miércoles, 19 de noviembre de 2008

209. UN EJEMPLO DE LA ESTUPIDEZ HUMANA



Hace unos días estuve preparando las sesiones de un curso que sobre creación de empresas tengo que impartir dentro de unos días. Dediqué no poco tiempo a delimitar el contenido concreto de cada una de las horas, los ejercicios, y las respuestas a las cuestiones sobre las que normalmente sería necesario profundizar, luego hice una última revisión de la documentación para los asistentes y di los últimos retoques a la presentación en Power Point. Finalmente con la tranquilidad que da el haber saber que has hecho un buen trabajo, cerré el ordenador.

Creo que no me había levantado de la silla cuando me di cuenta. José Luís, eres el más claro ejemplo de la estupidez humana. Te estas engañando y hasta hace un minuto, con plena satisfacción, estabas dispuesto a engañar o a intentar engañar, a las personas que van a acudir al curso. Las buenas clases que has preparado podrían haber sido muy buenas y hasta muy útiles en el pasado, pero si llegases a impartirlas y los participantes hicieran suyo el contenido, habrían conseguido nada, incluso, con mi ayuda, hubieran abierto un buen camino para avanzar hacia el fracaso.

Todo lo que había preparado estaba muy bien, realmente bien, pero era pasado. Los nuevos tiempos requieren nuevas fórmulas, nuevas maneras de enfocar los problemas, diferentes caminos para descubrir y hacer realidad las oportunidades.

Como es decente, he tenido que preparar nuevamente las sesiones del curso y espero que lo que se me ha ocurrido sea útil para quien acuda a esas clases.

Sin embargo creo que es mi obligación poner de relieve mi estupidez, la estupidez humana. Me paso el día reflexionando sobre la nueva situación, buscando nuevas vías y ayudando a otros a encontrarlas y, en cuanto me descuido, estoy de retorno al pasado.

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