sábado, 12 de octubre de 2013

508. CIENTOS, MILES DE MUERTOS EN LA INMIGRACIÓN ILEGAL


Desde que hace bastantes días,  desde que  se produjo la última tragedia conocida de la emigración, el drama de Lampedusa con sus doscientos o trescientos muertos, golpea  una y otra vez mi  pensamiento.


No se si ha sido el número de muertos, la visión imaginada de la desesperación  en la  cubierta del barco incendiado,  el horror de  las bodegas atestadas de ahogadas, el conocimiento de la Ley italiana que castiga el auxilio a inmigrantes  náufragos,  la empatía  angustiada con quienes  presenciaron el naufragio sin hacer nada, la expresión del Papa Francisco “Sólo me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza", o  quizá  el conjunto de todo ello, hace llorar mi alma.

Y hoy, 12 de octubre, día de  Fiesta Nacional, me despierto  con la noticia de un nuevo naufragio  las cercanías de Lampedusa,  esta vez con cincuenta muertos, no se cuantos desaparecidos y dos centenares de ciudadanos somalíes o eritreos rescatados del mar para entrar en  futuros de  incertidumbre que para muchos  de ellos pueden   ser  aún peores  que  el  drama de  vivir  en Europa “sin papeles”. 

Y tengo la certeza, aunque me ha costado trabajo, ya me he convencido, de que cada año están muriendo cientos, miles de personas en la emigración ilegal. En el Mediterráneo, en el Caribe, en mares de Asia  y e África y en las  fronteras de todo el mundo, hay muertos y muertos. Posiblemente, si pudiéramos sumarlos todos, tendríamos millones de muertos.

Está claro que algo hay que hacer y  hay que hacer algo efectivo que, desde luego,  no es cerrar con murallas,  el hambre siempre las salta,  a los pobres del mundo para que  se mueran pronto, sin molestar a nadie, ni alterar nuestras conciencias. 

Por supuesto, ni en sueños hay que pensar en eliminar, reducir, complicar o entorpecer la emigración de las personas por el mundo. Todas la personas y probablemente todos los seres vivos que habitamos el mundo somos hijos de emigrantes, de gentes que  a los largo de los siglos, para  escapar del hambre, la guerra o de las catástrofes naturales, se han desplazado por los continentes, de uno en uno, en pequeños grupos o pueblos enteros, buscando lugares en los que vivir y asentarse en ellos, incluso matando por ello.

Tampoco, por supuesto, deberíamos pensar en que sean los pobres de  los países ricos los que sufran más en sus carnes la solución de los problemas de los pobres de los países más pobres….

Pero ¿Qué hacer?

En el curso de la reflexión que va desde la tragedia del día 2 hasta  que me he enterado esta mañana del nuevo drama, han pasado por mi mente muchos temas que me hacen pensar que el problema es complejísimo  pero que, acaso por serlo, como el nudo gordiano, tenga solución.

Posiblemente hay expertos en el mundo que podrían  ofrecer soluciones  radicales para atenuar e incluso resolver el problema de los muertos en el mar, de los asesinatos en las fronteras o el de otros dramas de  la inmigración ilegal. Sin embargo, también estoy seguro de que en todas las  soluciones siempre se encierran   nuevos  problemas, que en el caso de la emigración ilegal, pueden ser  tan graves o peores que los  actuales.

Acaso deberíamos que pensar en comernos  las patatas calientes una por una. Colocar los problemas en una lista, analizarlos, delimitarlos, buscar las cusas profundas, buscar soluciones, etc.

Y aquí está mi lista de patatas calientes, de algunos problemas asociados a la inmigración ilegal, (de la legal soy un acérrimo partidario),  sobre los que creo que todos deberíamos documentarnos  y reflexionar:

Los múltiples tipos de emigración y sus peculiaridades; el  problema añadido de la bigamia  y los nuevos matrimonios en la emigración; el detalle del proceso de emigrar, desde que surge la idea hasta el final; de los  emigrantes sin papeles y su angustia de cada día; del racismo y la xenofobia de unos y  de otros; de las consecuencias económicas de las migraciones; del choque de culturas;  de la religión que mata; de las vías para atenuar un poquito  las terribles  tragedias que acompañan a la emigración y otros más que ahora no es momento de comentar.

Para concluir esta entrada con un reflexión: Me parece que  el tema es complejísimo y que, para colmo, todo apunta a que las posibles  soluciones,  además de muy técnicas,  requieran una enorme generosidad de  las personas concretas y del conjunto de la sociedad.

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