viernes, 20 de diciembre de 2024
miércoles, 18 de diciembre de 2024
1167. COSAS DE VIEJO: DEL BIEN Y EL MAL MENOR
Que la vida enseña es una verdad que, porque soy viejo, procuro no olvidar,
Y esto
es, aunque doloroso, especialmente necesario cuando en la vida aparecen hechos
muy, muy desagradables, que te revuelven el ánimo, tu corazón se subleva y, sin
pensarlo primero, comienzas a hacer planes para luchar o, si ves que el coste
es demasiado grande, o no puedes ganar, a buscar la manera para que el otro,
los otros, ¡arrieritos somos y en el camino nos encontraremos!, paguen en el futuro, al mayor precio posible,
el mal que tú, ahora, estás recibiendo.
Que el
mal siempre, incluso el “mal menor”, es mal, es muy cierto, y causa dolor a quien lo
recibe, pero, además, con frecuencia, es aún peor para quien lo ha causado; la
mayor víctima del mal es, al final, quien lo ha causado; a fin de cuentas, lo
resume el viejo dicho, “en el pecado está la penitencia”.
Cuando
eres joven te parece que “devolver bien por mal” puede estar muy bien para “los
santos”, pero es ridículo y una estupidez, Sin embargo, con el paso de los
años, poco a poco, aprendes, ¡cuesta!, que, incluso para uno mismo, es mejor
devolver bien a quien te hace el mal.
Y, para
colmo, en el extremo, te das cuenta, no es virtud, solo es saber, que conformarte con el mal menor, es mal, sigue siendo una barbaridad, sin duda,
aunque cuesta mucho, mucho, trabajo, es mejor agachar la cabeza y hacer el
bien.
domingo, 8 de diciembre de 2024
1166. COSAS DE VIEJO: DE COMO DIOS ESCRIBE DERECHO CON RENGLONES TORCIDOS
Aunque sé bien que pensar en el pasado para los viejos es normal,
hasta ahora para mí era algo extraño, en nada habitual; y acaso por ello, cuando
esto me ocurre, no puedo dejar, ¡soy viejo y tengo tiempo!, de pensar y
repensar.
Hace
algunos días, un muy buen amigo, Antonio RT, médico de gran saber y prestigio,
a sus 90 años, me dijo que había terminado de escribir sus memorias y me
explicó, con no poca satisfacción, que en doscientas páginas había reunido,
para conocimiento de sus hijos y nietos, los recuerdos de los hechos y, sobre
todo, los sentimientos que habían sido más relevantes en su dilatada vida.
Por
supuesto, espero y deseo leer muy pronto esta obra de mi amigo, para mí
quizá la más interesante de las muchas que ha publicado en su larga y
fructífera vida; además, el solo hecho de que Antonio haya escrito sus memorias ha sido un motivo
de seria reflexión.
Y, por
ello, he buscado en mi propia memoria los hechos y sentimientos que en
su momento, sin saberlo o sabiéndolo, resultaron ser puntos de inflexión en mí
carrera profesional y personal, para tropezar con varias curiosas y terribles sorpresas.
Así, me ha sorprendido ver que algunas decisiones aparentemente importantes en su día, carecieran más tarde de relevancia, y que, por el contrario, otras aparentemente
banales, resultaron ser el comienzo de cambios radicales al poco tiempo.
Y, acaso
más que lo anterior, ahora me asombra, que decisiones “acertadas”, produjesen
auténticos desastres y que “errores” crasos desde todos los puntos de vista, no
fueran tan malos.
Pero, lo
que más me inquieta ahora, cuando lo he pensado de viejo y despacio, es que las
“mayores desgracias”, ocasionadas siempre por mis propios errores, esas que,
cambiando el rumbo, más me costaron, fueron varias, en esfuerzo, trabajo,
dinero y, sobre todo en desánimo y sensación de fracaso, curiosamente, me
llevaron a vivir situaciones inéditas, a adquirir
conocimientos nuevos, a conocer personas valiosas y, en suma, a descubrir, al
menos un poco, el sentido de la vida.
Y, me he hecho, sobre varios de esos “mayores desastres”, dos preguntas sencillas. La primera: ¿si pudiera volver al pasado, cambiaría el pasado para seguir en el camino que seguía, renunciando a lo que vino después? La segunda: ¿fueron realmente “desastres" o simples “correcciones” para devolverme a un sendero que había perdido?
La
respuesta a la primera, ¡qué extraña es la vida!, es No, a pesar de lo mucho
malo de aquellos “desastres” y de lo mucho que me costaron, no renunciaría a lo que vino después.
