. Ir ya a los mercados en que aún hay crecimiento, sin lujos, sin abrir oficinas, sin crear estructuras, captando pedidos para atender inmediatamente. Ahorrar hasta donde sea imposible ahorrar y no dejar de gastar en lo que hay que gastar. Hablar con las personas. Ser leal, cuidar, en lo peor, a los “mejores”, no importa su la edad ni su antigüedad. Además, si alguien tiene que salir de la empresa sustraer a las personas sobrantes con decencia. Y trabajar y trabajar.


Evidentemente, hay que estudiar cada caso. Aunque puedan parecer iguales, todos son distintos y las soluciones, aunque también sean casi iguales, siempre han de ser específicas y diferentes.


¿Qué cómo se qué decir y qué hacer?


No, no soy un mago, solamente tengo el poso de saber que da el haber vivido y pensar luego sobre lo que has vivido. Tener muy claro que el cambio está en la naturaleza humana y en el progreso de la sociedad, saber que lo mejor de ayer seguro que no es mejor que lo peor de mañana. Y, sobre todo, sobre todo, saber que hay que buscar en los problemas donde se esconden las oportunidades.


Siempre hay oportunidades, solo hay que ponerse a buscar para encontrarlas.

Y esto lo se muy bien, muy porque he tenido la muy dura fortuna de estar en situación de decidir y de poder hacer en los años setenta, cuando llegaron a España los efectos de la subida del petróleo del 73 y se enredaron en los vericuetos de la transición.
Pude participar en las difíciles partidas, de los años 80, en las que perder suponía cerrar la empresa y ganar el lanzar como misiles al cielo a viejas empresas.
Recuerdo haber estado en los infaustos postres de la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona y haber sufrido, sufrido mucho, en los ásperos cambios que el principio del siglo trajo, antes de llegar las alegrías, a algunos sectores concretos.


¿Por qué escribo esto?


Acaso para consolarme en un día que el cansancio pesa por lo que he visto, he escuchado y he dicho.


Y, también quizá, para animar a mis lectores, para decir a todos, una vez más, que en las situaciones difíciles siempre hay oportunidades. Si no fuera así, José Luís solo tendría que ocuparse de preparar algunas clases y darlas bien.

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