viernes, 18 de enero de 2008

129. UNA HISTORIA TERRIBLE QUE ME HA IMPACTADO.

Mi amigo Carlos ayer me ha explicado, con profundo dolor que, al igual sus hermanos, tiene enormes problemas en las relaciones con su madre.


La mujer, desde que él la recuerda, ha desplegado una terrible eficiencia para captar lo menos bueno de las personas, sacarlo a la luz y usarlo para hacer sufrir cuanto puede a quienes a ella, por uno u otro motivo se le aproximan.


Ella ha procurado y conseguido, desde que alcanza el recuerdo de mi amigo, torturar sin pausa a su marido, compendio que era de todos los defectos humanos, y lo ha hecho sin descanso, día a día todos los días, hasta que convertida en una viuda desconsolada llora, en opinión de los suyos, con el más absoluto descaro, la soledad de una mujer que siempre estuvo del todo enamorada.

Por supuesto, la madre de mi amigo, carece de defectos en un mundo en el que solo ella es perfecta. Carlos jamás ha escuchado de boca de su madre palabras que no sean malintencionadas o, al menos, ácidas sobre alguien. Además, ha reservando siempre lo peor, antes para su marido y ahora para sus hijos, a los que reprocha, con actitud tan ofendida que parece destilar odio, la falta que tienen de atención y amor filial hacia ella.

En los últimos años las relaciones sociales de la madre de mi amigo se han ido reduciendo hasta quedar limitadas exclusivamente al círculo de su parroquia. Mi amigo da gracias a Dios todos los días porque hay un sitio en el que la buena señora pueda hablar con personas aunque no se prive, de criticar sin piedad a “esas viejas beatas” que van a la iglesia porque no tienen otra cosa mejor que hacer y hagan el trabajo que debería hacer el cura que, como es normal, está plagado de muy graves e intolerables defectos.

En resumen, la madre de mi amigo Carlos, a la que el quiere mucho porque es su madre, durante toda su vida, al igual que muchas otras mujeres y acaso algunos hombres, se ha esmerado en hacer sufrir a todos cuantos la han rodeado y, como es evidente, ha logrado construir para si misma la más absoluta infelicidad.

Para terminar esta muy triste entrada, lo que como colofón de la historia, me explicó ayer, con enorme dolor, mi amigo Carlos:


Su padre contrajo, al final de sus días, una enfermedad de los huesos, entonces sin tratamiento efectivo y extremadamente dolorosa, que minaba progresiva y aceleradamente lo que le quedaba de vida.

En la búsqueda de cualquier oportunidad, por remota que fuera, de recobrar la salud o, al menos, reducir los dolores, el hombre consiguió una consulta con un reputado curandero de la provincia de Alicante y una mañana acudió, con su mujer, a visitarle.


Luego de una breve espera en el jardín del sanador, al llegarle el turno, entro en la casa con su mujer y al instante, antes de mediar palabra alguna, se escucharon los gritos espantados del curandero que suplicaban a quienes allí estaban: “¡Sacadme inmediatamente de aquí a esa mujer, no puedo soportar el demonio que lleva dentro!”. Solamente cuando salió la madre de mi amigo se detuvieron los gritos y volvió la calma al lugar.

Evidentemente el padre de Carlos tuvo que renunciar a que le viera el famoso sanador de husos de la provincia de Alicante y siguió en su sufrimiento hasta el final de sus días.


Mi amigo concluía apenado sus confidencias diciéndo: “Seguro que mi madre no tiene un demonio dentro, es imposible, no hay demonios y menos que entren dentro de las personas”, pero “¿...Y si fuera verdad que en estas mujeres que hacen sufrir y ellas sufren tanto en la vida, fuera porque tienen la desgracia de llevar un demonio dentro? ”


Al final de la conversación mi amigo me pidió que publicara esta historia en el blog, me dijo, que él no puede ni debe hacerlo, pero que, acaso pueda resultar útil a otras personas que tienen cerca alguien que acaso lleve un diablo dentro.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Impresionante relato, y no me extraña que sea realidad, ya que he conocido casos parecidos de personas tremendamente "negativas" para su entorno, cuya "negatividad" ha sido captada por personas más sensibles.