Pero a la
segunda, es muy duro confesarlo, la respuesta es que, ahora, pasados los años, con el
saber de viejo en mis manos, no lo sé. Y para complicar mi pensamiento, vienen
a mi memoria, pueden ser ciertas y me atormentan, unas palabras de santa Teresa
de Jesús, aquellas que dicen: “Dios escribe derecho con renglones torcidos”.
lunes, 2 de diciembre de 2024
1165. COSAS DE VIEJO: DE MI PESADILLA CON EL DOCTOR SÁNCHEZ
Esta noche he vivido una pesadilla que, aunque soy viejo y a nadie le importa lo que temen los viejos, no me resisto a compartir con mis amigos, algunos jóvenes y la mayoría también viejos.
Y, contaré todo como lo he
vivido soñando:
Escondido en un rincón, en
la clausura del congreso del PSOE de Sevilla, he visto al doctor Sánchez dejarlo
todo claro; quiere, está dispuesto y,
con el apoyo de sus leales socio comunistas, lo va a hacer: se va a perpetuar,
para toda su vida, la de su mujer, la de sus hijos y nietos, como presidente vitalicio
y, puede ser, dios de España.
Y, con espanto, me he
imaginado que El Plan del doctor, como todos los buenos planes, es sencillo,
tiene los objetivos claros y sus pasos, bien medidos, son los siguientes:
- Asegurarse el control absoluto de su partido y la fidelidad de sus aliados comunistas y separatistas. Ya lo ha hecho, el control absoluto del PSOE, lo he visto en el congreso de Sevilla; la destrucción de los partidos comunistas y la absorción de sus votantes por su propio partido; las concesiones pasadas y promesas de más regalos a los nacionalistas vascos y catalanes; y el lanzamiento de su gran declaración: “soy una víctima propiciatoria de unos jueces injustos que quieren juzgarme y condenarme por infringir la Ley y esto no lo voy a tolerar”.
- Inmediatamente, terminado con éxito el congreso de Sevilla, mientras la policía y los jueces siguen indagando sobre los delitos de sus familiares, de sus colaboradores y, quizá, sobre los suyos propios, comenzará una batería de medidas populistas, “muy sociales”, junto a acciones contra el Rey y la Corona, adornadas por múltiples agresiones a los jueces y a toda la ya débil oposición.
- En poco tiempo, cuando sea imputado por algún delito, y el Tribunal Supremo pida al Congreso de los Diputados, el preceptivo suplicatorio, este, con los votos del PSOE y de sus aliados, lo denegará y, tranquilamente, seguirán atacando, aún con mayor fuerza, al Rey, a la Corona, a los jueces y a lo que quede de la oposición.
- Casi con certeza, mientras prosiguen las medidas populistas, “más para el pueblo”, y los ataques al Rey y a la Corona, comenzarán a producirse algaradas callejeras, ataques físicos a la oposición, a los jueces, también a la Iglesia, y hasta puede que con algún muerto y detenciones indiscriminadas de ciudadanos insatisfechos con el doctor.
- Llegada la hora de convocar elecciones generales, con cualquier excusa, probablemente la tensión social y “los malos modos” de la oposición, no las convocará y seguirá en el Gobierno con aparente tranquilidad.
- La tensión en las calles, ¡qué espanto!, impulsada desde el Gobierno, crecerá; y, “para asegurar la paz social” y “evitar un baño de sangre”, habrá múltiples detenciones, se declarará el “Estado de Excepción”, se expulsará al Rey, por traidor, y, con inmensa alegría para “toda la nación”, el doctor Sánchez será proclamado, no estoy seguro, si presidente de la III República o dios.
En este punto, ¡qué respiro!,
me he despertado, y diciéndome algo así como ¡José Luis, no es posible que esto
pase, estás muy viejo, ni siquiera soñando esto puede pasar!; me he levantado,
he escrito esta página y, menos asustado, vuelvo a la cama para tratar de dormirme,
espero, en paz.
sábado, 30 de noviembre de 2024
1164. COSAS DE VIEJO: DE LA LEALTAD
Desde que ayer escuché al señor Rodríguez, peor presidente del Gobierno del Reino de España después del doctor Sánchez, pedir a los socialistas ¡lealtad! al PSOE, creo que no he dejado, ni dormido, de pensar en la increíble tragicomedia que, protagonizada por su cúpula, el partido de Largo Caballero, el Lenin español, nos está regalando a los españoles.
Y, empezando por el
principio, cuando el señor Rodríguez aún no había terminado su, bastante cursi, elocución, saltaron
ante mis ojos las presencias, ¡sublimes!, de Guzmán el Bueno y Bellido Dolfos,
el primero por su admirable lealtad y el segundo por su muy dura mezcla de traición
al Rey y lealtad a su Señora.
Más tarde, y en ese momento
con no poca empatía e inmenso dolor, he recordado a las familias que, haciendo
uso de la lealtad familiar, ocultando los hechos, obvian el dolor de las
víctimas y salvan su “honor”, y de paso, al familiar delincuente, maltratador o
pederasta, de persecuciones legales.
Y, porque el pensamiento
vuela, enseguida vi lo obvio: en la vida, una base importante de la convivencia es la lealtad, vivir en
ella es lo normal, y solo cuando para mantenerla es preciso pagar un precio alto, cada uno tiene el suyo, aparece
la deslealtad.
Ahora, para estar seguro,
he vuelto a escuchar al señor Rodríguez pidiendo apoyo sin límite, ¡lealtad!
a fin de cuentas, al PSOE y, está muy claro, a su jefe, todopoderoso capo
bañado en corrupción, el doctor Sánchez.
Y, me he hecho dos
preguntas. La primera: ¿Cuán grande es el miedo de los dirigentes del PSOE para
que tengan que reclamar a los suyos, en público y seguro en privado, ese bien tan normal, la lealtad,
que solo se exige cuando se está a punto de perder? Y, la segunda: ¿Cómo lo
estarán pasando en estos días los miembros del PSOE, muchos “personas normales”,
cuando los líderes de su partido les están exigiendo lealtad absoluta, y
tienen, irremediablemente, que elegir entre mantenerse leales, arriesgándose a
pagar a no muy largo plazo, un precio que puede ser para cada uno fatal; o ser
desleal y pagar, inmediatamente, otro precio, que puede ser, para cada uno,
también fatal?
¡Qué malo debe ser es eso de pedir lealtad! ¡Y cuán peor debe ser tener que decidir entre mantenerse uno leal o
ser desleal!
jueves, 28 de noviembre de 2024
1163. DON NARCISO DIJO WOOF, BOW WOW, RUFF. UN JUGUETE EN TRES ESCENAS (II)
SEGUNDA ESCENA
Encerrado con los suyos en precioso contubernio, escondido en lo más profundo de Palacio, don Narciso, el
capo, en silencio, se mira y admira en la
gran pantalla, regalo de Dana, el empresario conseguidor, y respira; se
reconoce, es bello, es elegante y hermoso; eleva la cabeza y ladra: woof, bow wow, ruff, trump, trump, woof;
los demás se miran y lo admiran, no lo entienden. Don Narciso lo disfruta,
pobres, son incultos, me necesitan, y repite, ahora más claro: guau, guau,
guau, triunfo, triunfo, guau, guau, guau.
Casca, el juez antes digno, ante tanta listura
y belleza, no lo puede evitar, olvida su
cita, se siente hombre y proclama: ¡muy bien, muy bien don Narciso, vamos a por
ellos, tengo la cárcel preparada, lo sabes todo y, mejor o peor, siempre ganas!
Gafitas, retorciendo su collar con orgullosa alegría, ¡ha valido la pena!,
¡está en el contubernio!, no entiende
nada, pero mira y admira, ¡está con dios!, si hay que rezar rezo, si hay que
mentir miento, por este hombre, por don Narciso cualquier cosa, hasta ir al infierno.
Y saltando, por la emoción sin poder emitir palabras, exhala largos qrititos,
muy agudos, bien afilados, cual cuchillos.
Retaquito, fea y deslenguada, ha
disfrutado la arenga, ¡parece que la he escrito yo!, y, muy contenta exclama; ¡Sí,
mi capo, eres el más listo y tienes razón, vamos a ganar esta guerra, es hora de
sacar los tanques, de usar los cañones, de volar los aviones, mientras tu llenas
de flores y regalos, solo para nuestros, la televisión!
Miocardia, arpía ella, curandera y salada, vestida de lujo, ocultas en guantes sus manos quemadas, al escuchar a don
Narciso, ha recobrado la esperanza, y aplaudiendo con las orejas, proclama:
¡qué listo eres don Narciso, de todo nos salvas! ¡Yo seguiré tus instrucciones,
seguiré con ahínco llenando la bolsa y riendo tus elocuentísimas gracias!
Maldad la bruja fea, la más arpía, piensa: ¡es verdad lo que dice, pero
no me creo nada! Recuerda a Tula, la arpía alta, rubia y tartamuda, siempre
preocupada por los pobres y por la pasta; y a Juco, el fullero, bien peinado; el
capo les mandó a casa. Y, por si acaso, sonríe, se hace invisible, se sube a la
escoba, da tres vueltas por el techo de la sala, aterriza y, muy sonriente,
exclama: ¡Muy bien don Narciso, eres el más listo, si tú lo dices será verdad,
y ya los tenemos jodidos, sí es sí, don Narciso, que los tenemos jodidos!
El Judas serio y callado, se dice en silencio: ¡Lisardo, que va siendo
hora!, ¡que no me descubra!, ¡que no hay más remedio!, ¡que ya no es cosa de precio!, da un salto y exclama: ¡perfecto
mi capo! ¡a por ellos!
Ña, la enamorada, elegante y sinuosa, embelesada, se aproxima a don Narciso,
con una mano le acaricia una oreja mientras al oído le reza: ¡muy bien mi bello
amor, muy bien mí corazón, mis ideas, tus ideas, son lo mejor. Pero, no lo olvides, haz que Judas, Retaquito y el Gafitas hagan su labor y, enseguida, ni un duro,
y al paredón. ¡Cuánto te amo mí Narciso, mí adorado amor!
Don Narciso sonríe, se siente bello, es el más listo, hace un gesto,
todos salen del contubernio y, a solas, vuelve la mirada a la televisión, la
imagina no apagada, levanta la cabeza y, mirando al cielo, ladra: woof, bow
wow, ruff, trump, trump, woof, guau, guau, guau, triunfo, triunfo, guau, guau,
guau, guau, guau, guau, triunfo, triunfo, guau, guau, guau, ¡Soy como Dios!
lunes, 25 de noviembre de 2024
1162. DON NARCISO DIJO WOOF, BOW WOW, RUFF. UN JUGUETE EN TRES ESCENAS (I)
PRIMERA ESCENA
Encerrado con los suyos, Ña su enamorada,
las tres arpías, Tula, Miocardia y
Maldad; Juco, el fullero bien peinado; Casca, el antes digno juez; y Judas, su casi amigo; salteadores
todos; en el mugriento contubernio escondido en los jardines de Palacio, don Narciso,
el capo, se mira en la luna, el espejo de plata, su mejor convoluto, y respira;
se reconoce, es bello, es el más hermoso; se mueve elegante y ladra: woof, bow wow, ruff; los demás se miran y lo admiran, no lo
entienden. Don Narciso lo comprende, son incultos, y repite, ahora más claro: guau,
guau, guau, guau, guau.
Juco, el
fullero, por no molestar, despeinado,
mira de reojo al capo y, cauteloso habla: me permites don Narciso, ¡qué bien lo
dices mi capo!, son troleros que van a por ti, y, de paso, si no corremos, nos
corren.
Tula, la
arpía alta y más rubia, salta, toma aire, e indignada, grita: ‘que qui e ren
qui, qui, tar, tarnos el pu esto, y, y, la pasta!
La otra
arpía, Miocardia, la morena, curandera y salada, muy seria, objeta: que no
“queridita”, que yo soy la que consigue y tiene bien guardados los dineros, eso
que tu llamas la pasta.
Casca, el
juez antes digno se mueve en la silla,
y, mirando el reloj, se queda muy quieto: ¡voy a llegar tarde a mi cita! ¡Ah,
si yo fuera el capo, es tan guapo!
Judas,
serio y callado, piensa que va siendo hora, ¡es cosa de precio!, de llamarse Pepero o Lisardo.
La bruja
fea, la más arpía, se hace invisible, se sube en la escoba, ¡cómo vuela!, llega
al techo, da un paseo, recita venenos, lucubrando maldades, sí, sí, no, no, no,
sí, sí, ennegrece la boca y, mirando al capo, ¡qué bello!, calla y espera.
Ña, la enamorada,
se mueve, ¡lista y sinuosa!, se acerca a don Narciso y, muy bajito, al oído, le
reza: ¡qué bien ladras mi amor, y, ver qué haces corazón, ya sabes que cuido la
bolsa, llevo las cuentas, soy insaciable, agarro todo y lo guardo para los dos!
Woof, bow
wow, ruff, ¡trump, trump!, woof, bow wow, ruff, ladra don Narciso, y, al ver
los rostros de los suyos, ¡no saben inglés!, rectifica y continúa: Guau, guau, guau, guau, guau, ¡triunfo, triunfo!, guau, guau,
guau, guau, guau, guau, guau, guau, guau, guau, guau, guau, guau, guau, ¡triunfo,
triunfo!, guau, guau.
¡Qué listo
eres don Narciso, eres el más listo don Narciso, eres un dios!, cantan las tres
arpías al unísono.
¡Si se
muriera la Ña sería mío!, sonriendo, piensa el Casca sin pudor.
¡Menos
mal que lo ha dicho, si me descuido un poco me caza el muy felón!, piensa el Judas
y, sonriendo añade: ¡Don Narciso, a por ellos, mí señor!
¡Me pongo
a la labor, mi capo!, salta el Juco, sin querer ya se ha peinado de primor.
¡Así me
gusta mi amor, eres mi Narciso, por eso te elegí yo!, llora y ríe de alegría la
dulce Ña.
El capo,
con gesto displicente, señala la puerta y todos salen, sin excepción.
Ya solo, don
Narciso se vuelve a la luna, el espejo de plata, ensaya un gesto y con orgullo y
valor, se dice: qué guapo soy, volvamos a Palacio, en un ratito me pongo un
traje limpio, salgo y digo la verdad o miento, con la gente da lo mismo, en mí televisión.